Me llevó a su habitación. Al parecer, Lucifer no vivía solo en el castillo imperial. El demonio de la pies blanca no era diferente solo por su pelo grisáceo, piel pálida, orejas de elfo y ojos azules de hielo, sino porque era tranquilo.
Su habitación estaba pintada en colores turquesas y azules verdosos, manteniendo la estética oriental. Se sentó en un cojín y me sirvió una infusión en una bonita taza.
-Siéntate a gusto. Soy Zyran, por cierto.-se presentó con un tono suave.
Zyran parecía de todo menos agresivo. Tomó de su taza con delicadeza y observé su belleza. Parecía una de esas esculturas talladas en mármol que hacían los romanos. Sus ojos eran muy rasgados y gentiles.
-Eres muy diferente.
-Sí, soy un oni.-dio un sorbo a su taza con calma.-Una subespecie de demonio. Antes habían más civilizaciones, pero las guerras por falta de recursos acabaron con casi toda. En el Infierno hay sobrepoblación porque el Cielo manda a la mayoría de las almas humanas aquí ya que al parecer son pecadores. Eso sin contar las vidas nacidas aquí. Solo hemos quedado los bastardos y los oni.
Me reí por como llamó Zyran a los habitantes de Satania.
-Sí, les pega ese nombre.-dije entre risas.
-Lo sé, así se les llama de donde yo vengo por que son unos salvajes a veces.
Zyran inspiraba confianza, pero era demasiado pronto para confiar en él. Seguía siendo un desconocido para mí.
-¿Qué es lo que quieres? Ve directo al grano.
-Veo en ti unas grandes ganas de huir de aquí, de este mundo lleno de miseria.
-Si, durante el camino vi las calles llenas de suciedad y…Burdeles.-dije esa última palabra con un profundo asco.
-Y buscas algo más. ¿Venganza tal vez?
Esa palabras tan acertadas de Zyran me congelaron. Actué con normalidad, aunque el sudor frío lo notaba.
-Yo también quiero escapar de aquí y tomar venganza. Quiero arrebatarle el trono a Argansta ya que a ella no le pertenece la corona.-Zyran se mostró serio.-Sé que estás obligada a hacer esto. Nadie en su sano juicio se casaría con un demonio.
-Yo elegí esto. Tengo mis motivos.
-Pero no te habrías esperado que te tratasen como a una mascota.
-Zyran, son asuntos míos. No insistas.
-Y lo entiemdo, yo también tengo intereses. Quiero que seamos aliados, Collet. Los dos tenemos intereses muy parecidos.
Me disculpé y rechacé a Zyran. Me dirigí a la puerta y, cuando puse mis manos en el pomo de la puerta, Zyran dijos sus últimas palabras.
-Te mandaré una carta. Leéla y considera mi propuesta. Te esperaré aquí mañana para recibir tu respuesta.