Los meses pasaron.
Después de todo lo ocurrido, la vida comenzó a recuperar poco a poco su tranquilidad.
Había pasado un año desde que la verdad sobre NOVVA, la muerte del abuelo de Alejandro y todos los secretos que habían permanecido ocultos durante décadas salieron finalmente a la luz.
Las investigaciones habían terminado y las personas responsables habían enfrentado las consecuencias de sus actos.
NOVVA también había cambiado.
Alejandro continuaba como CEO, pero ya no era el mismo joven que había entrado por primera vez a aquellas oficinas sin saber en quién podía confiar.
Ahora conocía la historia de su familia.
Había aprendido a tomar decisiones difíciles y, sobre todo, había entendido las últimas palabras de su abuelo.
La empresa no estaba por encima de las personas.
Su familia tampoco estaba por encima de la verdad.
Y Elena seguía a su lado.
Al principio, ninguno de los dos se atrevía a llamar a aquello una relación.
Habían comenzado con conversaciones, cafés y largas caminatas después del trabajo.
Después llegaron las llamadas hasta altas horas de la noche.
Luego las pequeñas discusiones, los celos y las reconciliaciones.
Hasta que finalmente Alejandro se decidió.
—Elena… ¿quieres ser mi novia?
Ella lo miró durante unos segundos.
—Pensé que nunca me lo ibas a preguntar.
Alejandro sonrió.
—Tenía miedo de arruinarlo.
—Después de todo lo que vivimos, ¿todavía tienes miedo?
—Contigo sí.
Elena soltó una pequeña risa.
—Entonces sí.
Desde aquel día comenzaron oficialmente su relación.
Pero las cosas no fueron perfectas.
Hubo problemas.
Hubo momentos en los que el trabajo de Alejandro ocupaba demasiado tiempo.
Elena, por su parte, tuvo dificultades para acostumbrarse a que su novio fuera ahora el principal responsable de NOVVA.
A veces discutían por cosas pequeñas.
Otras veces por cosas importantes.
Incluso llegaron a pasar varios días sin hablarse después de una discusión especialmente fuerte.
Pero ninguno de los dos quería rendirse.
Porque después de todo lo que habían vivido juntos, ambos sabían que lo que tenían era demasiado importante para dejarlo desaparecer por orgullo.
Mientras tanto, Iván también había cambiado.
Durante aquel año, había conocido a una mujer con la que comenzó a salir.
Al principio no le había contado nada a Alejandro.
Pero un día apareció en NOVVA acompañado de ella.
Alejandro los vio entrar y levantó una ceja.
—¿Y ella?
Iván sonrió.
—Mi novia.
Elena, que estaba junto a Alejandro, sonrió sorprendida.
—¿En serio?
—En serio.
Alejandro miró a Iván y luego a la mujer.
—¿Y desde cuándo?
—Hace algunos meses.
Iván se cruzó de brazos y sonrió.
—¿Por qué? ¿Te sorprende?
—Un poco.
Iván soltó una carcajada.
—¿Te acuerdas de cuando te ponías celoso por Elena?
Alejandro abrió los ojos.
—Iván…
Elena comenzó a reír.
—¿Todavía te acuerdas de eso?
—Perfectamente —respondió Iván—. Fue una de las mejores etapas de mi vida.
—¿Cómo que de tu vida? —preguntó Alejandro.
—Verte intentando disimular los celos era divertidísimo.
Elena soltó una carcajada.
—No exageres.
—No exagero —respondió Iván—. Cada vez que Alexander se acercaba a Elena, Alejandro cambiaba de cara.
Alejandro negó con la cabeza.
—Eso ya quedó en el pasado.
Iván sonrió.
—Claro. Ahora eres un hombre maduro y enamorado.
—Exactamente.
—Entonces no te molesta que recuerde aquella época.
Alejandro miró a Elena.
—No.
Iván levantó una ceja.
—¿Seguro?
—Seguro.
Elena tomó la mano de Alejandro.
—Además, ya no tienes motivos para estar celoso.
Iván levantó las manos.
—Está bien, está bien. Solo quería recordar viejos tiempos.
Alejandro sonrió.
—Ahora eres tú quien tiene que aguantar que nosotros hablemos de tu novia.
Iván se quedó callado por un momento.
—Eso sí que no.
Todos comenzaron a reír.
Incluso Alexander, que estaba conectado por videollamada desde Francia, intervino.
—Iván, ahora entiendo por qué tardaste tanto en contarle a Alejandro.
—Tú no tienes derecho a hablar —respondió Iván—. Recuerda que tú fuiste parte del problema.
Alexander sonrió.
—Pero al final todo salió bien.
Alejandro miró a Elena.
—Sí. Todo salió bien.
Un año atrás, sus vidas estaban llenas de secretos, amenazas y desconfianza.
Ahora podían sentarse juntos, bromear y recordar aquellos momentos sin miedo.
Iván había encontrado a alguien.
Alexander había continuado con su vida en Francia.
Y Alejandro y Elena finalmente habían decidido caminar juntos.
No todo había sido perfecto.
Habían tenido discusiones, dificultades y momentos en los que pensaron que quizá no podrían continuar.
Pero habían aprendido algo importante.
El amor no significaba que nunca habría problemas.
Significaba decidir quedarse y solucionar las cosas juntos.
Más tarde, cuando todos se fueron, Alejandro y Elena quedaron solos frente al edificio de NOVVA.
Elena tomó su mano.
—¿Sabes qué pienso?
—¿Qué?
—Que hace un año jamás habría imaginado que terminaríamos así.
Alejandro sonrió.
—Yo tampoco.
—Y ahora estamos aquí.
—Juntos.
Elena apoyó la cabeza sobre su hombro.
Alejandro la abrazó.
Por primera vez en mucho tiempo, no tenía miedo de lo que pudiera suceder al día siguiente.
El pasado siempre formaría parte de su historia.
Su abuelo.
Su padre.
Su hermana.
NOVVA.
ALCOM.
Todo lo que habían descubierto los había cambiado para siempre.
Pero también los había unido.
Alejandro miró hacia el edificio.
Editado: 01.10.2026