El hospital seguía siendo aburrido... pero al menos Fifi estaba a mi lado, hecha un ovillo contra mi pierna, y Reik no dejaba de escribirme por WhatsApp.
Así, el tiempo pasaba un poco más rápido.
Mi chico de lentes:
¿Ya te dormiste?
Una sonrisa se dibujó sola en mis labios.
Iris:
No. Estoy aburrida. Pensaba ver una película.
Mi chico de lentes:
¿Sola?
Iris:
No... tengo compañía.
Mi chico de lentes:
Dale un besote de mi parte.
Iris:
Sabes que es injusto que coquetees con ella frente a mí.
Mi chico de lentes:
Es que... ¿cómo evitarlo? Ella es encantadora.
Rodé los ojos.
Iris:
Eres un idiota.
Mi chico de lentes:
Pero, princesa, tú eres la número uno.
Iris:
Eso se supone que debería hacerme sentir mejor.
Mi chico de lentes:
Te amo, Iris.
Mi pecho se apretó un poco.
Iris:
No te creo.
Mi chico de lentes:
¿Te gustaría ver una película el viernes?
Iris:
¿Solo una película?
Mi chico de lentes:
Película, palomitas, refresco, helado, algodón de azúcar y...
Mi chico de lentes:
Muchos besos.
Sonreí.
Iris:
Solo voy por la pizza y el azúcar.
Mi chico de lentes:
Trato.
Iba a responderle cuando el teléfono vibró otra vez.
León.
Suspiré, cansada.
Contesté solo porque ya empezaba a molestarme.
—Hola, Iris... ¿podemos hablar? Solo cinco minutos.
—Si hablo contigo, ¿me dejarás en paz? —pregunté sin rodeos.
—Sí.
—Está bien... ¿por teléfono?
—Estoy frente al hospital. Sal y hablamos aquí.
Me tensé.
—¿Cómo sabes que estoy aquí?
—Fui tu novio, Iris.
Cerré los ojos un segundo.
—Está bien... ya salgo.
Colgué.
Dejé a Fifi dormida y me escabullí sin que mi mamá me viera.
León estaba apoyado contra su moto, esperándome. Caminé hacia él con el estómago revuelto.
—Aquí estoy.
—¿Quieres comer algo? —preguntó.
—No, gracias.
Me miró con reproche.
—Ahora no puedes darme ni una salida... pero cuando éramos novios salías con él a escondidas.
Suspiré.
—No es por eso, León. Ya comí con mi mamá.
No me creyó, pero lo dejó pasar.
—Quería enseñarte algo.
Sacó su teléfono y me mostró una foto.
Era un niño.
Muy bonito.
De unos dos... quizá tres años.
Fruncí el ceño.
—¿Y...?
—¿No se te hace conocido?
—León, si esto es uno de tus trucos para molestar a Reik, en serio ya estás cansando.
Me miró serio.
—No. No es eso.
Tragué saliva.
—Sé que fui un monstruo contigo, pero—
—Es tu hermano —me dijo de golpe.
Sentí que el mundo se detenía.
—¿Qu...e...?
—Esta chica me escribió —continuó, pasando a otra pantalla—. Me dijo que era tu mejor amiga. Que quería encontrarte. Que se enteró de que yo era tu novio... y me contó todo.
No.
No podía ser.
Estaba ahí, escuchando... pero sin escuchar realmente.
Como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo.
—Siento mucho todo lo que tuviste que pasar —dijo—. Ahora entiendo muchas cosas. Pero ella quiere verte, Iris. Quiere hablar contigo.
No respondí.
León se acercó y me abrazó.
—Lo siento tanto... Yo le expliqué que no era tu novio, pero no me cree. Me ha estado escribiendo, llamando... solo quiere disculparse contigo.
El abrazo me tomó por sorpresa.
No lo devolví.
Mis brazos se quedaron rígidos a los costados, como si no me pertenecieran.
—Leon... —murmuré, apenas.
Él se separó despacio, mirándome con una mezcla rara de culpa y necesidad de redención.
—No sabía nada, Iris. Te lo juro. Si lo hubiera sabido antes... —negó con la cabeza—. Nunca habría reaccionado como reaccioné contigo.
La imagen del niño seguía grabada en mi mente.
Dos o tres años.
Ojos grandes.
Una sonrisa idéntica a la mía cuando era pequeña.
—Dices... —tragué saliva— ¿dices que esa chica es...?
—Dice que fue tu mejor amiga —respondió—. Que te conocía desde antes.
Un nudo se formó en mi estómago.
—¿Cómo se llama? —pregunté, aunque una parte de mí ya tenía miedo de la respuesta.
Leon bajó la mirada a su teléfono.
—Nancy.
Sentí que el suelo se movía.
Nancy.
La misma Nancy que fue mas que una amiga fue como mi hermana
La que decía entenderme.
La que destruyó nuestra amistad sin mirar atrás.
La que me había hecho tanto mal a mi familia
—No... —susurré—. Eso no tiene sentido.
—Ella dice que ese niño tiene derecho a conocerte—continuó Leon, con cuidado—. que tu mereces la verdad.
Mi corazón empezó a latir tan fuerte que me dolía el pecho.
—Eso es mentira —dije, más para convencerme que a él—. tiene que ser mentira.
Las palabras se me quebraron.
León dio un paso más cerca, acaricio mi brazo.
—Ella no parece querer hacerte daño —dijo—. Solo quiere hablar contigo. Dice que quiere disculparse... por todo.
Reí.
Una risa corta, incrédula, casi histérica.
—¿Disculparse por qué? —pregunté—. ¿Por aparecer en mi vida luego de estos años? ¿Por usar a un niño para... lo que sea que esté intentando?
León suspiró.
—Iris tu decides —me miró—. solo soy el mensajero, pero creo que tu mereces la verdad.
El silencio cayó entre nosotros.
—Puedo pedirte un favor —dije de pronto— guárdame ese secreto
—¿No quieres que tu mama sepa?
—No mi mama ya ha sufrido demasiado —respondí—. Y yo tampoco quiero verla.
#462 en Otros
#195 en Humor
#1595 en Novela romántica
humor, amistad amor ilusion tristeza dolor, humor aventura secretos y traciones
Editado: 30.01.2026