Entre la traición y el destino

Capítulo 11

Los celos de Alejandro

La tensión que había quedado en la oficina después de la llamada de Iván parecía imposible de ignorar.

Habíamos pasado horas revisando documentos, fotografías y cuentas relacionadas con las Siete Casas. Al día siguiente tendríamos que reunirnos con el FBI, y ninguno sabía qué podía ocurrir después.

Sin embargo, Alexander parecía haber decidido que aquello no era motivo suficiente para dejar de molestar a Elena.

Ella estaba revisando unos documentos junto a la ventana cuando Alexander se acercó con una sonrisa.

—Elena.

Ella ni siquiera levantó la mirada.

—¿Qué quieres?

—Quería hacerte una pregunta.

—Si es otra de tus bromas, no me interesa.

Alexander soltó una pequeña risa.

—Esta vez hablo en serio.

Elena finalmente lo miró.

—Te escucho.

Alexander se apoyó contra el escritorio.

—¿Qué fue exactamente lo que dijiste hace unos días?

Elena frunció el ceño.

—¿Sobre qué?

—Sobre aquella propuesta.

Ella se quedó en silencio durante unos segundos.

—¿Todavía sigues con eso?

—Por supuesto.

—Alexander, ya te dije que no es asunto tuyo.

—Ahora tengo más curiosidad que antes.

Elena negó con la cabeza.

—No hubo ninguna propuesta.

Alexander arqueó una ceja.

—¿Segura?

—Segurísima.

—Entonces, ¿por qué te pusiste tan nerviosa cuando Alejandro preguntó por mi vida sentimental?

Elena abrió los ojos.

—¡Yo no me puse nerviosa!

Alexander soltó una carcajada.

—Claro que sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Elena...

—Alexander.

Los dos se quedaron mirándose durante unos segundos.

Iván, que estaba al otro lado de la habitación revisando unos papeles, observaba la escena en silencio.

Finalmente decidió intervenir.

—¿De qué propuesta están hablando?

Elena giró rápidamente hacia él.

—De ninguna.

Alexander respondió al mismo tiempo:

—De una propuesta que ella está intentando ocultar.

Iván levantó la mirada, confundido.

—¿Qué propuesta?

Elena le lanzó una mirada de advertencia a Alexander.

—No te atrevas.

Alexander sonrió.

—Iván, pregúntale tú.

—¿Preguntarle qué?

Elena suspiró.

—No le hagas caso.

Iván miró a Alexander y después a Elena.

—Ahora quiero saberlo.

Alexander cruzó los brazos.

—Hace unos días le pregunté a Elena si alguien le había hecho alguna propuesta.

—¿Y?

—No quiere decirme.

Iván sonrió ligeramente.

—¿Y por qué debería decírtelo?

Alexander se quedó callado.

Elena aprovechó el momento.

—Exactamente. ¿Por qué te interesa tanto?

Alexander la miró fijamente.

—Porque quizá debería saberlo.

—¿Por qué?

—Porque...

Se quedó en silencio.

Iván observó a Alexander con atención.

Entonces una sonrisa apareció lentamente en su rostro.

—Ya entendí.

Alexander lo miró.

—¿Qué entendiste?

Iván dejó el documento sobre la mesa.

—La razón por la que insistes tanto.

Elena cruzó los brazos.

—¿Y cuál es esa razón?

Iván miró directamente a Alexander.

—Está enamorado de ti.

El silencio fue absoluto.

Elena abrió los ojos.

Alexander quedó completamente inmóvil.

Yo, que hasta ese momento había estado revisando unos documentos, levanté lentamente la cabeza.

—¿Qué?

Iván sonrió.

—Lo que escuchaste.

Elena miró a Alexander.

—¿Es verdad?

Alexander abrió la boca, pero no dijo nada.

—Alexander...

Él finalmente reaccionó.

—Iván, no empieces.

Iván soltó una carcajada.

—Entonces dime que estoy equivocado.

Alexander permaneció en silencio.

Elena lo miraba cada vez más sorprendida.

—¿Estás enamorado de mí?

Alexander desvió la mirada.

—No es tan sencillo.

—Eso no fue un no.

Iván volvió a reír.

—Exactamente.

Elena se llevó una mano al rostro.

—No puedo creerlo.

Alexander suspiró.

—No tenía pensado decírtelo así.

Elena bajó lentamente la mano.

—Entonces ¿sí es verdad?

Alexander la miró.

Por primera vez desde que lo conocíamos, no parecía tener una respuesta preparada.

—Sí.

La expresión de Elena cambió.

Ya no parecía molesta.

Parecía confundida.

—¿Desde cuándo?

Alexander respiró profundamente.

—Desde hace bastante tiempo.

Iván se cruzó de brazos.

—Y por eso llevas años molestándola.

Alexander lo miró.

—No necesitabas explicarlo.

—Creo que Elena necesitaba saberlo.

Ella permaneció en silencio.

Después de unos segundos, preguntó:

—¿Y cuál era esa propuesta de la que tanto hablabas?

Alexander sonrió ligeramente.

—No era una propuesta de matrimonio.

Ella frunció el ceño.

—Entonces, ¿qué era?

Alexander sacó algo del bolsillo de su chaqueta.

Una pequeña caja.

Elena lo miró sorprendida.

—¿Qué es eso?

Alexander sostuvo la caja entre sus manos.

—La propuesta que quería hacerte.

Elena se quedó completamente quieta.

Iván levantó las cejas.

Yo no pude evitar mirar a Alexander con curiosidad.

—¿Ahora? —preguntó Elena.

—Ahora.

Alexander abrió la pequeña caja.

Dentro había un pequeño colgante.

No era un anillo.

Era una pieza de metal con un símbolo grabado.

Elena lo observó.

—¿Qué significa?

Alexander respondió con seriedad:

—Es un símbolo de protección.

Elena lo miró nuevamente.

—¿Protección?

—Sí. Mi abuelo me lo entregó hace años.

La sonrisa desapareció de su rostro.

—Me dijo que algún día tendría que entregárselo a alguien en quien confiara completamente.

Elena no dijo nada.

Alexander extendió la mano.

—Y quiero que lo tengas tú.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.