Entre la traición y el destino

Capítulo 13

La oficina había quedado en silencio después de la desaparición de aquella misteriosa mujer.

Nadie entendía qué estaba sucediendo.

Iván seguía frente a la computadora, revisando los archivos que habían aparecido momentos antes. Alexander caminaba de un lado a otro, visiblemente inquieto, mientras Alejandro permanecía sentado, intentando asimilar todo lo ocurrido.

Elena, en cambio, había comenzado a revisar nuevamente los documentos del abuelo.

Había algo que no encajaba.

Una fecha.

Un nombre.

Y una transferencia que aparecía repetida en varios archivos.

—Esperen —dijo Elena.

Todos levantamos la mirada.

—¿Qué encontraste? —preguntó Alexander.

Elena no respondió inmediatamente.

Tomó uno de los documentos y lo comparó con otro.

—Esto no tiene sentido.

Iván se acercó.

—¿Qué cosa?

—Estas transferencias comenzaron semanas antes de la muerte del abuelo.

Iván tomó los documentos.

—¿A qué cuenta iban?

Elena señaló el número.

—A una empresa que aparentemente pertenecía a un tercero.

Alejandro se levantó.

—¿Y quién era ese tercero?

Elena abrió otro archivo.

Su rostro cambió.

—Tu madre.

El silencio fue inmediato.

Alejandro se quedó inmóvil.

—¿Qué?

Elena tragó saliva.

—La empresa estaba registrada a nombre de otra persona, pero las cuentas terminaban siendo controladas por ella.

Alexander se acercó.

—¿Estás segura?

—Sí.

Iván comenzó a revisar los registros.

—Espera...

Sus ojos recorrieron rápidamente la pantalla.

—Tiene razón.

Alejandro negó con la cabeza.

—No. Mi madre no haría eso.

Elena lo miró con tristeza.

—Alejandro, yo tampoco quería creerlo.

—Entonces debe haber una explicación.

—La hay.

Elena tomó otro documento.

—Tu madre llevaba meses intentando obtener el control de la empresa.

Alejandro sintió un nudo en el estómago.

—¿NOVVA?

Elena asintió.

—NOVVA.

Alexander observó los papeles.

—¿Por qué querría quedarse con la empresa?

Iván respondió:

—Por el patrimonio.

Elena negó lentamente.

—No solamente por eso.

Todos la miramos.

—Entonces, ¿por qué?

Elena señaló una cláusula del testamento.

—Tu abuelo dejó establecido que, después de su muerte, el control de NOVVA pasaría directamente a Alejandro.

Alejandro abrió los ojos.

—¿A mí?

—Sí.

Iván comprendió inmediatamente.

—Si Alejandro heredaba la empresa, ella no podía controlarla.

Elena asintió.

—Exactamente.

Alexander se quedó serio.

—Entonces tenía un motivo.

Alejandro retrocedió.

—Tener un motivo no significa que lo haya matado.

Elena guardó silencio.

—No —respondió finalmente—. Pero encontramos algo más.

Abrió una carpeta que estaba protegida con contraseña.

—Esta carpeta estaba escondida dentro de los archivos personales del abuelo.

Iván se acercó.

—¿Qué contiene?

Elena abrió el archivo.

Apareció un informe.

INFORME DE AMENAZAS — CONFIDENCIAL

Debajo aparecía una lista de nombres.

Uno de ellos estaba marcado en rojo.

Aurora Mendoza.

Alejandro sintió que se le helaba la sangre.

—No...

Elena continuó leyendo.

—El abuelo descubrió que ella estaba intentando comprar acciones de NOVVA a través de intermediarios.

Alexander apretó los puños.

—¿Y él se negó?

—Sí.

Iván observó el informe.

—¿Qué ocurrió después?

Elena pasó a la siguiente página.

Se quedó completamente pálida.

—Aquí dice que el abuelo recibió una amenaza de muerte.

Alejandro se acercó.

—¿De quién?

Elena levantó lentamente la mirada.

—De alguien que firmaba solamente con una inicial.

A.

Alejandro negó con la cabeza.

—Eso no demuestra nada.

Elena lo sabía.

—Lo sé.

Pasó a la última página.

Allí había una anotación escrita a mano por el abuelo.

Elena comenzó a leerla.

—“Si algo me sucede, no permitan que Aurora tome el control de NOVVA. Ella sabe exactamente lo que hizo.”

Alejandro se quedó sin palabras.

—¿Qué significa eso?

Iván miró el documento.

—Significa que tu abuelo sospechaba de ella antes de morir.

—¿Sospechaba? —preguntó Alexander—. Eso no es suficiente para decir que fue ella.

Elena asintió.

—Hay más.

Abrió otro archivo.

Era un registro de seguridad.

—La noche de la muerte del abuelo, una persona entró a su despacho.

Alejandro preguntó:

—¿Quién?

Elena señaló la pantalla.

—Una mujer.

—¿Se ve su rostro?

—No completamente.

La grabación mostraba una figura entrando al despacho.

Después de unos segundos, la mujer salió.

Elena congeló la imagen.

—Pero hay algo que sí podemos identificar.

Amplió la imagen.

En la mano de la mujer había un anillo.

Alejandro reconoció inmediatamente el objeto.

—Ese anillo...

Iván lo miró.

—¿Lo conoces?

Alejandro tragó saliva.

—Mi madre tiene uno exactamente igual.

Nadie habló.

Elena cerró los ojos durante unos segundos.

Finalmente dijo:

—Alejandro...

Él la miró.

—Creo que ya sabemos quién mató a tu abuelo.

Alejandro permaneció inmóvil.

Elena habló con dificultad:

—Fue tu madre.

La habitación quedó completamente en silencio.

Alejandro retrocedió.

—No.

—Lo siento.

—¡No! —gritó él—. ¡Ella no lo mató!

Alexander se acercó.

—Alejandro...

—¡No pueden decir eso!

Iván permaneció serio.

—Tenemos pruebas que la relacionan con la noche de su muerte.

Alejandro negó con la cabeza.

—Ella quería la empresa, sí. Puede haber hecho cosas que no debía, pero...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.