Entre la traición y el destino

Capítulo 24

La noticia del compromiso no tardó en llegar a la familia.

Cuando Alejandro y Elena regresaron a casa, todos los estaban esperando.

Su padre fue el primero en acercarse.

—Hijo…

Alejandro sonrió.

—Papá, tengo algo que decirte.

Su padre miró la mano de Elena y comprendió inmediatamente.

—¿Se van a casar?

Elena sonrió mientras mostraba el anillo.

—Sí.

Su padre abrazó a Alejandro con fuerza.

—No sabes lo feliz que me hace verte así.

Su hermana también se acercó y abrazó a Elena.

—Bienvenida oficialmente a la familia.

—¿Oficialmente? —preguntó Elena entre risas.

—Desde hace tiempo ya eras parte de nosotros. Pero ahora es diferente.

Todos comenzaron a reír.

Aquella noche hubo una pequeña celebración.

No había lujos ni grandes preparativos.

Solo estaban las personas que habían permanecido a su lado durante los momentos más difíciles.

Iván llegó acompañado de su novia.

Alexander había regresado desde Francia especialmente para la ocasión.

Incluso hubo bromas sobre el pasado.

—Propongo un brindis —dijo Iván.

Alejandro levantó su vaso.

—¿Por nosotros?

—Por ustedes —respondió Iván—. Y porque finalmente Alejandro dejó de tener celos.

Todos comenzaron a reír.

Alejandro lo señaló.

—Algún día voy a contar tus secretos.

—Hazlo. Ya no tengo nada que ocultar.

Elena tomó la mano de Alejandro.

—Déjalo. Hoy es un día feliz.

Durante los meses siguientes comenzaron los preparativos para la boda.

No todo fue sencillo.

La elección del lugar provocó discusiones.

La lista de invitados parecía no terminar nunca.

Alejandro quería algo pequeño.

Elena quería invitar a todas las personas importantes para ellos.

—Si seguimos agregando personas, vamos a necesitar un estadio —bromeó Alejandro.

—No exageres.

—Elena, ya tenemos tres listas.

—Porque tú hiciste una.

—Y tú hiciste dos.

—Porque la tuya estaba mal.

Alejandro la miró seriamente.

—¿Ya empezamos a discutir antes de casarnos?

Elena intentó mantenerse seria, pero terminó riendo.

—Tal vez.

Alejandro se acercó y la abrazó.

—Entonces tendremos que aprender a solucionar nuestras discusiones.

—Como siempre.

Y así lo hicieron.

Cada problema terminó convirtiéndose en una conversación.

Cada diferencia, en un acuerdo.

Porque habían comprendido que una relación no se construía evitando los problemas, sino aprendiendo a enfrentarlos juntos.

Una tarde, Elena encontró a Alejandro nuevamente frente al escritorio de su abuelo.

—¿Otra vez aquí?

—Sí.

Ella se acercó.

Alejandro tenía entre sus manos la fotografía familiar.

—Estaba pensando en él.

—¿En tu abuelo?

—Sí.

—¿Qué pensaría de todo esto?

Alejandro sonrió.

—Creo que estaría feliz.

Elena tomó su mano.

—Entonces llevémoslo con nosotros.

Alejandro la miró.

—¿Cómo?

—En nuestros recuerdos.

Él asintió.

—Eso es suficiente.

Pasaron los meses.

Y finalmente llegó el día que habían esperado.

La boda.

Alejandro estaba frente al altar.

Miró hacia los invitados.

Su padre.

Su hermana.

Iván.

Alexander.

Todos aquellos que habían formado parte de su historia.

Pero faltaba alguien.

Su abuelo.

Alejandro bajó la mirada durante un instante.

—Ojalá pudieras estar aquí.

Entonces escuchó la música.

Levantó la mirada.

Y Elena apareció.

Vestida de blanco.

Caminando hacia él.

Alejandro sintió que todo alrededor desaparecía.

Solo podía verla a ella.

Cuando Elena llegó a su lado, sonrió.

—Hola.

Alejandro soltó una pequeña risa.

—Hola.

—¿Estás nervioso?

—Mucho.

—Yo también.

Se tomaron de las manos.

La ceremonia fue tranquila y llena de emoción.

No hubo grandes complicaciones ni momentos inesperados.

Solo palabras sinceras, lágrimas de felicidad y las personas que realmente importaban para ellos.

Cuando llegó el momento de decir sus votos, Alejandro miró a Elena a los ojos.

—Te prometí que nunca volverías a enfrentar los problemas sola. Hoy quiero renovar esa promesa. Quiero caminar contigo durante toda nuestra vida.

Elena tomó aire, emocionada.

—Y yo te prometo que, pase lo que pase, siempre voy a recordar todo lo que tuvimos que superar para llegar hasta aquí.

Después de intercambiar los anillos, se miraron durante unos segundos.

Y finalmente escucharon las palabras que habían esperado.

—Los declaro marido y mujer.

Alejandro sonrió.

Elena tenía los ojos llenos de lágrimas.

Se abrazaron y se dieron su primer beso como esposos.

Todos aplaudieron.

Iván fue uno de los primeros en acercarse.

—Finalmente, señor CEO.

Alejandro soltó una carcajada.

—Gracias por venir.

—No me habría perdido esto por nada.

Alexander también los abrazó.

—Felicidades a los dos.

Aquella noche celebraron juntos.

No importaban los años de dolor que habían quedado atrás.

No importaban los secretos.

Esa noche solo existía la felicidad de haber llegado hasta allí.

Pasaron dos años.

La vida de Alejandro y Elena había cambiado nuevamente.

Ahora ya no eran solamente esposos.

Eran padres.

Alejandro jamás había imaginado que algún día sentiría una felicidad tan grande.

Una mañana, estaba sentado junto a Elena en la habitación de sus hijos.

Dos pequeñas cunas estaban una al lado de la otra.

En una dormía un niño.

En la otra, una hermosa niña.

Alejandro los observó emocionado.

—No puedo creer que tengamos dos.

Elena sonrió.

—Yo tampoco.

Alejandro tomó suavemente la pequeña mano de su hijo.




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