Entre la Filosofía y la Ingeniería

Capítulo 14

Mi encuentro con Vanessa no fue planeado, ya no había pensado en ella, lo cual es un error ahora que me doy cuenta, porque nunca hubo un final bueno entre los dos, una disculpa sincera, ni siquiera una disculpa básica o una despedida, ni un adiós que cerrará el ciclo, solo hubo errores y enojos y tristezas y sentimientos que nunca se fueron del todo, sino que se quedaron latentes, como brasas en la ceniza, esperando el momento para volver y seguir doliendo.

La ví un día que estábamos en la universidad, Diego, Javier, Santiago y yo en una mesa comiendo y platicando, Santiago estaba a mi lado y nuestras manos estaban unidas, a veces nuestros hombros chocaban y cada contacto me hacía recordar que no estaba solo, no después de tanto, cuando alcé la vista la ví, ella estaba cerca de nosotros, con una bolsa en su hombro y una expresión que no supe identificar, me quedé quieto, como si el mundo se hubiera detenido, Santi se dió cuenta y siguió mi mirada hasta encontrarla a ella, los demás también la vieron, dejaron de hacer ruido, se escuchaba el ruido de otras personas, pero nosotros estábamos en silencio, sentí que el aire se espesaba y mi corazón empezó a bombear con fuerza, quizá la presa estaba a punto de reventar. Vanessa nos volteó a ver a todos, pero su mirada se quedaba más tiempo conectada a la mía, estaba seria, no sonreía pero tampoco se veía triste ni enojada, yo solo me preguntaba ¿Qué hacía aquí? Ella había dicho que ya no estaba en la universidad, entonces ¿Cuál era el problema? ¿Acaso el destino tenía un sentido del humor cruel? O tal vez ¿La vida nos estaba dando una última oportunidad para cerrar todo lo que no pudimos cerrar?

Sentí que Santi me dió un pequeño apretón de manos, como haciéndome entender que ahí estaba, conmigo, lo miré de reojo, no había enojo o celos, solo curiosidad y quizá arrepentimiento, como si supiera que era un momento importante para mi, para ella, quizá también para él, saber que lo tenía era lo mejor.

— Hola — dijo Vanessa rompiendo el silencio, su voz sonaba tranquila, pero también sonaba a algo que no entendía, algo oculto en su voz.

Me costó hablar por un momento, sentía la garganta seca, como si las palabras se hubieran atorado entre mi corazón y mi boca.

— Hola — le respondí con voz baja, algo ronca, no sé de donde pude sacar la valentía de responder, pero lo había hecho, quizá ese era el primer paso para ser valiente, porque de ahí algo cambió en mí, aunque era muy pequeño para saberlo con certeza.

Diego y Javier se voltearon a ver, como si no supieran que hacer, o si tenían que decir algo para mejorar el ambiente, los dos estaban pensando en si interrumpir la incomodidad del aire o si dejarlo pasar, en cambio, Santi me miraba a mi y luego la miraba a ella, como si entendiera que era un momento importante y quizá sí lo era, pero era de los dos, algo me decía que él también estaba esperando hablar con ella.

— ¿Así que todavía se sientan aquí? — dijo mientras nos miraba a los dos, pero su mirada se posaba más en mí — Pensé que… bueno, por todo lo que pasó cambiarían de lugar.

A mi me dolió escuchar eso, porque es cierto, este siempre fue el lugar donde ocurrió todo y todavía seguimos aquí, no lo cambiamos nunca, como si de alguna forma hubiéramos quedado atrapados en el pasado, en esos momentos que estaban escondidos pero que ahí estaban y siempre estarán, quizá porque yo era incapaz de soltarlos por mi cuenta.

— Si, bueno, es un buen lugar y aquí sigo — dije y luego me interrumpí, no sabía que más decir — aquí seguimos todos.

Ella asintió, como si comprendiera algo que yo todavía no entendía, sus ojos mostraban muchas emociones, pero la que más ví era de tristeza, me permití recorrer su cara, se veía tan diferente, no parecía la Vanessa que yo había conocido, que yo había querido y que yo había herido, se veía más madura, más solitaria, más cansada, pero más fuerte, me dolió recordar lo que hice, pero mi sufrimiento no acabaría, no si solo la dejé sin hablar con ella; creo que esta es una forma dolorosa de hablar con ella por última vez, aquí estábamos de nuevo, ella y yo, ella tan bonita como siempre, pero ella ya no era mía y yo ya no era suyo, ahora solo quedaban las cenizas de algo doloroso que nunca limpie, así que a veces volvían a prender y a doler, espero que ya no sea así.

— ¿Puedo sentarme? — preguntó, yo miré a los demás y luego la miré, asentí y ella sintió, suspiró y se sentó quedando enfrente de todos, nadie dijo nada, era un silencio incómodo.

— Te ves bien — me dijo con una sonrisa y yo también le sonreí.

— Tu también — se había cortado su cabello, ahora lo tenía hasta los hombros, pero seguía teniendo esa sonrisa que en su momento me hacía temblar.

El silencio volvió, en eso Diego y Javier se levantaron con rapidez y luego se miraron entre ellos.

— Iremos por algo de tomar — dijo Diego mientras arrastraba a Javier con él — volvemos en un momento.

Fue lo último que escuché para luego verlos desaparecer entre toda la gente, Santi se quedó y no me soltó la mano.

Vanessa vió la mano de Santi unida a la mía, pero no pude entender su mirada, ¿Estaba triste? ¿Estaba enojada? quizá sí, quizá estaba enojada, quizá estaba triste, pero también vi un poco de comprensión en sus ojos.

— No sabía que… — dijo, pero luego se interrumpió — no, creo que sí lo sabía — dijo lo último en un susurro que casi no la escuchaba.

Yo no sabía qué decir, había tantas cosas que explicar, que decir, tanto que entender… es solo que en mi mente estaban gritándose entre ellas queriendo salir, tantas a la vez que nada se me salía de la boca.

— Lo siento — me escuché decir, aunque también sentí que me quemaba por dentro, no era suficiente, pero saber que podía decir algo y empezar estaba bien, eso era lo que creía. Ella negó con la cabeza y luego asintió, creo que ella estaba igual que yo, tenía tantas cosas en la mente que nada podía salir, suspiró y comenzó a hablar.



#10106 en Novela romántica

En el texto hay: romance, drama, lgbt+

Editado: 23.05.2026

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