Alexander miró a Elena durante unos segundos y una sonrisa apareció en su rostro.
—Elena, ¿has considerado mi propuesta?
Elena ni siquiera levantó la mirada de los documentos que estaba revisando.
—Sigue siendo la misma respuesta.
Alexander llevó una mano al pecho, fingiendo estar herido.
—Qué mala... Yo tan ilusionado vine a verte.
Elena levantó lentamente la mirada.
—Alexander.
—¿Sí?
—Ponte serio.
La sonrisa desapareció de inmediato.
—Está bien.
Elena dejó los documentos sobre la mesa.
—Dile todo lo que sabes a Alejandro. Todo. Y después cállate.
Alexander miró hacia mí.
Por primera vez desde que había entrado en la habitación, su expresión cambió por completo.
Se acercó y tomó una silla frente a mí.
—De acuerdo.
Se sentó y apoyó las manos sobre sus rodillas.
—Alejandro, hay cosas que tu abuelo nunca pudo contarte porque sabía que, si esa información caía en las manos equivocadas, no solo moriría él. También estarías en peligro tú.
Yo permanecí en silencio.
Alexander continuó:
—Iván y Elena fueron quienes permanecieron junto a él hasta el final. Cuando descubrieron que NOVVA estaba siendo utilizada para operaciones que tu abuelo nunca autorizó, comenzaron a investigar en secreto.
Miré a Iván y después a Elena.
—¿Y Lucas?
Alexander negó lentamente con la cabeza.
—Lucas fue una de las personas que terminó traicionándolo. Pero no actuaba solo.
Sentí que mi mandíbula se tensaba.
—¿Quién estaba detrás de él?
Alexander me sostuvo la mirada.
—Todavía no tenemos el nombre completo. Pero sabemos que existe una estructura mucho más grande detrás de la infiltración de NOVVA.
—¿Y tú qué papel tienes en todo esto?
Alexander permaneció unos segundos en silencio.
—Tu abuelo me pidió que construyera una segunda línea de protección desde Francia. Por eso asumí el control de NOVVA Francia y mantuve determinadas operaciones fuera del alcance de quienes estaban intentando apoderarse de la empresa.
—¿Y por qué nunca apareciste?
—Porque mi desaparición era parte de la protección.
Alexander sacó un sobre de su bolsillo y lo dejó sobre la mesa.
—Tu abuelo me entregó esto hace años. Me dijo que solo debía abrirlo cuando tú estuvieras preparado.
Miré el sobre.
Mi nombre estaba escrito en él.
—¿Qué contiene?
Alexander empujó lentamente el sobre hacia mí.
—Una parte de la verdad sobre su muerte.
Sentí un escalofrío.
Alexander se levantó.
—Ahora sabes todo lo que puedo decirte por el momento.
Elena cruzó los brazos.
—Te dije que después te callaras.
Alexander la miró y sonrió ligeramente.
—Sí, señora.
Elena negó con la cabeza.
Por primera vez desde que había comenzado aquella pesadilla, casi sonreí.
Pero la sensación duró poco.
Porque el sobre de mi abuelo seguía frente a mí.
Y sabía que, al abrirlo, descubriría algo que podía cambiarlo todo.
Iván permaneció en silencio.
Mientras Alexander hablaba, su mirada se perdió en algún punto de la habitación. Parecía estar allí con nosotros, pero su mente estaba muy lejos.
En aquel día.
El día del accidente.
Iván cerró lentamente los ojos.
Y el recuerdo volvió.
La lluvia golpeaba con fuerza los vidrios. Iván conducía detrás del automóvil del abuelo de Alejandro. Habían hablado apenas unos minutos antes.
—Tenemos que hablar de NOVVA —le había dicho el abuelo—. Descubrí algo que no me gusta.
Iván todavía recordaba perfectamente su voz.
Seria.
Preocupada.
—¿Qué descubrió?
—Hay alguien moviendo dinero sin mi autorización. Y no creo que sea una sola persona.
Iván había querido hacer más preguntas, pero el abuelo solo respondió:
—Si algo me sucede, protege a Alejandro.
Después de esas palabras, la llamada terminó.
Iván había intentado comunicarse nuevamente.
Nada.
Minutos después, vio las luces del automóvil más adelante.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Un vehículo apareció desde una calle lateral.
El automóvil del abuelo frenó.
Iván también.
Entonces escuchó el golpe.
Un sonido seco que todavía podía escuchar algunas noches cuando cerraba los ojos.
Iván abrió los ojos de golpe.
—Iván...
La voz de Elena lo sacó de sus pensamientos.
Todos lo miraron.
—¿Estás bien? —preguntó Alejandro.
Iván tardó unos segundos en responder.
—Sí.
Pero no era cierto.
Miró el sobre que Alexander había dejado sobre la mesa.
—Ese día... —murmuró.
Alejandro se acercó.
—¿Qué pasó ese día?
Iván bajó la mirada.
—Tuve la sensación de que el accidente no había sido un accidente.
El silencio llenó la habitación.
—¿Por qué nunca me lo dijiste? —pregunté.
Iván me miró directamente.
—Porque no tenía pruebas.
Hizo una pausa.
—Y porque tu abuelo me pidió que te protegiera, no que te arrastrara a una guerra que todavía no entendías.
—¿Viste a alguien?
Iván apretó los labios.
Durante años había guardado aquel recuerdo.
Pero ahora comprendía que ya no podía seguir ocultándolo.
—Sí.
Todos quedaron inmóviles.
—Antes de que llegara la ambulancia, vi a un hombre cerca del lugar.
Alexander dejó de sonreír.
Elena se incorporó lentamente.
—¿Quién?
Iván negó con la cabeza.
—No pude verle el rostro.
Luego miró nuevamente a Alejandro.
—Pero recuerdo algo.
—¿Qué?
—Llevaba un anillo.
Iván levantó la mano y señaló su propio dedo.
—Tenía un símbolo grabado.
Alejandro sintió un escalofrío.
—¿Qué símbolo?
Iván guardó silencio unos segundos.
—El mismo símbolo que encontré años después en los documentos ocultos de NOVVA.
Editado: 01.10.2026