Después de todo lo ocurrido, los días comenzaron a transcurrir con mayor tranquilidad en NOVVA.
Por primera vez en mucho tiempo, la empresa había recuperado cierta normalidad. Las medidas de seguridad continuaban activas, pero ya no había amenazas constantes ni personas sospechosas rondando las instalaciones.
Iván volvió a concentrarse completamente en sus funciones.
Desde su oficina revisaba informes, supervisaba los diferentes departamentos y se aseguraba de que todas las operaciones de NOVVA funcionaran correctamente.
—Parece que finalmente podemos trabajar sin que alguien intente destruir la empresa —comentó Iván mientras revisaba unos documentos.
Una de las empleadas sonrió.
—Después de todo lo que pasó, esto parece demasiado tranquilo.
Iván soltó una pequeña risa.
—No te acostumbres demasiado. Estamos en NOVVA.
Mientras tanto, Alexander también retomó sus responsabilidades.
Desde Francia comenzó a enviar sus informes y a coordinar los asuntos legales que todavía tenía pendientes.
Durante una videollamada con Iván, explicó:
—Ya organicé los documentos pendientes y envié los informes correspondientes. También voy a mantener comunicación directa con el equipo jurídico para cualquier asunto relacionado con NOVVA.
Iván asintió.
—Perfecto. Así podremos avanzar sin dejar nada pendiente.
—Y si necesitan que viaje nuevamente a Paraguay, solo avísenme.
—Lo tendremos en cuenta.
Por su parte, Elena había decidido volver a su puesto en Recursos Humanos.
Después de tantos meses involucrada en investigaciones, documentos secretos y situaciones peligrosas, regresar a una oficina llena de expedientes le parecía casi extraño.
Entró al departamento de Recursos Humanos y varias compañeras la recibieron con alegría.
—¡Elena! ¡Por fin regresaste!
—Sí —respondió ella con una sonrisa—. Ya era hora de volver a mi trabajo normal.
Se sentó frente a su escritorio y comenzó a revisar los documentos que se habían acumulado durante su ausencia.
Una compañera la miró divertida.
—¿No extrañas las investigaciones secretas?
Elena soltó una carcajada.
—Definitivamente no. Prefiero estos expedientes.
Pasaron los días y, poco a poco, todos se acostumbraron nuevamente a la rutina.
Iván continuaba cumpliendo sus funciones.
Alexander mantenía contacto desde Francia.
Y Elena se encontraba cada vez más cómoda en Recursos Humanos.
Para Alejandro, aquella tranquilidad también era algo nuevo.
Ya no tenía que enfrentarse diariamente a interrogatorios, amenazas o descubrimientos sobre su familia. Ahora debía aprender a ejercer su nueva responsabilidad como CEO mientras mantenía su identidad protegida por motivos de seguridad.
Una tarde, mientras Elena organizaba unos documentos, recibió una llamada.
—¿Sí?
—¿Estás ocupada? —preguntó Alejandro.
Elena sonrió al reconocer su voz.
—Un poco. ¿Por qué?
—Quería invitarte a tomar un café cuando termines.
Elena se quedó unos segundos en silencio.
—¿Eso es una invitación del CEO?
Alejandro soltó una pequeña risa.
—No. Es una invitación de Alejandro.
Elena sonrió.
—Entonces aceptaré.
—Te espero cuando termines.
Al colgar, Elena volvió a sus documentos, pero esta vez con una sonrisa que no pudo ocultar.
Mientras tanto, Alejandro observaba desde su oficina una carpeta que llevaba varios días sobre su escritorio.
En la portada se podía leer:
PROYECTO MENDOZA — FASE II.
Todavía no había decidido cuándo abrirla.
Después de todo lo ocurrido, quería disfrutar un poco de la tranquilidad antes de volver a enfrentarse a otro secreto de su abuelo.
Sin embargo, esa misma tarde, cuando los empleados comenzaban a terminar su jornada, el sistema de ALCOM emitió una pequeña alerta.
Alejandro levantó la mirada.
En la pantalla apareció un mensaje:
“FASE II: ARCHIVO EN ESPERA.”
Alejandro frunció el ceño.
—¿Qué significa esto?
La alerta desapareció después de unos segundos.
Alejandro se levantó lentamente y se acercó a la computadora.
Volvió a revisar el sistema, pero no encontró ninguna explicación.
Entonces miró nuevamente la carpeta sobre su escritorio.
PROYECTO MENDOZA — FASE II.
—Parece que no me vas a dejar descansar mucho tiempo, abuelo —murmuró.
En ese momento, su teléfono recibió un mensaje de Elena:
“Ya terminé. ¿Dónde nos encontramos?”
Alejandro sonrió.
Por unos minutos decidió dejar el misterio a un lado.
Después de todo, también necesitaba vivir un poco fuera de NOVVA.
Pero mientras salía de su oficina, la pantalla de ALCOM volvió a encenderse por sí sola.
Esta vez apareció una nueva línea:
“EL CEO HA SIDO IDENTIFICADO.”
Y debajo:
“INICIANDO FASE II.”
Alejandro no vio el mensaje.
La tranquilidad de NOVVA acababa de terminar.
Editado: 01.10.2026