Decidieron dar el salto y comenzar una relación clandestina, manteniendo las apariencias ante sus compañeros y colegas. Cada encuentro era un torbellino de emociones; disfrutaban cada momento robado juntos.
Sin embargo, a medida que avanzaba el tiempo, comenzaron a enfrentar desafíos: rumores en la universidad y miradas inquisitivas entre sus compañeros hacían que cada encuentro fuera más complicado.
Un día, mientras revisaban documentos en la oficina de Alejandro, escucharon un golpe en la puerta. Era uno de los socios de la firma. Ambos se miraron con preocupación; sabían que debían actuar con cautela.
"¿Están trabajando juntos?", preguntó el socio con una ceja levantada. Alejandro sonrió nerviosamente mientras Valentina intentaba mantener la compostura.
"Sí, estamos revisando algunos casos", respondió Alejandro rápidamente. El socio asintió pero no pudo evitar lanzarles una mirada sospechosa antes de salir.
Editado: 06.01.2026