Entre Líneas Y Miradas

CAPITULO 14

El lunes amaneció con el cielo encapotado y mi alma igual. Me miré al espejo antes de salir y me sentí diminuta, como si el mundo fuera demasiado grande para alguien como yo. Mi cabello castaño claro se revolvía en ondas indomables alrededor de mi cara, y mis ojos azules parecían pedir auxilio que nadie escuchaba. Me marqué un poco los pómulos para ocultar los círculos bajo los ojos y ocultar que no dormí bien. Otra noche pensando en Damián. En Carla. En lo que se venía.

Al llegar al colegio, supe que la tormenta había empezado.

Carla me miró de pies a cabeza con una sonrisa afilada y dijo, bien fuerte:

—¡Qué tierna viniste hoy! ¿Es tu cumpleaños o simplemente te vestiste como nena para que alguien te mire?

Las carcajadas de su grupo me perforaron los tímpanos.

Pero yo ya no era la misma.

—No vine para que me miren. Vine a estudiar. No como vos, que estudiás cómo joderle la vida a los demás —le dije sin tartamudear.

Melanie soltó un sonoro “¡BOOM!” mientras Ricardo disimulaba una sonrisa.

Carla frunció los labios. Me lanzó una mirada asesina.

—Vamos a ver cuánto te dura el coraje, “cuadernitos —susurró con veneno.

Pero antes de que pudiera responder, Damián pasó junto a ella, sin saludarla, sin mirarla, y fue directo a mí.

—¿Podemos hablar? —dijo sin rodeos.

Carla parpadeó como si no pudiera creerlo. El salón entero dejó de respirar.

Y yo, con el corazón galopando, solo asentí.

Caminamos hasta los jardines. El aire era fresco, las hojas crujían bajo nuestros pasos. Él no dijo nada por un rato. Se metió las manos en los bolsillos.

—Vi cómo te habló Carla —dijo por fin—. No me gustó.

Me encogí de hombros.

—No fue la primera vez.

—No debería ser nunca.

Me miró. Y había algo en sus ojos. No era indiferencia. Era rabia contenida, culpa… algo más.

—¿Por qué me buscás ahora, Damián?

Él se quedó callado.

—¿Porque soy “un amor”? —pregunté, con la voz rota—. ¿Porque soy fácil de dejar atrás? ¿Porque te acordaste de que existo después de que Carla me atacó frente a todos?

Él se acercó. Me tomó la mano. Me la soltó al instante, como si se arrepintiera.

—No sé en qué momento me convertí en un cobarde con vos —dijo, bajando la mirada—. No fue mi intención. Pero sí... fui eso. Un cobarde.

Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero no dejé que cayeran. No todavía.

—¿Y qué querés que haga con eso, Damián?

—Lo que quieras. Podés gritarme, odiarme… pero no podía seguir sin decirlo. Sin mirarte y admitir que me equivoqué.

Silencio.

Sus palabras eran dulces y dolorosas a la vez. Una parte de mí quería abrazarlo. Otra, quería correr.

Me fui sin decir nada.

Volví al salón. Me senté junto a Melanie. Ella me miró con una mezcla de curiosidad y compasión.

—¿Todo bien? —susurró.

Negué con la cabeza. No quise mentirle.

—¿Damián?

Asentí.

Melanie no dijo nada más, pero me tomó la mano por debajo de la mesa. Su calidez era un bálsamo.

Ricardo entró al salón y se sentó detrás de nosotras. Le guiñó un ojo a Melanie. Ella, aunque fingió ignorarlo, se mordió el labio. Se sonrojó. Y no te lo voy a negar, me alegró verla así. A pesar del caos, al menos uno de nuestros corazones tenía esperanza.

—Ey, Mel, ¿me prestás tu lapicera? —le preguntó Ricardo con una sonrisa ladeada.

—¿Solo por la lapicera me hablás?

—No. También porque me gusta verte molesta.

—Qué maduro —respondió ella, pero estaba riendo. Ricardo se inclinó y le susurró algo al oído que la hizo ruborizar aún más.

Y entonces… Carla entró. Más elegante, más altiva, más venenosa.

Se acercó a mi banco. Se agachó y me susurró al oído:

—Te juro que vas a arrepentirte de haberme respondido. Él es mío, y tú no eres nada.

No respondí. No esa vez.

Pero en cuanto se alejó, saqué mi cuaderno.

Entrada 257
Día gris. Alma gris.
Damián dijo que fue un cobarde. Y lo fue. Pero también me miró con algo que no sé si era amor, arrepentimiento o costumbre.
Carla me odia más que nunca.
Melanie y Ricardo se miran como si el mundo no importara.
Yo solo quiero que alguien me elija y no me suelte.
Solo eso.
¿Es demasiado?

Cerré el cuaderno. Me sentí vacía. Pero también… viva.



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En el texto hay: 25 capitulos

Editado: 25.05.2025

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