Entre Lentes y Algodones de Azucar

Capitulo 48: Limites.

El video de YouTube se reproducía una y otra vez, tratando de explicarme cómo se hacía el bendito proyecto de Biología.
No es que fuera difícil... es mi mente la que no coopera.
Estoy tan tonta que ayer ni siquiera pude pasar una buena tarde con Reik, y de la noche ni se diga: cancelé la cita de la ventana.

Mi chico de lentes:
—¿Cómo va el proyecto?

Iris:
—Casi, casi.

Mi chico de lentes:
—¿Qué te falta?

Iris:
—Todo.

Mi chico de lentes:
—¿Necesitas ayuda?

Iris:
—No, amor, estoy bien.

Mi chico de lentes:
—Estoy aquí para lo que necesites, preciosa.

Y agrrr, me odié.
Me odié porque me sentía horrible conmigo misma.
Porque simplemente no le contaba la verdad.
¿Por qué es tan difícil?

Pasé el día entre intentar hacer ese estúpido proyecto y odiarme por todo.

El día siguiente fue peor.

Estaba de un humor horrible, y todo porque mañana llegaba esa bruja, y por su culpa llevaba dos días en una especie de tira y afloja con Reik.
Cada vez que lo veía solo quería quedarme en sus brazos, no responder preguntas.
Él no las hace... y lo agradezco.
Pero mierda, es horrible sentirse así.

Reik es tan increíble que hoy, cuando tenía que entregar el proyecto de Biología, ¿adivinen qué pasó?
Sí.
Él lo hizo completo.
Me lo envió terminado, listo, perfecto.
Solo tuve que poner mi nombre y pum: 10/10.

¿Y qué hice yo?
Nada.
Un solo mensaje de gracias.
Gracias.
Nada más.
Ni siquiera fui a verlo.

Estos días él ha ido solo a terapia... bueno, con su papá.
¿Y yo?
Adivinen.
Sí.
Con León.

Suena loco, pero es quien me entiende en estos momentos.
Quien me ayuda en esta crisis.

—¿Quieres que te acompañe a casa? —me dijo León al salir.

—No es necesario.

—Vamos, te llevo.

—En serio, no es necesario, pero muchas gracias.

—¿O es que no quieres que te vean conmigo?

—León, no empieces. Solo no es necesario. Estoy bien caminando.

—¿Segura? ¿O es por él?

—¡Agh! Está bien, León. Vamos.

Me subí a su moto y dejé que me llevara a casa.

Se detuvo frente a la entrada, me entregó el casco y bajé.

—Muchas gracias por traerme.

—No es nada. ¿No olvides llamarme cuando estés lista?

Lo miré, confundida.

—Iris... para ir a ver a tu ex mejor amiga.

—Ah... sí. Gracias, León.

Se acercó un poco más de lo necesario.
Subió la mano y acarició mi mejilla con demasiada confianza.
Sentí cómo bajaba el rostro, lento, calculado.

Antes de que sus labios tocaran los míos, giré la cara.

Su boca rozó apenas mi mejilla.

Él se separó despacio, como si nada hubiera pasado.
Sonrió.
Esa sonrisa que no pedía permiso.

—Ten una linda tarde, Iris.

Y se fue, dejándome con esa sensación incómoda en el pecho...

Cerré la puerta detrás de mí y apoyé la espalda en la madera.

No pasó nada, me dije.

Solo fue... un gesto torpe.
León siempre ha sido así, cercano, confianzudo.
Tal vez yo exageré.

Caminé hacia mi habitación intentando sacudirme esa incomodidad que se me había quedado pegada a la piel.
Si no hubiera girado la cara, ¿habría pasado algo?
No.
Claro que no.

Él sabía que yo tenía novio.
Lo sabía.

Me quité los zapatos y me senté en la cama, respirando hondo.
No quería pensar más en eso.

Además, León me había ayudado.
Había estado ahí cuando yo estaba confundida, cuando todo me pesaba demasiado.
No podía ser mala persona... ¿verdad?

Tal vez solo estaba recordando lo que fuimos.
Tal vez yo malinterpreté todo.

Sí.
Eso era.

Porque si empezaba a verlo como algo más, como algo incorrecto, entonces tendría que hacer algo al respecto.
Y yo no tenía fuerzas para otro problema más.

Así que lo guardé en el mismo lugar donde había puesto todo lo demás últimamente:
bien al fondo,
donde no doliera,
donde pudiera fingir que no existía.

la puerta se abrió de repente, mi mamá entró.

—Tú y yo vamos a hablar.

Pegué un salto.

—Mami, me asustaste.

—Nada de mami.

—¿Qué hacías montada en la moto de ese muchacho?

—Es León.

—Sé muy bien quién es.

—Solo me trajo a casa.

—Iris, soy tu madre. ¿Crees que soy tonta?

—Mamá, en serio, solo me trajo. Es mi amigo.

—Creo que fue un error dejarte ser novia de ese muchacho... y luego aceptar tu noviazgo con Reik.

—¿Pero qué dices, mamá?

—¿Cómo que qué digo? Llevas días extraña. Pasas más tiempo en casa de Reik que aquí. Hay días que ni vas a buscar a Fifi. Te he visto hablar con ese muchacho a escondidas, te mensajeas con él... y no lo niegues.

—¿Iris... acaso tú todavía quieres a ese muchacho y no...?

—¡NO! —grité.

Ella me miró sorprendida.

—No me grites.

—Perdón, mamá. No es lo que piensas. León es solo un amigo, nada más. Me gusta Reik, lo quiero mucho. Soy muy feliz.

Cruzó los brazos.

—Solo que... bueno... Reik y yo estamos... discutiendo. Solo eso.

Mi mamá me miró con seriedad.

—¿Iris, piensas mentirme a mí otra vez?

Suspiró.

—Mira, hija, sé lo complicado que es el amor a tu edad, pero en realidad no se complica solo. Nosotros lo hacemos cuando no sabemos darnos un lugar ni dárselo a quienes lo merecen.
Si tú quieres a Reik y él te quiere a ti, se van a respetar.
Y ojo, no digo que no puedas tener amigos. Claro que puedes. Pero solo a los que en verdad te respeten.

—León lo hace.

—¿Segura? Porque yo vi cómo se te acercó en el porche y te besó la mejilla sin tu permiso. Y si no mueves la cara, te roba un beso.
Eso no es respeto. Él sabe que tienes novio. Él ya es pasado.
¿O no es pasado, hija?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.