Entre la Filosofía y la Ingeniería

Epílogo

Me desperté de un sueño, pero en ese sueño solo había felicidad. Era un recuerdo del pasado, de cuando estaba sanando, cuando empezaba a ser feliz y a darme cuenta de la gente que tenía a mi lado. Hace mucho que dejé de tener pesadillas.

Volteé a mi lado, pero estaba vacío. Supongo que Santi se había despertado primero. Punto para él. Me pasé la mano por la cara y el cabello, y luego fui al baño, el que estaba dentro de nuestro cuarto. Me lavé, me peiné (o intenté, al menos), y salí. Mientras bajaba hacia la cocina, me distraje con las fotos en las paredes: fotos mías con Santi, otras con Diego y Javier, fotos con la familia de Santi, cumpleaños, viajes, risas. Cada una de ellas era un recuerdo de todo lo que habíamos construido.

Había una foto en particular que siempre me llamaba la atención: la de los cuatro en la playa, el primer viaje que hicimos juntos después de que por fin aceptara que merecía ser feliz. Diego con su sombrero ridículo, Javier con su libro bajo el brazo, Santi con su sonrisa de "soy el más guapo aquí" y yo... yo con una sonrisa que no había visto en años. Era la foto que marcaba el inicio de todo.

Lo primero que ocurrió cuando llegué a la puerta de la cocina fue sentir el olor a comida haciéndose. Luego, el sonido de Santi tarareando una canción de Taylor Swift (sí, la misma que siempre tarareaba mal). Y, al final, pero no menos importante (porque Santi era lo más importante en mi vida), lo vi a él, cocinando con ese delantal que siempre me da risa, el que tiene un pepino con barba (lo sacó de una de las tiendas chinas que llegaron a Monterrey). Me acerqué y besé su mejilla.

— Así que me ganaste y te despertaste primero, ¿eh? —le dije, mientras robaba un pedazo de tostada y él se quejaba.
— Era mi turno de hacer el desayuno —me dijo, con una sonrisa—. Y no pienso dejar que me robes toda la comida.

Me reí y me senté en la barra de la cocina, observándolo. Santi siempre había sido bueno cocinando, pero ahora lo hacía con una confianza que antes no tenía. Como si supiera que, pase lo que pase, este era su lugar, su hogar, su vida.

Después del desayuno, mientras Santi lavaba los platos, me senté en la mesa con un cuaderno y un lápiz. No era la primera vez que escribía una carta a mi yo del pasado, pero esta vez sentí que era diferente. Esta vez, no era para cerrar heridas, sino para agradecerle por no rendirse.

El cuaderno era uno de esos que Santi me había regalado hace años, con la portada de un libro viejo y páginas amarillentas. Lo abrí y empecé a escribir, sintiendo que cada palabra era un abrazo para ese Luis que tanto había sufrido.

Querido Luis de 18 años:

Sé que ahora mismo te sientes atrapado. Que crees que el mundo es un lugar hostil, que no mereces amor, que nunca podrás ser feliz. Que cada mañana es una batalla contra el nudo en el estómago, contra el miedo a lo que el día traerá. Que cada noche es un alivio por haber sobrevivido un día más.

Pero quiero que sepas algo: sobrevivirás.

No será fácil. Habrá días en los que querrás rendirte. Días en los que el peso de tu familia, de tus errores, de tus miedos, te ahogará. Días en los que pensarás que nunca podrás ser feliz, que nunca encontrarás a alguien que te entienda, que te ame por quien eres. Días en los que el mundo te dirá que no eres suficiente, que no mereces amor, que estás roto. Pero sigue adelante, aunque sea un paso a la vez.

Porque un día, despertarás y no sentirás ese nudo en el estómago. Un día, te darás cuenta de que el mundo no es tan hostil como creías. Que hay personas que te amarán a pesar de todo, no por lo que podrías ser, sino por lo que ya eres. Que hay un lugar donde encajas, donde no tienes que esconderte, donde puedes ser tú mismo sin miedo.

Y ese lugar no es un sitio, sino unas personas. Diego, Javier, Santi. Ellos serán tu familia, tu hogar, tu refugio. Y aunque ahora no lo creas, un día, te darás cuenta de que mereces todo el amor que ellos te dan.

No te rindas, Luis. Porque al final, el amor gana. Y tú… tú mereces ganarlo.

No te digas que no eres suficiente. No te digas que no mereces ser feliz. Porque sí lo eres, y sí lo mereces. Y un día, cuando menos lo esperes, encontrarás a alguien que te hará ver que el amor no es algo de lo que hay que tener miedo. Que el amor es lo que te salvará.

Y ese alguien será Santi. El que te enseñará que la vida puede ser hermosa, incluso después de todo el dolor. El que te mostrará que el amor no es un castigo, sino un regalo. El que, sin decir nada, te hará ver que mereces todo lo bueno que la vida te puede dar.

No te rindas, Luis. Porque el futuro te está esperando, y es más brillante de lo que puedes imaginar.

Y cuando menos lo esperes, estarás aquí, en este departamento, con esta vida, con este amor. Y te darás cuenta de que todo valió la pena.

Con cariño, El Luis que por fin se atrevió a vivir.

Cerré el cuaderno y lo dejé sobre la mesa. Santi me miró con curiosidad, con las manos aún mojadas del agua de los platos.

— ¿Qué escribías? —preguntó, secándose las manos en el delantal del pepino.
— Una carta —dije, sonriendo—. A mi yo del pasado.
— Ah —dijo, como si lo entendiera perfectamente—. A veces es bueno recordar de dónde venimos.

Asentí. Era cierto. Y aunque el camino había sido difícil, cada paso había valido la pena.

Santi se acercó y leyó por encima de mi hombro un fragmento de la carta.
— "El amor es lo que te salvará" —leyó en voz alta, con una sonrisa—. Y tenías razón.

Me sonrojé un poco.
— No es que tuviera razón —dije—. Es que tú me la diste.

Santi me dio un beso en la frente.
— Y seguiré dándotela —dijo.

En ese momento, sonó el timbre. Era Diego, que llegaba más temprano de lo habitual.

— ¡Buenos días, amorcitos! —gritó desde la puerta, con su voz siempre entusiasta.
— ¡Diego, no grites a las 8 de la mañana! —le respondió Santi, riéndose.



#10971 en Novela romántica

En el texto hay: romance, drama, lgbt+

Editado: 29.06.2026

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