Entre la traición y el destino

Capítulo 14

La habitación quedó completamente en silencio.

Elena bajó lentamente su arma mientras observaba al padre de Alejandro.

—Entonces dilo —exigió ella.

El hombre miró a todos antes de responder.

—Pero antes deben saber algo.

Su expresión se volvió grave.

—La persona que ordenó la muerte de tu abuelo no pertenece a una de las Siete Casas.

Iván frunció el ceño.

—¿Entonces quién?

El hombre miró directamente a Alejandro.

—Alguien que estuvo mucho más cerca de tu familia de lo que todos imaginan.

Alejandro sintió que el corazón le latía con fuerza.

—¿Quién?

Su padre permaneció en silencio.

Elena lo observó cuidadosamente y, de repente, preguntó:

—¿Hablas de Sergio?

Todos voltearon hacia ella.

—¿Sergio? —repitió Iván—. ¿Por qué piensas en él?

Elena bajó lentamente el arma, pero no apartó la mirada del padre de Alejandro.

—Porque Sergio conocía a la familia desde hace años. Sabía de NOVVA, conocía los movimientos de tu abuelo y también tuvo acceso a información que muy pocas personas tenían.

Alexander frunció el ceño.

—Pero eso no significa que haya ordenado matarlo.

—Lo sé —respondió Elena—. Por eso quiero escuchar la respuesta.

El padre de Alejandro permaneció callado durante unos segundos.

Finalmente, negó con la cabeza.

—No.

Alejandro respiró profundamente.

—Entonces dime quién es.

Su padre lo miró fijamente.

—Sergio no fue quien dio la orden.

—¿Estás seguro? —preguntó Iván.

—Completamente.

Elena dio un paso hacia él.

—Entonces, ¿qué relación tiene Sergio con todo esto?

El hombre apretó los labios.

—Sergio fue utilizado.

Alejandro abrió los ojos.

—¿Utilizado para qué?

—Para ocultar la verdadera identidad de la persona que estaba detrás de todo.

En ese instante, el USB que habían encontrado en la habitación emitió un pequeño sonido.

Todos voltearon.

La computadora se encendió sola.

En la pantalla apareció una carpeta con un único nombre:

SERGIO.

Elena se quedó inmóvil.

—Entonces… ¿por qué tu padre guardó un archivo con su nombre?

Iván se acercó rápidamente a la computadora.

—No lo sé.

Alejandro miró a su padre.

—Tú sí sabes.

Su padre sostuvo su mirada.

—Sí.

Hizo una pausa.

—Porque Sergio fue la última persona que vio a tu abuelo con vida.

El silencio volvió a apoderarse de la habitación.

Alejandro sintió un escalofrío.

—¿Y por qué nunca me lo dijeron?

Su padre bajó la mirada.

—Porque si descubrías la verdad demasiado pronto, también habrían descubierto que seguías vivo.

Elena miró nuevamente la pantalla.

—Entonces Sergio sabe quién mató a tu abuelo.

—No —respondió el padre de Alejandro—. Sergio sabe quién estuvo allí.

Alexander dio un paso hacia la computadora.

—¿Y qué diferencia hay?

El hombre respondió con voz grave:

—Que quien estuvo allí… no fue quien dio la orden.

Iván abrió la carpeta.

Dentro había una sola fotografía.

La imagen mostraba a Sergio entrando en la casa del abuelo de Alejandro la noche de su muerte.

Pero detrás de él aparecía otra persona.

Elena acercó el rostro a la pantalla.

—¿Quién es esa persona?

Alejandro observó la fotografía.

Su expresión cambió por completo.

—No puede ser…

—¿La conoces? —preguntó Alexander.

Alejandro no respondió.

Su padre cerró los ojos.

—Sí. La conoce.

Todos esperaron la respuesta.

Finalmente, Alejandro habló con la voz entrecortada:

—Es alguien de mi propia familia.

Iván miró la fotografía nuevamente.

—Entonces esto cambia todo.

Elena se acercó a Alejandro y observó la imagen.

—¿Quién es?

Alejandro permaneció inmóvil.

Su padre respondió antes que él:

—La persona que está detrás de Sergio… es alguien que ustedes creían que estaba de su lado.

Alexander frunció el ceño.

—¿Y qué significa eso?

El padre de Alejandro miró hacia la puerta.

—Significa que el enemigo nunca estuvo afuera.

Hizo una pausa.

—Siempre estuvo dentro de la familia.

Alejandro volvió a mirar la fotografía.

Por primera vez, comprendió que la muerte de su abuelo, los secretos de NOVVA, las Siete Casas y la supuesta muerte de su padre y su hermana podían estar conectados.

Pero todavía faltaba una pieza.

Y esa pieza tenía un nombre.

Sergio.




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