Entre la traición y el destino

Capítulo 1

Cuando un hombre dice que la vida es corta es porque alguien cercano murió.

Y ese fue mi caso.

Soy Alejandro Mendoza, tengo veinticuatro años, una familia, una empresa y, hasta hace unas horas, creía tener una vida perfecta.

Estaba comprometido con Sara Vásquez. La amaba y estaba convencido de que ella sería la mujer con la que compartiría el resto de mi vida.

Pero todo cambió en un solo día.

Mi hermana mayor murió en un accidente de motocicleta.

Fui el primero en recibir la noticia.

Al principio no pude reaccionar. Me quedé mirando el teléfono, esperando que alguien me dijera que todo era un error. Luego llamé a mi padre.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

No respondió.

Mi madre quedó devastada al enterarse. Su llanto todavía resuena en mi cabeza. Mientras ella intentaba asimilar la pérdida, yo solo podía pensar en mi padre.

¿Por qué no contestaba?

Decidí ir a buscarlo a su oficina.

Cuando llegué, entré sin avisar.

Y lo que vi me dejó completamente sin palabras.

Mi padre estaba con Sara.

Juntos.

Demasiado juntos.

Durante unos segundos no pude creer lo que estaba viendo.

—Qué lindo verlos tan juntos —dije con una sonrisa llena de rabia.

Mi padre se levantó rápidamente y comenzó a vestirse. Sara, en cambio, se quedó paralizada.

—Alejandro... —susurró ella.

Me acerqué lentamente.

—No me digas nada.

—Mi amor, no es lo que parece —dijo entre lágrimas.

Solté una amarga carcajada.

—¿Ah, no? Entonces explícame qué significa esto.

Mi padre intentó hablar.

—Hijo, nosotros...

—¡No me llames hijo! —grité.

Ambos guardaron silencio.

Sentía que el mundo se me venía encima.

Había perdido a mi hermana ese mismo día y, como si el dolor no fuera suficiente, acababa de descubrir la peor traición que podía imaginar.

Miré a Sara.

—Devuélveme el anillo.

Ella abrió los ojos, sorprendida.

—Alejandro, por favor...

—No pienso casarme contigo.

—Mi amor, perdóname. Por favor, no me dejes.

Sara cayó de rodillas frente a mí, llorando.

La miré con una mezcla de decepción y furia.

—Debiste pensarlo dos veces antes de entregarte a otro hombre.

Ella intentó tomar mi mano, pero la aparté.

—Espero que sean felices.

No esperé ninguna respuesta.

Salí de aquella oficina sintiendo que ya no reconocía a las personas que alguna vez había considerado mi familia.

Horas después, llegué a casa de mi madre.

Ella estaba sentada en silencio, con los ojos hinchados de tanto llorar.

—Mamá...

Levantó la mirada hacia mí.

—¿Alejandro? ¿Dónde estabas?

No sabía cómo contarle lo ocurrido.

No sabía si debía destruirla todavía más después de la muerte de mi hermana.

Me quedé en silencio.

Entonces mi madre se acercó y me abrazó.

Por primera vez en todo el día, dejé escapar las lágrimas.

Habíamos perdido a una persona importante de nuestra familia.

Pero yo también había perdido mi confianza, mi compromiso y la imagen que tenía de mi padre.

Esa noche tomé una decisión.

Necesitaba alejarme.

Muy lejos.

A la mañana siguiente, mientras revisaba algunos documentos de la empresa, una idea comenzó a tomar forma.

—¿Y si nos vamos a Paraguay? —pregunté.

Mi madre me miró confundida.

—¿Paraguay?

Asentí.

—Sí. Está lejos de todo esto.

Ella permaneció en silencio.

—No voy a negar que es un país hermoso, con lugares increíbles y una comida deliciosa —continué—. Pero nuestra situación allí no será precisamente sencilla. Tendremos que empezar prácticamente desde cero.

Mi madre me observó con preocupación.

—¿Estás seguro de esto?

Respiré profundamente.

—No puedo seguir aquí después de todo lo que pasó.

Guardé algunos documentos en una carpeta.

—Déjame encargarme de unos asuntos en la empresa. Mientras tanto, tú puedes comenzar a organizar dónde iremos y qué necesitaremos.

De repente, recordé algo.

—Aunque ahora que lo pienso...

Mi madre me miró.

—¿Qué?

—El abuelo me dejó una casa como herencia.

—¿Una casa?

Asentí.

—Sí. Está en la capital de Paraguay.

Por primera vez en mucho tiempo, sentí que quizá existía una salida.

No sabía qué me esperaba en aquel país.

No sabía que aquella casa escondía recuerdos, secretos y personas que cambiarían mi vida para siempre.

Solo sabía una cosa:

Después de perder a mi hermana y descubrir la traición de mi padre y de Sara, ya no quería seguir viviendo la misma vida.

Tal vez Paraguay no sería el lugar donde comenzaría de nuevo.

Tal vez sería el lugar donde descubriría quién era realmente.




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