Tras la clase, Valentina se acercó a Alejandro para hacerle algunas preguntas sobre su carrera. Él, sorprendido por la intensidad y la curiosidad de la joven, se tomó el tiempo para responder cada una de sus inquietudes. Así comenzó una serie de encuentros que se convirtieron en algo más que simples tutorías académicas.
A medida que pasaban las semanas, Valentina y Alejandro comenzaron a compartir momentos fuera del aula. Se encontraron en cafeterías cercanas, donde discutían casos legales y compartían sus sueños. Alejandro admiraba la pasión de Valentina por la ley y su deseo de marcar la diferencia en el mundo. Por su parte, Valentina veía en Alejandro no solo a un mentor, sino a un hombre con una profundidad emocional que la atraía.
Una noche, mientras caminaban por las calles iluminadas de la ciudad después de una larga jornada de estudio, Valentina se detuvo frente a un mural vibrante. "¿No crees que el arte también tiene su propia forma dEn el bullicioso corazón de la ciudad, donde los rascacielos se alzaban como gigantes de cristal, se encontraba la prestigiosa firma de abogados "López Asociados". Entre sus pasillos y oficinas modernas, trabajaba Alejandro López, un abogado brillante de 35 años, conocido por su aguda mente y su ética impecable. Sin embargo, su vida personal era un laberinto de soledad; había sacrificado mucho en su carrera y, aunque disfrutaba de su trabajo, sentía que algo faltaba.
Por otro lado, en la misma ciudad, Valentina García, una estudiante de derecho de 23 años, soñaba con convertirse en abogada. Era apasionada, inteligente y tenía una chispa que iluminaba cualquier habitación. Había crecido en un barrio humilde y sabía que la educación era su única salida. Se esforzaba al máximo en sus estudios, pero a menudo se sentía abrumada por la presión.
Un día, durante una clase magistral sobre derecho penal, Valentina se encontró con un invitado especial: Alejandro López. Su presencia era magnética y su forma de hablar cautivadora. La forma en que desglosaba los casos y explicaba las leyes le hizo sentir una conexión instantánea. Mientras él hablaba, Valentina tomó notas fervientemente, sintiendo que cada palabra resonaba en su corazón.
e justicia?", preguntó ella. Alejandro sonrió, admirando su perspectiva única. "Tal vez el arte y la ley no sean tan diferentes", respondió. En ese momento, sus miradas se encontraron y el aire se volvió denso con una tensión palpable
Editado: 06.01.2026