Entre las sombras del amor

Capitulo nueve

Entre suspiros y miradas

Nicolás lo despertó la lluvia, Elena lo sabía porque cada vez que el cielo se oscurecía así, algo en su vida terminaba rompiéndose.El despacho olía a alcohol y sangre reciente habían atendido soldados heridos durante horas. Los muertos ya se los habían llevado el silencio posterior era más insoportable que los gritos.

Nicolás estaba de pie frente a la ventana,Inmóvil Observando el castillo como si estuviera memorizándolo.—No me mires así —dijo Elena al notar su tensión—. No voy a irme.

Él no respondió de inmediato.

—¿Sabes qué representa un castillo? —preguntó al fin, con voz baja—Ella frunció el ceño.—Hogar—Nicolás negó lentamente.—Poder—Se giró hacia ella, y en sus ojos no había ternura… había cálculo y poder.—Mi familia perdió todo en el Alcázar de Segovia. No por debilidad. Por confianza.

El nombre cayó como un presagio.

—¿Por qué mencionas eso ahora? —susurró Elena,Nicolás caminó hacia ella sin apartar la mirada.—Porque están esperando que cometamos el mismo error.El enemigo no quería solo territorio,quería humillar,quería destruir el el poder,y Elena era eso,poder ella lo miró con desafío.

—Este es mi hogar—Él se detuvo frente a ella.—Y por eso lo quieren quemar—El silencio fue denso.—¿Qué propones? —preguntó ella, aunque temía la respuesta.

Nicolás no dudó.

—Nos vamos.—¿A dónde?—Sus labios apenas se curvaron.—A Nueva York.—Elena retrocedió un paso.—¿Estás hablando en serio? No quiero volver otra vez aya y dejar mi palacio dejar a Alcázar—A Manhattan —añadió con firmeza—. Allí tengo lo que aquí no: control.

Ella negó con la cabeza.

—Eso es huir.

Nicolás acortó la distancia hasta que su respiración chocó con la de ella.

—No huyo, Elena. Cambio de estrategia—Su mano rodeó su cintura con firmeza. Posesivo. Protector.—En esta tierra somos vulnerables,en Manhattan nadie me desafía sin pagar el precio Elena sintió el conflicto en su pecho.—No quiero dejarlo todo.—No lo estás dejando —susurró él, rozando su oído—. Lo estás preservando.

Un trueno sacudió los vitrales.

La puerta se abrió bruscamente. Uno de los hombres de seguridad apareció, pálido.—Señor… detectamos movimiento en los límites. No son curiosos. Son hombres armados.

El corazón de Elena se detuvo un segundo.

Nicolás no.

Solo la miró.

—¿Ves? —dijo con calma peligrosa—. Ya empezó—Tomó su teléfono.—Preparen el avión. Salimos en una hora—Elena lo sujetó del brazo.—¿Y si esto es una trampa?

Nicolás inclinó el rostro hacia ella, sus ojos oscuros brillando con algo feroz.—Entonces aprenderán lo que significa perseguirnos. Se apartó, pero antes de salir, la sostuvo del mentón,y la beso con una ternura,hasta quedar sin aliento—España es historia… pero Manhattan será nuestro dominio. Se que dejar Alcázar y forent es difícil Pero hazlo por lo demás,hazlo por la gente de Marsella

La lluvia golpeaba los muros,Elena miró por última vez el castillo,No estaban huyendo estaban trasladando la guerra.Y esta vez… no habría traición desde dentro.

....

El jet atravesaba las nubes como una bala silenciosa las luces de la cabina estaban bajas,Doradas,Íntimas el piloto y el copiloto estaban completamente aislados en la cabina delantera. La puerta cerrada. El intercomunicador desactivado,Nicolás se aseguró de eso antes de levantarse,Siempre calculando,Siempre controlando .Elena lo observaba desde el asiento de cuero, el cinturón aún ajustado a su cintura. Su respiración no era estable. No después de todo lo que habían dejado atrás.—¿Ya revisaste que nadie pueda entrar? —preguntó ella, con una mezcla de desafío y algo más oscuro,Él sostuvo su mirada.—Nadie interrumpe lo que es mío.

Esa palabra hizo que algo en su interior se encendiera,El avión vibró levemente por una corriente de aire. Elena tragó saliva.Nicolás caminó hacia ella con pasos lentos, medidos. No había prisa. Había intención,Desabrochó el cinturón de seguridad con un clic suave.Sus dedos no se retiraron de inmediato,Se quedaron allí,Rozando,Elena inhaló más profundo.—No deberíamos… —murmuró, aunque su cuerpo no se movía para apartarse.

—No deberíamos estar huyendo —corrigió él en voz baja—. No deberíamos estar siendo perseguidos. No deberíamos estar dejando nuestro hogar—Su mano subió lentamente por su cintura.—Pero estamos—La levantó del asiento sin esfuerzo. La sostuvo contra él. La presión de su cuerpo firme contra el suyo la hizo jadear sin querer.

El sonido fue pequeño.

Pero Nicolás lo escuchó.

Y sonrió.

La llevó hacia el fondo del jet, donde una pequeña sala privada quedaba fuera del ángulo de cualquier posible mirada si alguien salía de la cabina.

Cerró la puerta corrediza.

Seguro.

El mundo quedó reducido a respiraciones,Elena lo empujó contra la pared primero esta vez.—No me mires así —susurró.—¿Así cómo?—Como si ya supieras cómo termina esto—Él inclinó la cabeza.—Porque lo sé—Sus labios descendieron por su cuello con lentitud calculada. No era un beso apresurado. Era un recorrido. Una exploración que hacía que su piel reaccionara bajo cada contacto. Y que le encantaba de todas las maneras posible,de como ella producía ese efecto en el.




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