Estaba en la habitación de Kiara, a pleno día. Jack, que miraba el jardín por la ventana, nos acompañaba. Yo estaba trenzando el cabello castaño de Kiara. Era suave y casi rizado.
-Tu padre lleva días escribiendo en ese cuaderno.
-Dñejale, Jack. Ya sabes que a mi padre le encanta vivir en su mundo.
Kiara permaneció quieta, mirándose las manos impaciente.
-¿Caín cómo es?
-Mi padre es un tío raro que le encanta ir a su bola y un padre cálido y cariñoso, pero demasiado sobreprotector y estricto cuando yo era más pequeña. Eso sí es muy solitario y distante con todos.
-Sí me acuerdo que montó un drama total cuando te hiciste un pequeño corte en el meñique cuando tú y Darío intentasteis abrir una lata.-me recordó Jack.
El nombre de mi hermano me entristeció demasiado.
-Perdón, Darío era buena persona.
-Demasiado.-suurré.-Papá era demasiado estricto con él también.
-Y tú siempre le has desafiado desobedeciéndola.-soltó Jack mirando el cielo.
Terminé de hacerle las trenzas a Kiara.Ella se miró en un espejo de mano y apareció un brillo en sus claros ojos azules, lo cual me confirmó que estaba satisfecha. Luego nos miró a los dos.
-¿Cómo era vuestra vida antes?
Jack se mostró melancólico. Miré directamente a su boca.
-No había magia.-decía mientras miraba sus ojos negros, tan bellos como era la oscuridad de la noche.-Era una vida rutinaria: despertarse, ir a la universidad, ir a trabajar por la tarde, estudiar las pocas horas que me quedaban y dormir. Después de vuelta a empezar y los sábados quedaba con Collet.
-¿Qué es una universidad?
-Digamos que es como una escuela para adultos dónde te especializas en una única profesión. Yo estudiaba marketing.-respondió Jack
-Ni idea de que es eso.-Kiara se sentó a mi lado.-¿Tú que estudiabas, hermanita?
-Yo pasé de estudiar. Nunca me gustó.
-Sí, siempre ha sido una pésima estudiante.
-Entonces debíais er ricos.
-¿Qué?¡No!-hice una mueca.-Kiara, en el mundo humano la mayoría estudiaba si quería, no era un lujo.
-Pues aquí en el Infierno lo es. Solo los nobles nos permitimos estudiar. Solo quien tiene oro puede tener bibliotecas en su casa. Y yo siempre doy clases en casa, como Kai.
Kiara suspiro cautivada en una escena imaginaria.
-Cómo me gustaría ver vuestro mundo.
Entonces vi la oportunidad que necesitábamos yo y Jack para nuestro plan. Era el momento idóneo.
-¿Y quién dice que no puedas?
-Collet...-me llamó Jack observándome con culpabilidad en sus ojos.
Kiara se asustó captando lo que yo estaba insinuando.
-No puedo, podrían descubrir de mi existencia. No tengo que salir del palacete, no debo.
-Eso me decía mi padre siempre cuando no me dejaba salir de casa a partir de las 10 de la noche. Siempre me escapaba.
Me acerqué a Kiara con naturalidad y complicidad.
-Prometo que nadie se dará cuenta...
La habitación de Kiara de encontraba en la última planta del palacete. Por si fuera poco, los guardias de Azazel vigilaban su propiedad a todas horas. No obstante, había algo que no nos podía detener: mi poder del tiempo. Lo detuve por una brevedad. Mi capacidad para usar la magia se veía limitada por ser medio humana; específicamente por la antimagia. Kiara desplegó sus majestuosas alas blancas y planeó llevándonos a nosotros hasta las murallas. A las afueras de la ciudad había casas de campesinos. Más bien eran chabolas. El tiempo volvió a trancurrir. Caminamos ocultos bajo capas.
-¿Cómo has aprendido a detener el tiempo?-me preguntó con un tono de voz un poco raro.
-Cuando estuve en La Nada, mi padre me enseñó eso entre otras cosas. Solo puedo tener visiones del pasado y futuro y parar el tiempo. Tampoco creas que pueda viajar en el tiempo o que pueda detener el tiempo cuando me dé la gana. La antimagia que hay en mí por ser medio humana limita mi poder anulándolo a la mitad. Aunque estaría guay. ¡Sería una diosa!-bromeé.
Mi vacile desapareció cuando vi como los ojos de Jack se habían oscurecido reflejando rechazo. Esos ojos negros que tanto me encantaban estaban clavados en mi, juzgándome como si fuese un peligro.
-¿Qué cosas ,Collet?-habló en un tono seco, casi distante.- Hay algo que no me dices.
Jack parecía verme como una desconocida. Esa mirada distante, frívola y desconfiada provocó en mi una mezcla de sensaciones: miedo, desconcierto, incertidumbre...Sentí frío. Solo temía a lo que él pudiese estar pensando.
Kiara nos llamó la atención y , a continuación, se aproximó a unos campesinos. Bajo la capa preguntó por unos teletransportadores. Esos demonios le contestaron, pero sospecharon de ella. Kiara era distinta incluso escondiéndose bajo una capa. Ella no encajaba en la sociedad demoníaca. Era una chica soñadora, llena de esperanza y optimismo en un mundo violento que había perdido mucho y sumergido en la miseria de sus seres egoístas.
Llegamos hasta una estructura circular con inscripciones grabadas en la piedra negra volcánica. Kiara pronunció unas palabras y apareció una luz.
-Esto son los portales que fueron creados por los serafines para desplazarse entre mundos de forma más efectiva y rápida.-hablé sola sin darme cuenta.
Jack, tras escucharme, volvía a lanzarme esa cruza mirada.
-Mi padre me enseñó muchas cosas.-dije con nerviosismo.
Jack fue el primero en pasar, ignorándome. Luego fue Kiara y , por último, yo. Ante nosotros se nos reveló un paisaje familiar de Londres, pero no era nuestra querida ciudad. Solo eran los restos de una civilización que caía en el olvido, una historia que contar de un paado borrado. Los edificios se caían a trozos y quedaban en ruinas, las sangres estaban vacías y los coches estaban destrozados. Era un verdadera escena postapocalíptica. No siendo uficiente, olía a muerto y los cadáveres putrefactos de las personas que fueron asesinadas seguían ahí, abandonados. Algunas lanzas de oro atravesaban cabezas, ojos, gargantas... Otros cuerpo estaban cortados a la mitad dejando al descubierto hilos de carne, tripas...