El miedo que sentí al hablar con Nancy o al contarle todo a mi madre no se comparaba con el que me estaba atravesando ahora.
Hoy iba a hablar con Reik.
Y no... no estaba un poco nerviosa.
Estaba temblando. Literalmente temblando.
Habían pasado apenas cinco minutos desde que llegué a su casa.
Su padre me recibió con una sonrisa amable y me dijo que Reik estaba tomando un baño; acababa de volver de terapia.
Me ofreció un jugo y yo lo acepté, aunque dudaba que mis manos me permitieran sostener el vaso sin que se me cayera en cualquier momento. Me temblaban tanto que el líquido vibraba conmigo.
Pensé que ese día había tocado fondo...
sin saber que aún quedaba una verdad capaz de romperlo todo.
Mi madre se había ido a trabajar tranquila. Me prometió que hoy mismo pediría la cita con la psicóloga.
Le dije que pasaría la tarde en casa de Reik.
Me deseó suerte.
Y me dijo que, pasara lo que pasara, yo era la chica más bonita que existía.
Sé que lo dice porque es mi madre...
pero aun así me aferré a esas palabras.
—Lucha por lo que quieres, mi niña —me dijo antes de salir.
El padre de Reik volvió a entrar a la sala y del susto se me cayó el vaso.
—Lo siento, lo siento mucho —empecé a decir mientras me agachaba a recoger los vidrios.
Mis manos temblaban tanto que terminé cortándome un dedo.
—¡Au!
—Iris, deja eso —dijo enseguida.
—Lo siento, señor, yo...
—Tranquila —me interrumpió—. Solo fue un accidente. Yo me encargo.
—Puedo ayudar...
—No. Mejor ve con Reik. Ya te está esperando en el balcón. Yo termino aquí y luego salgo a una reunión.
Asentí.
Subí las escaleras temblando.
Cada escalón se sentía como si tuviera púas.
El camino se me hizo eterno.
Toqué la puerta y entré.
Reik estaba sentado en su silla, en el balcón, mirando al cielo.
Di un paso.
Él no se volteó.
Ninguno habló.
Sin decir nada, dejé un pequeño algodón de azúcar entre sus manos.
Él bajó la mirada, lo tomó.
—Gracias —dijo.
Yo solo asentí con la cabeza, y tome haciendo a su lado.
Ahora que estaba ahí, toda mi valentía había desaparecido.
Era como si me hubiera abandonado por completo.
Lo observé en silencio.
Su perfil.
Cómo fruncía el ceño.
Cómo movía las manos, un poco nervioso aunque intentara disimularlo.
Sus pestañas largas.
Sus labios, un poco mordidos, como si estuviera conteniéndose.
Su respiración rápida.
Lo guapo que era con esos lentes.
Lo dulce que se veía.
Y entonces entendí algo que no había querido admitir.
Reik me gustaba de verdad.
Y no... no era ese amor adolescente de mariposas y vértigo.
Con él me sentía segura.
Fuerte.
Bonita.
Con él no sentía nervios.
Sentía calma.
Con él no pensaba "¿y si se acaba?"
Pensaba "quiero todo contigo".
Con él no dudaba.
Sentía demasiado.
Lo amo.
Y mucho.
—Lo siento, Iris —dijo, sacándome de mis pensamientos.
—¿Ah? ¿Por qué lo sientes? —pregunté.
—Por no haber sido el novio que tú querías.
Sentí cómo una grieta se abría en mi corazón.
—Reik...
—Te juro que estos días lo pensé mil veces —continuó— y no encontré la fórmula. Dímelo tú... ¿qué me faltó?
—Nada —susurré—. No te faltó nada. Fui yo... yo dejé que mis miedos me dominaran. Yo dejé que te atraparan.
Me miró por primera vez.
Tenía los ojos aguados.
Eso abrió otra grieta dentro de mí, porque lo último que quería era lastimarlo.
—Yo te amo, Iris.
Me levanté de la silla, me acerqué y me arrodillé frente a él, quedando a su altura.
—Y yo te amo a ti —dije—. Perdóname por mentirte. Por dejarte en la oscuridad. Por no decirte lo que estaba pasando. Tenía tanto miedo... La última vez que te arrastré con mi pasado, te dejé en esa silla y yo solo...
Bajé la mirada al suelo.
Él me levantó el rostro con cuidado, acariciando mis mejillas.
—Iris —dijo en voz baja—. Yo solo quiero apoyarte. No importa lo que haya en tu pasado, en tu presente o en tu futuro.
Solo quiero acompañarte.
Respiré hondo.
Una vez.
Dos.
Si no lo decía ahora, nunca lo iba a decir.
—Hay algo que necesito contarte —dije al fin—. Y no sé cómo hacerlo sin que duela. Ya no quiero acularte nada mas.
Reik no retiró la mano de mi rostro.
—Dímelo igual —respondió—. Prefiero que duela pero que seas tu quien me lo diga..
Tragué saliva.
—Nancy apareció.
Sentí cómo su cuerpo se tensó apenas. No se apartó, pero lo noté.
—Mi ex mejor amiga —continué—. La que desapareció de mi vida sin explicaciones.
Reik frunció el ceño.
—¿La del pasado que te duele y que tu padre...?
Asentí.
—Ella... tuvo un hijo... con mi padre.
El silencio fue inmediato.
Pesado.
Real.
—¿Qué? —susurró.
—Tiene dos años —seguí—. Se llama Mateo, tengo un hermano Reik, uno que es de la traición de mi padre con mi mejor amiga.
Reik abrió la boca, pero no dijo nada.
—No sabía cómo procesarlo —admití—. Me dio miedo, Rabia, Asco, Tristeza, Confusión, Dolor, Todo junto. Sentí que el suelo se abría otra vez debajo de mí.
Respiré hondo otra vez.
—León, fue quien me dijo —dije—. Ella lo localizo, estuvo apoyándome cuando Nancy empezó a buscarme. El estuvo allí...
Vi cómo los ojos de Reik cambiaban. No de enojo... de alerta.
—No te lo conté —seguí rápido— porque tenía miedo de arrastrarte otra vez a mi pasado. Tenía miedo de que algo te pasara, no sabia que quería ella, porque volvía.
Mi voz empezó a temblar.
—El día que enfrenté a Nancy... no pude más. Se que pude decirte, pero Reik el miedo me estaba dominando y no veía, yo me derrumbé. Y León estaba ahí.
#462 en Otros
#195 en Humor
#1595 en Novela romántica
humor, amistad amor ilusion tristeza dolor, humor aventura secretos y traciones
Editado: 30.01.2026