El silencio que siguió fue incómodo.
Nadie parecía dispuesto a apartar la mirada de aquella pantalla.
Volví a leer el mensaje.
“Tu abuelo no pudo protegerte. Nosotros tampoco vamos a hacerlo.”
Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo.
—¿Quién envió esto? —pregunté.
Camila comenzó a revisar las líneas de código que aparecían en su computadora.
—Todavía no lo sé. La conexión está oculta detrás de varios servidores.
—¿Puedes bloquearla?
—Puedo intentarlo.
Sus dedos comenzaron a moverse rápidamente sobre el teclado.
Iván se levantó y observó a todos.
—Todos atentos. Esto puede ser una distracción.
Gabriel miró hacia las ventanas.
—¿Crees que están aquí?
—No lo sé —respondió Iván—. Pero si pudieron entrar al sistema, significa que conocen nuestra ubicación.
Me levanté de la silla.
—Entonces tenemos que salir de aquí.
Alexander negó con la cabeza.
—No.
Lo miré confundido.
—¿No?
—Si salimos ahora, les damos exactamente lo que quieren.
—¿Y qué quieren?
Alexander señaló la pantalla.
—Que tengas miedo.
Antes de que pudiera responder, todas las luces se apagaron.
La habitación quedó completamente a oscuras.
—¡Todos quietos! —ordenó Iván.
Escuché un ruido proveniente del pasillo.
Un golpe.
Después otro.
Gabriel encendió la linterna de su teléfono.
—Hay alguien afuera.
El sonido de la puerta principal intentando abrirse hizo que todos nos pusiéramos en alerta.
Una vez.
Dos veces.
A la tercera, la puerta cedió.
Un hombre vestido completamente de negro apareció en el pasillo.
No pudimos verle el rostro.
—¡Alto! —gritó Iván.
El desconocido salió corriendo.
Gabriel fue tras él.
Yo no pude evitar seguirlos.
—¡Alejandro, vuelve! —escuché gritar a Elena.
Corrí por el pasillo hasta llegar a la salida trasera.
El hombre estaba a pocos metros.
Entonces se detuvo.
Por un segundo pensé que iba a enfrentarnos.
Pero simplemente giró la cabeza hacia mí.
Aunque su rostro estaba parcialmente cubierto, pude ver sus ojos.
Tuve la extraña sensación de conocerlo.
—¿Quién eres? —pregunté.
No respondió.
Sacó algo de su bolsillo y lo arrojó al suelo.
Una pequeña memoria USB cayó frente a mis pies.
Cuando levanté la mirada, ya había desaparecido.
Gabriel llegó unos segundos después.
—¿Dónde está?
—Se escapó.
Levanté la memoria.
—Me dejó esto.
Camila apareció detrás de nosotros.
—No la conectes.
—¿Por qué?
—Podría estar infectada.
Camila tomó la memoria con cuidado y la llevó a la sala.
Preparó una computadora aislada de la red y la conectó.
Al principio no ocurrió nada.
Después apareció un único archivo.
“PARA ALEJANDRO.”
Lo abrimos.
Era una grabación.
La imagen apareció lentamente.
Mi abuelo estaba sentado frente a una cámara.
Pero había algo diferente en él.
Parecía preocupado.
—Alejandro, si estás viendo esto, significa que ya descubrieron que regresaste.
Sentí que se me cerraba la garganta.
—Hay personas dentro de NOVVA en las que no puedes confiar. Ni siquiera todos los que están contigo conocen la verdad.
Miré inmediatamente a los demás.
Iván permaneció serio.
Elena bajó la mirada.
Mi abuelo continuó:
—Durante años intenté descubrir quién estaba detrás de todo esto. Creí que era una sola persona, pero estaba equivocado.
La grabación se interrumpió durante unos segundos.
Después apareció una última frase:
—El enemigo no está fuera de NOVVA. Está dentro.
La pantalla se apagó.
Nadie habló.
Sentí que el aire de la habitación se volvía más pesado.
Miré a cada uno.
Iván.
Elena.
Alexander.
Gabriel.
Valeria.
Lucas.
Camila.
Siete personas que hasta hacía unos minutos representaban seguridad.
Ahora podían representar exactamente lo contrario.
Tragué saliva.
—¿Quién de ustedes es?
Nadie respondió.
Sentí cómo algo comenzaba a romperse dentro de mí.
No conocía realmente a aquellas personas.
Había confiado en ellas porque mi abuelo lo había hecho.
Ese era el problema.
Mi abuelo.
Había muerto dejándome una empresa, secretos y un grupo de personas que supuestamente estaban allí para protegerme.
Pero también había muerto sin decirme en quién podía confiar.
Apreté los puños.
—Mi abuelo los eligió. Durante años confió en ustedes.
Miré a Iván.
—¿Y ahora tengo que creer que uno de ustedes está trabajando contra mí?
Iván permaneció en silencio.
—¡Contéstame! —exigí.
Mi voz retumbó por toda la habitación.
Elena dio un paso hacia mí.
—Alejandro...
—¡No!
Retrocedí.
No quería que nadie se acercara.
Mi respiración se había acelerado y sentía el corazón golpeándome el pecho.
—No me digas que todo va a estar bien —dije—. Porque no está bien.
Señalé la pantalla.
—Mi abuelo sabía que esto iba a pasar. Sabía que había alguien dentro de NOVVA. Y aun así murió sin decirme quién.
Sentí un nudo en la garganta.
—¿Por qué?
La pregunta salió mucho más débil de lo que esperaba.
—¿Por qué me dejó solo con esto?
Nadie respondió.
Elena bajó la mirada.
Ese gesto volvió a encender mi rabia.
—¿Qué sabes tú?
Ella levantó los ojos.
—Más de lo que debería.
Me quedé inmóvil.
—Entonces dime.
—No puedo.
Solté una risa breve, amarga.
—Claro.
Miré alrededor.
—Nadie puede decirme nada.
Me llevé una mano al rostro.
Durante unos segundos intenté respirar.
Pensé en mi abuelo.
Editado: 01.10.2026