Entre la traición y el destino

Capítulo 9

Miré a Elena.

Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada.

Había algo en su mirada que no podía ignorar. No parecía sorprendida por lo que Alexander había contado. Parecía más bien alguien que llevaba demasiado tiempo esperando que aquella conversación ocurriera.

—Elena...

Ella levantó la mirada.

—¿Sí?

—¿Qué fue lo que ellos intentaron hacer contigo?

Elena permaneció callada.

Alexander la observó, pero no intervino.

Iván también guardó silencio.

—Quiero escucharlo de ti —dije.

Elena bajó lentamente la mirada hacia sus manos.

—Alejandro, hay cosas que no son fáciles de contar.

—Ya perdí a mi abuelo —respondí—. Descubrí que su muerte quizás no fue un accidente y ahora me dicen que había personas intentando manipularlo. También intentaron utilizarte a ti.

Me acerqué un poco.

—Creo que merezco saber la verdad.

Elena levantó la mirada.

Por primera vez pude notar miedo en sus ojos.

—Tu abuelo me pidió que nunca te contara esto.

Sentí un nudo en el pecho.

—¿Por qué?

—Porque sabía que, si conocías toda la historia, dejarías de estar a salvo.

Alexander respiró profundamente.

—Elena...

Ella levantó una mano.

—No. Esta vez voy a hablar.

Se puso de pie y caminó lentamente hacia la ventana.

—Cuando comencé a trabajar con tu abuelo, pensé que solo iba a encargarme de la administración de NOVVA. Pero poco a poco descubrí que él investigaba algo mucho más grande.

Se quedó mirando hacia afuera.

—Una de esas familias se acercó a mí.

—¿Para qué?

Elena tardó en responder.

—Querían que les entregara información sobre tu abuelo.

Sentí que la rabia comenzaba a crecer dentro de mí.

—¿Y tú qué hiciste?

Elena se giró hacia mí.

—Me negué.

Alexander bajó la mirada.

—Y desde ese momento comenzaron los problemas.

Elena asintió.

—Primero fueron llamadas. Después mensajes. Luego comenzaron a seguirme.

—¿Te amenazaron?

—No directamente.

Hizo una pausa.

—Eran mucho más inteligentes que eso. Querían que yo tuviera miedo sin darme una razón concreta para denunciarlos.

Iván intervino:

—Por eso tu abuelo comenzó a vigilar cada movimiento alrededor de Elena.

La miré nuevamente.

—¿Y por qué nunca me contaste nada?

Elena sostuvo mi mirada.

—Porque eras su nieto.

—Eso no responde mi pregunta.

—Porque tu abuelo me pidió que te protegiera incluso de la verdad.

Me quedé en silencio.

Aquellas palabras dolían más de lo que esperaba.

—Entonces todos sabían algo menos yo.

Elena negó con la cabeza.

—No todos.

Miró a Alexander.

—Él sabía más que nosotros.

Alexander levantó una ceja.

—No exageres.

Elena lo miró seriamente.

—Alexander.

Él suspiró.

—Está bien.

Volví a mirar a Elena.

—¿Qué más estás ocultando?

Ella no respondió.

Y ese silencio fue suficiente para entender que todavía quedaba una parte de la historia que nadie se atrevía a contarme.

El sobre seguía sobre la mesa.

Y de repente comprendí que quizá la verdad que contenía no hablaba solamente de mi abuelo.

También hablaba de Elena.

Y quizás de mí.

Miré nuevamente a Elena.

—Antes de seguir... quiero que me aclares algo.

Ella levantó la mirada.

—¿Qué cosa?

—Las familias.

Alexander permaneció en silencio.

—Has hablado de ellas como si todos supieran quiénes son. Yo no sé absolutamente nada.

Elena miró a Alexander.

Él suspiró y tomó el sobre nuevamente.

—Entonces es hora de que conozcas sus nombres.

Se sentó frente a mí.

—La estructura está formada por varias casas. Las más antiguas son conocidas como las Siete Casas Nobles.

Fruncí el ceño.

—¿Siete?

Alexander asintió.

—Siete familias que durante generaciones han acumulado poder, riqueza e influencia. No gobiernan oficialmente ningún país, pero tienen contactos suficientes para influir en negocios, instituciones y personas importantes.

Iván intervino:

—Y no todas tienen el mismo nivel de poder.

Alexander continuó:

—Exactamente.

Tomó una hoja y escribió varios nombres.

—La Casa Beaumont. Son conocidos por controlar grandes inversiones y fondos privados.

Escribió el segundo.

—La Casa Valmont. Su influencia está relacionada con empresas de seguridad, inteligencia privada y protección.

Luego añadió un tercero.

—La Casa Montclair. Durante generaciones han estado vinculados con bancos y grandes movimientos financieros.

Escribió el cuarto.

—La Casa Laurent. Su poder está principalmente en Europa y en antiguas alianzas diplomáticas.

El quinto nombre apareció debajo.

—La Casa Devereux. Son expertos en información. Tienen contactos en casi todos los sectores.

Después escribió el sexto.

—La Casa Armand. Controlan una red empresarial mucho más discreta de lo que parece.

Finalmente, Alexander dejó el bolígrafo sobre la mesa.

—Y la séptima...

Levantó la mirada.

—La Casa Saint-Clair.

Sentí que algo cambiaba en la expresión de Elena.

—¿Esa es la familia que intentó acercarse a ti? —pregunté.

Elena asintió lentamente.

—Sí.

Alexander intervino:

—Pero hay algo que debes entender. Estas siete casas no siempre trabajan juntas. Tienen sus propias disputas, alianzas y conflictos. Lo que las conecta es una estructura superior.

—Los mariscales —dije.

Alexander asintió.

—Exactamente.

Iván se cruzó de brazos.

—Y por encima de ellos está el ducado.

Miré a Alexander.

—Tú.

—Yo.

El silencio volvió a apoderarse de la habitación.

—Entonces... ¿qué quieren de mi familia?

Alexander miró a Elena antes de responder.




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