Al día siguiente fui a los aposento de la reina Argansta. Akane estaba sentada a su lado. Durante el recorrido por palacio que hice para llegar a su dormitorio, no había visto a ningún hombre. Solo habían mujeres.
-Buenos días, alteza.
-Llámame Argansta, Collet.
M e indicó que me sentase a su lado. Ella miraba al mosaico de un hombre.
-Era mi padre.
-Parecía poderoso.-dije analizando la glorificación de ese desconocido.
-Y lo era, pero era un necio con mi madre. ¿Te sientes cómoda con Kai?
-Sí,¿por qué?
-Solo curiosidad.
Se levantó y acarició el pelo de Akane. Ella se estremeció ante el ligero contacto de Argansta. La reina dio vueltas por la habitación sin quitarme ojo de encima.
-Me eres muy curiosa.
-Y vuestro reino también.
-Debes estar sorprendida porque hay pocos hombres.-presupuso ella acertando.
Yo asentí con una sonrisa. En los despiadados ojos de Argansta se reflejó un brillo de un sentimiento que conocía de sobra: odio.
-Mi padre maltrataba y menospreciaba a mi madre. Hasta hace poco este reino infravaloró a las mujeres, pero las cosas han cambiado. Miyuki está siempre detrás de Azazel, no es un destino que me gustaría tener.
Miyuki y Azazel se amaban según me había contado Jack una vez.
-Sabes, tal vez odie a los hombres porque en este reino siempre se nos ha mandado a guardar silencio y se nos pegaba si no nos comportábamos como debíamos.
Pensé en el gobierno de Satania. No había mujeres en las posiciones más altas. No obstante luego pensaba en Azazel. Miyuki le mandaba algunas veces y siempre había tenido libertad para moverse en el castillo. Luego pensaba en los burdeles que habían en la ciudad. Por último pensé en lo protector que era Kai con Kiara, lo respetuoso que había sido Azazel conmigo de alguna forma y como Zyran quería que fuese su hija quien reinara. Mi padre, que ocultó a Kiara y a mí me retuvo con él.
-Quiero entenderte, ¿por qué te casarías con alguien como Kai? Le conozco y es un capullo de primeras. Collet, convénceme de no declararles la guerra a Satania.
Esos ojo de hielo me observaban con suma curiosidad. Tenían odio hacia los hombres. Argansta estaba consumida por ese odio. Ese mismo odio lo tenía yo hacia los demonio, lo ángeles...Hacia mi padre...
-Porque algunos si aman...Y también quieren cambiar este mundo para sus esposas, hermanas e hijas... Por eso tienes que evitar la guerra entre vosotros. Porque toda la miseria viene de los que están arriba, Argansta.-señalé el sol del mosaico.
Argansta se quedó observando hacia dónde mi dedo índice señalaba. Ella sonreía y asentía, pareciendo entenderme.
-Si tenéis conflictos entre vosotros mataros, pero no metáis a una sociedad entera por vuestros problemas.
-Collet, eres realmente una mujer valiente y valiosa. Mi respuesta es un sí.
Ese segundo día pasó rápido. Vi a mi padre un par de veces, pero no llegamos a intercambiar palabras. Él e quedó con ese cuaderno, escribiendo en él. Jack estaba en mi habitación para finales del día. Kiara estaba a su lado. Entré despacio.
-¿Seguro que estarás bien?-le preguntó ella.
-Sí. Solo quiero que esto acabe y escapar. Kiara...Hazme caso, por favor. Collet... es lo que más me importa en este mundo
Esas palabras me ablandaron. Al parecer estaba convenciendo a Kiara para desatar ese caos al este del palacio. Saludé de interrumpiéndoles. Jack se sobresaltó demasiado y no me miró de inmediato. Apuntó con los ojo a la pared.
-Hola, Kiara.
-Hola hermanita.
Ella vestía un hermoso vestido de un color azul celeste.
-¿Te gusta? Es lo que me pondré para la boda.
-Te queda genial.
Ella dio una vuelta de 360 grados para enseñarme su conjunto por completo. Después se acercó a mí.
-Estarémos juntas por siempre. Independientemente de lo que pase.-sujetó su collar.-¿Lo prometes?
-Lo prometo.
Al día siguiente, cuando salí de mi habitación sentí un golpe fuerte en la cabeza. Caí al suelo y quedé incosciente. Cuando abrí los ojos, tratando de recordar, vi unos barrote de hiero. Kai estaba a mi lado, en una misma celda. Akane estaba en otra. Los dos tenían cuerdas que les detenía. Escuché el taconeo de unos zapatos. También había unos pasos más pesados. Vi a una mujer de cabellos dorados lisos y largos que llegaban hasta el suelo. Vestida con una toga blanca, aleteó sus seis alas de plumas blancas y me contempló con los mismos ojos claros que Kiara tenía. Era alta y esbelta, era alguien que ya había vito en visiones del pasado: Solana. A su lado le acompañaba Mefistófele. Quedé en shock.
-Lo siento Collet.-se acercó a mí y me quitó el broche.-Supe desde el primer día que eras peligrosa. Nadie sano de la cabeza se deja pisotear como tú lo has hecho sin una buena rezón. De alguna manera tenía que vigilarte.
-Traidor...
Solana se acercó a mi y me cogió de la babilla, clavando sus uñas en mis mejillas. Deshizo la magia de mi padre que me mantenía transformada en un demonio. Al fin y al cabo seguía siendo humana. Solo tenía la apariencia de un demonio.
-Eres idéntica a tu padre.
Me obligó a mirarla a los ojos. Cada uno de mis recuerdos. Sabía dónde estaba Kiara, dónde estaba mi padre y que él tenía las gemas de la destrucción y el tiempo.
-Te mataré Solana...¡Con mi propias manos te decapitaré!
-¿Y cómo piensas hacerlo niña? Ya has perdido. Ni siquiera puedes usar tu magia por completo porque eres una simple humana.
Soltó una maléfica risa. Se alejó. Mefistófeles fue tras ella. Yo estaba retenida por simples cuerdas porque era suficiente para mantenerme atada. Kai y Akane estaban, seguramente, retenidos por cadenas que provenían de alguna magia divina celestial. Me sentía pequeña, inútil. Lloré por ello: porque en el fondo seguía siendo una humana insignificante.