La nieve caía tan delicadamente sobre ese cuerpo, un cuerpo deteriorado con el transcurso del tiempo y el olvido de aquellos que juraron lealtad, su respiración debilitándose poco a poco con el viento arrebatándole lo último que le pertenece de manera justa en esta vida.
Apenas recordaba en dónde se encontraba o qué hacía ahí; sus recuerdos fueron removidos por una ventisca helada qué tenía la intención de adueñarse por completo de ese cuerpo agotado; no por el pasar de los años, sino carcomido por su espíritu débil que se aferró a otro para volver a sentir la calidez del sol sobre su cuerpo luego de haber estado tanto tiempo en una noche eterna.
Con el cuerpo débil no podía moverse en absoluto; solo se permitían sus ojos grises mirar vagamente hacia todas las direcciones que se le permitían. Esperaba que entre la lejania del bosque, pero ¿Quién era ese alguien que tanto anhelaba?
Realizó toda la fuerza necesaria para levantar la cabeza, pero una fuerza invisible lo obstaculizaba; experimentaba la ira acumulada en su interior por no realizar algo tan simple como eso; le era ajeno solo el pensamiento de que se había transformado en una persona vulnerable y frágil. Le era odioso solo el concepto de pensar que se había transformado en alguien débil luego de haber sido el dueño del título Haglskór.
Se sintió impulsado a murmurar algo, a decir algo o incluso a gritarlo, pero nada emergía; su garganta estaba seca y ronca de todo ese tiempo acumulado sin hablar; el deseo de nombrarlo se atoraba en su garganta debido al rechazo de su propio cuerpo agotado.
Carcomido por el sentimiento de rechazo hacia sí mismo, lo hacía sentirse repulsivo; sus ojos, luego de estar vagando sin esperanza, por fin se dignaron a enfocar la espalda sobre su pecho, puesta como si su cuerpo se tratase de un simple soporte para espadas, pero esta estando atravesada para ejercer el dominio de aquel que la posee, apuñalado y humillado como un pobre animal herido luego de una cacería triunfosa; su propia sangre creando un charco carmesí que se extendía como las raíces de un árbol, la nieve estaba teñida por su sangre, sangre que alguna vez significó grandeza y respeto entre las razas... Su voz, que había sido reprimida durante un largo período, no pudo evitar emitir jadeos llenos de impotencia. Obligaba a su propio cuerpo a retirar aquel objeto que lo transformaba en una criatura miserable.
Retirar esa espada significaba morir más rápido, pero eso se había convertido en la mínima preocupación; parecía que no le importaba si moría o sobrevivía con el fin de que su cuerpo o espíritu consiguiera vengarse de quien lo había hecho; era más que suficiente para el propio Haglskór mismo. Mantuvo una fuerte determinación para que su cuerpo lo acatara; sus manos, ya rígidas debido al frío severo, se movieron con lentitud hasta sostener la empuñadura de la espada para comenzar a levantarla; los sollozos de dolor se echaban por sí solas de su boca, roncos y toscos, intentando preservar el perfil de un hombre que no requiere ayuda ahora ni nunca.
Sus manos temblando, sin saber si eran por el dolor o por el frío, retiraron la espada y la lanzaron hacia cualquier lado.
El poco aire que le quedaba en sus pulmones estaba siendo sacudido hasta dejarlo cada vez más ahogado en sí mismo; su cuerpo al límite no lo soportó más y el último acto concedido en el momento fue soñar, soñar con el pasado cuando estaba junto a esa persona que le brindó muchas cosas sin que él lo supiera.
—Lucien... -Murmuró para la helada ventisca como su último acto de amor antes de cerrar sus ojos en un sueño eterno.
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Editado: 01.01.2026