Entre las cenizas

23-Argansta

Esos dos últimos meses pasaron lentos. Lo que notaba era que mi padre se marchitaba. Se cubría el cuerpo con cada vez más ropa. Esas grietas en u piel empeoraban. No paraba de pensar cómo le vi ser devorado por las llamas. Por otro lado, Kiara estaba cada vez más apagada.

Faltaban tres días para visitar el reino vecino y me encontré a Kiara llorando en su habitación. Me asomé y había un completo caos. La madera sólida del suelo se había vuelto líquida, los mueble pesados de su dormitorio flotaban, sus libros escritos pasaron a ser un montón de hojas en blanco, su muñeca se convirtió en un juguete con una sonrisa espeluznante y sin ojos.

-Kiara.

Ella e giró a verme. Estaba destrozada.

-Collet...no olvido ese día que nos escapamos...-sollozó.-Los cadáveres, el olor a muerto...Toda una ciudad abandonada...

Intenté acercarme a ella, pero cuando ella me abrazó buscando consuelo, sentí que mi cuerpo se quemaba. La aparté de inmediato. Ella me miró confundida entre lágrimas.

-Me odio, hermana...¡Me odio, me odio, me odio! Aún me acuerdo de esos campesinos de las afueras de las murallas. Se veían tan frágiles...miserables.-Kiara se tiró ella misma del pelo.-Estamo en la mierda y yo vivo en una jaula de oro...-soltó una carcajada descontrolada, se había vuelto loca.-Este mundo es una pesadilla por culpa de los serafines y yo soy como ellos...¡No puedo ayudarles!¡QUIERO ACABAR CON EL SUFRIMIENTO DE MI PUEBLO!

Kiara chilló con sus fuerzas y pegó una fuerta patada. Todo tembló. Su poder había despertado.

Era la última noche antes de irnos. Todos estábamos reunidos en el salón. Azazel repasó el plan.

-Estaréis 4 días en el reino vecino, como huéspedes en el castillo de Akane. Recordad que debéis estar juntos en todo momento. Al cuarto día la boda se celebrará.

El rostro de Jack se ensombreció ante la idea de la boda.

-Usar todo lo que os a enseñado Zyran para caerle bien a la reina Argansta y tras la boda-

-El pacto se terminará.-interrumpimos yo y Kai a Azazel.

Los do queríamos librarnos del uno y el otro. Miré a Jack. No le iba a tener a mi lado, no estaría a su lado para protegerle. Kiara nos hechó un reojo a los dos.

-¿Podemos ir yo y Jack también?

-No.-respondió Miyuki de inmediato.

Kiara, de un salto se levantó. Todo el palacete se tambaleó y grietas aparecieron por las paredes. Mi padre puso los ojos en blanco.

-¡No es justo!-protestó Kiara.-¡¿Por qué tengo que vivir encerrada?!

-Ya basta.-la voz de mi padre impuso orden.

Aparecieron esas criaturas humeantes que usó una vez para intimidar a Kai. Sus ojos se iluminaron, había algo encendido en él.

-Veré que puedo hacer, pero cálmate Kiara.

Azazel lanzó una mirada a mi padre, fulminándole con los ojos.

-Kiara no vendrá.

-¿Prefieres que manifieste su poder ahora?

No estaba en sus planes. Esto no debía pasar para ellos, aunque sí para nosotros. El plan D estaba puesto en marcha. A la mañana siguiente me encontraba en una sala apartada. Leí un libro de magia de destrucción, la que era necesaria para alterar mi aspecto para parecerme más a un demonio. Era inútil, mi condición humana me impedía ir más allá del control del tiempo y hacer un hechizo simple. Eso era todo lo que podía hacer. Todo tipo de magia que no fuese el del tiempo se anulaba por mi antimagia.

Mi padre, con una piel más bronceada, ojos tétricos y cuernos a los costados de la cabeza, me observó. Estaba en la puerta, apoyado y agarrando su cuaderno.

-¿Problemas? No te empeñes.

Con un simple gesto cambió mi apariencia a la de un ser de sangre caliente. Vi a mi padre, que bajo el aspecto de un demonio se seguía viendo cada vez más pequeño. Sus grietas empeoraban. No pude evitar recordar como era devorado por el fuego de mi visión.

-¿Jack vendrá?

-Sí, tal y como quería Kiara. No esperaba que manifestase su poder.

-¿Vas a perder ese poder también?

-No, Collet. Nací con ese don.-dijo mi padre refiriéndose a la magia específica que los serafines emitían, porque unos pertenecían a una magia, otros a otra...-Lo único es que ella no sabe controlarlo y ,por el más mínimo descontrol que tenga, podría desatar un desastre...

La hora llegó. Subimos en carruajes tirados por aves fénix. El viaje hacia el reino vecino no duró más de una hora. El reino de Argansta parecía más limpio en las cercanías al palacio real, pero las afueras de la ciudad era aún peor que Satania. Ya no eran ni casa en condiciones. Eran ruinas.

Lo que más brillaba era el palacio, teñido de azul. Todo el reino estaba sumergido también en arquitectura nipona, solo que con cinceladas de azules verdosos. Zyran fue lo primero que pensé.

Bajé del carruaje y tres damas se dirigieron hacia mí, ignorando al resto. Su majestad tenía un cabello rizado turquesa envidiable que parecía fuego. De hecho era una llama serena. Sus ojos eran del color del hielo y crueles, su piel era tan planca e impecable que parecía porcelana. Sus labios pintados de azul turquesa me hablaron. Llevaba un vestido largo zafiro con símbolos en él que se arrastraba por el suelo.

-Hola, Collet. Por fin nos encontramos.

Me dio la mano y la estreché. Su mano era fría,más que la nieve, más que el hielo. Era la mima sensación que tuve en mi sueño. Kiara encendió un fuego en sus manos. En el reino de Argansta hacía frío. Era lo opuesto a Satania...Los onis eran criaturas gélidas.



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En el texto hay: #demonios, #fantaiaoscura, #romantasy

Editado: 13.01.2026

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