Entre la traición y el destino

Capítulo 3

La carta del abuelo

La mañana llegó mucho antes de lo que esperaba. Apenas había dormido. Mi cabeza seguía llena de preguntas sobre NOVVA, la herencia y aquella misteriosa carta que mi abuelo había dejado para mí.

Mientras mi madre preparaba café, busqué entre las cajas un sobre antiguo con mi nombre escrito a mano: Alejandro Sebastián Mendoza. Respiré hondo y lo abrí.

> Querido Alejandro: Si estás leyendo esta carta, significa que llegaste a Paraguay. Este país será el lugar donde descubrirás quién eres realmente. NOVVA no es solo una empresa; es el legado de nuestra familia y también una responsabilidad. Confía en las personas correctas, pero recuerda que no todos estarán felices con tu llegada.

Sentí un nudo en la garganta al leer las últimas líneas.

> Habrá alguien que intentará quitarte todo lo que te pertenece. Sé fuerte y nunca olvides actuar con el corazón.

Guardé la carta en mi bolsillo justo cuando tocaron la puerta.

Abrí y encontré a Elena con una sonrisa tranquila. Miré detrás de ella, pero Iván no estaba.

—Buenos días, señor Mendoza. ¿Listo para conocer NOVVA? —preguntó.

—Sí... estoy listo. Pero, ¿dónde está Iván?

Elena respondió con amabilidad.

—Salió a una reunión de emergencia, por eso no pudo venir.

—¿Una reunión de emergencia? ¿Qué pasa?

—No lo sé exactamente, pero por lo que escuché, algunos ya se enteraron de tu llegada y no quieren que asumas la presidencia de NOVVA.

Mi madre, que escuchaba desde la sala, se acercó enseguida.

—¿Y por qué motivo?

—Por diversas razones. Hay personas que quieren apoderarse de la empresa. Además, dicen que no te conocen y que no confían en que seas el heredero legítimo.

Sentí cómo el ambiente se volvía pesado.

—¿Entonces ya saben quién soy?

—Sí. La noticia de tu llegada se difundió muy rápido dentro de la empresa. Algunos están de tu lado, pero otros harán todo lo posible para impedir que tomes el cargo.

Apreté la carta dentro de mi bolsillo y recordé la advertencia de mi abuelo.

Elena continuó hablando.

—Descubrieron un desvío de fondos dentro de la empresa. Hay personas que han estado sacando dinero de NOVVA sin autorización, y el señor Iván está investigando todo.

Mi madre abrió los ojos, sorprendida.

—¿Quiere decir que están robando a la empresa?

—Lamentablemente, sí. Desde hace un tiempo él está limpiando la empresa para usted: revisando cuentas, despidiendo a quienes participaron y reuniendo pruebas para entregarle una empresa en orden cuando usted asumiera la presidencia.

Me quedé en silencio.

—Entonces... ¿Iván ya sabía que esto estaba pasando?

—Sí. Y decidió enfrentarlo antes de que usted llegara. Él quiere que reciba el legado de su abuelo sin la corrupción que otros dejaron crecer.

Sentía que cada respuesta traía una nueva pregunta.

—Hay algo más que debe saber, señor Mendoza.

La miré con atención.

—¿Qué cosa?

—Su difunto abuelo nos entrenó para cuidar de usted y de la empresa.

Fruncí el ceño, sorprendido.

—¿Cómo que los entrenó?

—En realidad, somos seis personas. Durante años, su abuelo nos preparó y nos enseñó todo sobre NOVVA. Nos pidió que, cuando llegara el momento, estuviéramos a su lado y protegiéramos el legado que le pertenecía.

Mi madre quedó completamente sorprendida.

—¿Seis personas? ¿Quiénes son?

Elena sonrió con discreción.

—Ya los conocerá. Cada uno tiene una función diferente dentro de la empresa y todos le somos leales a usted por la promesa que le hicimos a su abuelo.

Sentí un escalofrío.

—Entonces... mi abuelo sabía que algún día estaría aquí.

—Sí, señor Mendoza. Él siempre dijo que, cuando llegara ese día, nosotros estaríamos listos para protegerlo a usted y a NOVVA.

La observé unos segundos.

—¿Conozco a alguno de esos seis?

Ella asintió.

—Sí. Ya conoce al tercero.

—¿Quién es?

—Alexander Durant.

Sentí que ese nombre me resultaba demasiado familiar.

—¿Alexander?

—Así es. Es abogado y dueño de uno de los bufetes más importantes de Francia. Su abuelo también lo preparó y le confió la misión de protegerlo cuando fuera necesario.

Me quedé completamente sorprendido.

—¿Él también forma parte de las seis personas?

—Sí. Cada uno cumple un papel distinto. El señor Iván protege la empresa desde adentro; Alexander se encarga de los asuntos legales y de defender los intereses de la familia Mendoza.

Mi madre me miró en silencio.

—Entonces... nada de esto fue una casualidad.

—No, señor Mendoza. Su abuelo dejó todo organizado hace muchos años. Usted nunca estuvo tan solo como creyó.

Todavía había una pregunta que no podía sacar de mi cabeza.

—¿Y tú, Elena? ¿Qué función cumples?

Ella guardó silencio unos segundos.

—Oficialmente soy la secretaria de NOVVA. Pero esa no es mi verdadera misión.

—¿Entonces cuál es?

—Su abuelo me dejó la responsabilidad de estar a su lado. Debo ayudarlo en la empresa, mantenerlo informado y protegerlo cuando sea necesario.

Mi madre la observó sorprendida.

—¿Protegerlo? ¿De qué?

Elena bajó un poco la voz.

—De las personas que quieren quitarle la empresa... y de quienes puedan hacerle daño. Su abuelo sabía que asumir la presidencia no sería fácil.

La miré sin poder ocultar mi sorpresa.

—¿Todo este tiempo ya sabías quién era yo?

Ella asintió con una leve sonrisa.

—Sí, Alejandro. Llevábamos años esperando el día en que llegaras a Paraguay.

Un silencio se apoderó de la casa. Comprendí que la vida que había dejado atrás en Francia había terminado. La verdadera historia de Alejandro Mendoza apenas estaba comenzando en Paraguay.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.