Descubriendo NOVVA
Elena salió de la empresa después de despedirse de nosotros. La vi alejarse por el pasillo hasta desaparecer detrás del ascensor.
Iván se puso de pie y acomodó su saco.
—Bueno, Alejandro. Es hora de que conozcas NOVVA por dentro. Te mostraré las instalaciones y te presentaré al personal.
Asentí con curiosidad.
Salimos de la oficina de la presidencia y comenzamos a recorrer el edificio. Era mucho más grande de lo que había imaginado. Cada piso tenía un área diferente y decenas de personas trabajaban concentradas.
—Aquí está el departamento de Administración —explicó Iván—. Ellos se encargan de las finanzas, los contratos y la organización de la empresa.
Los funcionarios levantaron la vista al verme entrar.
—Mba'éichapa, señor Mendoza. Rovy'a nde reguahẽre.
Me quedé inmóvil, sin entender una sola palabra.
Iván sonrió al notar mi cara.
—Te dieron la bienvenida. Dijeron: “Hola, señor Mendoza. Nos alegra mucho que hayas llegado.”
Sonreí y respondí un poco avergonzado.
—Muchas gracias.
Seguimos caminando por los distintos sectores. En el área de Recursos Humanos una señora se acercó y dijo:
—Eguahẽ porãke. Ore roime ne ndive.
Volví a mirar a Iván.
—¿Y ahora qué dijo?
—Dijo: “Bienvenido. Estamos contigo.”
Poco a poco empecé a escuchar más palabras en guaraní. Algunos empleados hablaban entre ellos en ese idioma y otros mezclaban guaraní y español con total naturalidad.
—Voy a tener que aprender guaraní, ¿verdad? —pregunté.
Iván soltó una pequeña risa.
—Si vas a vivir en Paraguay, tarde o temprano lo vas a aprender. Tranquilo, nosotros te enseñaremos.
Llegamos al área de Producción, donde varias personas trabajaban con entusiasmo. Un señor mayor se acercó, me estrechó la mano y habló en guaraní durante varios segundos.
Esperé a que terminara y miré a Iván.
—Por favor... traduce.
Iván sonrió.
—Dijo que conoció a tu abuelo durante muchos años y que espera que seas un líder tan honesto como él.
Sentí un nudo en la garganta al escuchar esas palabras.
En ese momento mi madre apareció con su bolso en la mano.
—Hijo, voy a salir un rato de compras. Necesitamos algunas cosas para la casa.
La miré sorprendido.
—¿Y con quién vas a ir?
Ella sonrió con toda naturalidad.
—Elena se ofreció a acompañarme.
Antes de que pudiera responder, mi madre soltó una broma.
—Más bien voy con mi futura nuera.
Me quedé completamente congelado.
—¿Qué... qué dijiste, mamá?
Ella comenzó a reír al ver mi expresión.
—¡Era una broma! No pongas esa cara.
Sentí que el rostro se me puso rojo de la vergüenza.
—Mamá, apenas la conozco.
—Está bien, ya no digo nada —respondió entre risas.
Mi madre salió de la empresa junto a Elena y yo me quedé mirando la puerta unos segundos.
Poco después, el teléfono de Iván comenzó a sonar.
Él miró la pantalla y su expresión cambió.
—Alejandro, voy a atender esta llamada. Es importante. Regreso en unos minutos.
—Está bien.
Iván se alejó por el pasillo hablando en voz baja. Me quedé solo observando el movimiento de la empresa cuando un hombre de mediana edad se acercó lentamente.
—Disculpe... ¿usted es el nieto del anterior CEO de NOVVA?
Asentí.
—Sí. Soy Alejandro Sebastián Mendoza.
El hombre sonrió con nostalgia.
—Lo imaginé en cuanto lo vi. Se parece muchísimo a su abuelo. Tiene la misma mirada y hasta la misma forma de pararse.
Sus palabras me dejaron sin reacción.
—¿Usted lo conoció?
—Muchos años. Trabajé con él desde que NOVVA era una empresa pequeña. Fue un gran hombre y un gran líder.
Después miró a ambos lados del pasillo y bajó la voz.
—Alejandro, tenga mucho cuidado con Frack.
Fruncí el ceño.
—¿Quién es Frack?
—Es un hombre muy problemático. Durante mucho tiempo causó conflictos dentro de la empresa. Iván ya se encargó de despedirlo porque descubrieron un desvío de fondos, pero salió muy furioso.
Sentí una inquietud recorrerme el cuerpo.
—¿Es tan peligroso?
El hombre dudó un instante.
—Hubo un día en que intentó agredir a la señorita Elena. Ella supo defenderse y otros empleados llegaron a tiempo para ayudarla. Gracias a eso, la situación no pasó a mayores.
Sentí un golpe en el pecho.
—¿Elena nunca me contó eso?
—Ella casi nunca habla de lo que le ocurrió. Prefiere seguir adelante.
En ese momento escuché unos pasos. Iván regresaba de la llamada.
Al verme serio, preguntó:
—¿Qué pasó?
El hombre respondió:
—Solo le estaba advirtiendo sobre Frack.
Iván asintió.
—Hizo bien. Pero ahora ese asunto lo manejaré yo.
Luego me pidió que lo acompañara hasta una oficina privada. Cerró la puerta y dejó varias carpetas sobre la mesa.
—Alejandro, necesito mostrarte algo importante.
Abrió una carpeta con fotografías de varios empleados y exempleados de NOVVA.
—No pude sacar a todos. Algunos siguen trabajando aquí porque todavía estamos reuniendo pruebas. Hasta entonces, debes actuar con cuidado.
Fue señalando una fotografía tras otra, explicándome quién era cada persona, qué cargo ocupaba y por qué debía mantenerme alerta.
—No quiero que desconfíes de todo el mundo, pero sí que seas prudente. No todos los que te sonríen son tus aliados.
Guardé silencio y asentí.
—Entiendo.
Iván respiró hondo.
—Ven. Quiero mostrarte otro lugar.
Bajamos hasta la cafetería de la empresa. Era un ambiente tranquilo, con empleados conversando y compartiendo un descanso. Iván pidió dos tererés y nos sentamos en una mesa apartada.
Durante unos segundos no dijo nada.
Finalmente habló.
—Hay una cosa más que debes saber sobre la muerte de tu abuelo.
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Qué ocurre?
Editado: 01.10.2026