Entre la traición y el destino

Capítulo 10

—Mamá...

Ella permaneció frente a mí.

Por unos segundos pareció debatirse entre seguir ocultándolo o finalmente decirme la verdad.

Finalmente suspiró.

—Está bien.

Alexander dejó el documento sobre la mesa.

Elena e Iván permanecieron en silencio.

Mi madre se sentó lentamente.

—Tu abuelo me pidió que nunca te contara esto, pero creo que ya no puedo seguir ocultándolo.

Sentí un nudo en el estómago.

—¿Qué tenía que ver mi compromiso con todo esto?

Mi madre bajó la mirada.

—Mucho más de lo que imaginas.

Alexander se cruzó de brazos.

—Entonces cuéntenos desde el principio.

Mi madre respiró profundamente.

—Cuando Alejandro era más joven, tu abuelo recibió una propuesta.

Fruncí el ceño.

—¿Una propuesta?

—Sí. Una alianza entre dos familias.

Elena abrió ligeramente los ojos.

—¿Una alianza matrimonial?

Mi madre asintió.

—Exactamente.

Sentí que comenzaba a comprender.

—¿Por eso me comprometieron?

—Al principio, sí.

—¿Con quién?

Mi madre me miró directamente.

—Con una joven perteneciente a una de las familias vinculadas con las Siete Casas.

El silencio fue inmediato.

Iván se acercó a la mesa.

—¿Cuál?

Mi madre dudó.

—La Casa Saint-Clair.

Elena se quedó inmóvil.

Alexander apretó la mandíbula.

—Entonces era cierto.

Lo miré.

—¿Qué cosa?

Alexander no respondió.

Mi madre continuó:

—Tu abuelo creyó que aquel compromiso podía proteger a nuestra familia. Pensaba que, si existía una alianza formal, las otras casas tendrían menos motivos para enfrentarse a nosotros.

—¿Y funcionó?

Mi madre negó lentamente con la cabeza.

—No.

Hizo una pausa.

—Todo empeoró.

—¿Por qué?

—Porque tu abuelo descubrió algo después de aceptar el compromiso.

Alexander se inclinó hacia adelante.

—¿Qué descubrió?

Mi madre miró el símbolo de la línea partida.

—Que aquella familia no estaba buscando una alianza.

Elena susurró:

—Estaban buscando acceso.

Mi madre asintió.

—A NOVVA.

Sentí un escalofrío.

—Entonces mi compromiso...

—Era la puerta que necesitaban —respondió mi madre.

Miré a Alexander.

Él permanecía serio.

—¿Y qué pasó con la prometida? —preguntó Elena.

Mi madre bajó la mirada.

—El compromiso se rompió antes de que llegara la boda.

—¿Por qué? —pregunté.

Mi madre tardó unos segundos en responder.

—Porque tu abuelo descubrió que ella no había elegido aquel compromiso por voluntad propia.

Elena frunció el ceño.

—¿La obligaron?

—No exactamente.

Mi madre negó con la cabeza.

—La estaban utilizando igual que intentaron utilizar a Elena.

Elena se quedó callada.

Entonces Alexander tomó nuevamente el documento.

—Eso significa que...

Se detuvo.

Sus ojos volvieron al símbolo.

—La línea partida no representa a la Casa Saint-Clair.

Mi madre lo miró.

—No.

—Entonces representa a la persona que estuvo en medio de aquella alianza.

Mi madre no respondió.

Yo sentí que la ansiedad aumentaba.

—Mamá, dime quién es.

Ella levantó lentamente la mirada.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque no sé dónde está ahora.

Alexander dio un paso hacia ella.

—Pero usted sí sabe su nombre.

Mi madre cerró los ojos.

Después de unos segundos, finalmente respondió:

—Sí.

La habitación quedó completamente en silencio.

—Se llamaba...

Mi madre se detuvo.

Miró hacia mí.

—Valentina Saint-Clair.

Sentí que el nombre me resultaba extrañamente familiar.

Pero no sabía por qué.

—¿Dónde está ahora? —pregunté.

Mi madre negó lentamente con la cabeza.

—Eso es precisamente lo que tu abuelo intentó descubrir antes de morir.

Alexander intercambió una mirada con Iván.

Elena palideció.

—Entonces ella podría seguir viva.

Mi madre no respondió.

Y ese silencio fue suficiente.

Alexander volvió a mirar el documento.

—Ahora entiendo por qué el Señor escribió esa frase.

Iván preguntó:

—¿Qué frase?

Alexander señaló la línea partida.

—Si Alejandro descubre la verdad sobre su compromiso, debe buscar a la persona que lleva este símbolo.

Me quedé mirando la marca.

—¿Valentina llevaba ese símbolo?

Mi madre respondió con voz baja:

—Sí.

Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo.

—¿Y ella sabía lo que estaba pasando?

Mi madre me miró fijamente.

—No sé cuánto sabía.

Hizo una pausa.

—Pero hay algo que sí sé.

—¿Qué?

Su expresión cambió.

—La última vez que tu abuelo habló de ella, me dijo una cosa.

—¿Cuál?

Mi madre tragó saliva.

—«Si algún día Valentina regresa, no permitas que Alejandro se acerque a ella».

Nadie dijo una palabra.

Alexander dejó lentamente el documento sobre la mesa.

Y por primera vez comprendimos que aquella mujer desaparecida podía ser mucho más que una antigua prometida.

Podía ser la pieza que conectaba a mi abuelo, a las Siete Casas...

y a la persona que había estado moviendo los hilos desde las sombras.

Pasaron varios días.

Durante ese tiempo, ninguno de nosotros volvió a hablar de otra cosa que no fueran los documentos de mi abuelo.

Iván regresó a la filial de NOVVA para revisar algunos asuntos pendientes. Elena volvió a sus funciones en Recursos Humanos, mientras Alexander permaneció en la oficina revisando los archivos.

Antes de marcharse, Iván dejó varias instrucciones.

—No confío en que todo esté resuelto —dijo mientras recogía sus cosas—. Si encuentro algo extraño en la filial, les avisaré inmediatamente.

Alexander asintió.

—Hazlo. Y no hables de esto con nadie.




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