GAEL
Encontrar a una persona de la que no sabes prácticamente nada es más difícil de lo que parece.
Especialmente cuando lo único que tienes es un nombre.
Alba.
Llevo diez minutos mirando una de las páginas del cuaderno.
No porque haya encontrado algo nuevo.
Sino porque estoy intentando entender qué clase de persona escribe así.
Hay una escena sobre una pareja que discute en una estación de tren. Otra sobre alguien que espera durante horas a que llegue una persona. Después hay una página llena de frases sueltas. Algunas están tachadas.
Otras tienen pequeños comentarios al lado.
"Demasiado cursi."
"No."
"Esto no tiene sentido."
"Me gusta, pero no aquí."
Sonrío ligeramente.
Parece que discute consigo misma.
-¿Has encontrado algo?
Levanto la mirada.
Nico está sentado frente a mí.
Estamos otra vez en la cafetería de la facultad.
Él lleva cinco minutos intentando mirar por encima de mi hombro.
-No.
-Entonces, ¿qué haces?
-Leer.
-Eso es evidente.
Cierro un poco el cuaderno.
-Estoy buscando una pista.
-Llevas buscando una pista desde ayer.
-Porque necesito encontrarla.
-¿Para recuperar tu cuaderno?
-Sí.
Nico me mira.
-Claro.
-¿Qué?
-Nada.
Vuelve a beber de su café.
No le hago caso.
Abro el cuaderno otra vez.
Paso una página.
Hay un fragmento de una historia. No parece terminado. Dos personajes están sentados en una cafetería. Uno de ellos mira por la ventana mientras el otro habla.
Leo unas líneas.
No sé por qué, pero me resulta familiar.
La cafetería. Las mesas. La forma en la que describe el ruido de las tazas. La máquina de café.
Levanto la vista.
-¿Qué pasa? -pregunta Nico.
-Creo que estudia en la universidad.
Nico arquea una ceja.
-Eso ya lo suponíamos.
-No.
Le señalo la página.
-Aquí describe una cafetería de la universidad.
-Puede ser cualquiera.
-Sí.
Paso otra página.
Hay una lista de lugares.
Biblioteca. Facultad. Cafetería de Isabel.
Me quedo quieto.
Nico también lo ve.
-¿Qué pone ahí?
-La cafetería de Isabel.
-¿La de ayer?
Asiento.
-Puede que vaya allí.
-Entonces ya sabemos dónde buscar.
Cierro el cuaderno.
-No.
-¿No?
-Si ella escribe sobre esa cafetería, probablemente vaya allí.
-Eso es exactamente lo que acabo de decir.
-Pero no sabemos cuándo.
Nico se queda callado.
-Vale.
Me mira durante unos segundos.
-¿Y ahora qué?
Pienso.
-Voy a ir esta tarde.
-¿A la cafetería de Isabel?
-Sí.
Nico sonríe.
-Sabía que acabarías llegando a esa conclusión.
-No he dicho que vengas.
-No hace falta.
-Nico.
-Voy contigo.
-No.
-Sí.
-No.
-Gael.
-Nico.
Nos quedamos mirándonos.
Él sonríe.
-Voy a ir.
Suspirando, vuelvo a guardar el cuaderno en la mochila.
-Haz lo que quieras.
-Eso pensaba.
&&&
Por la tarde, caminamos hacia la cafetería de Isabel.
No sé exactamente qué espero encontrar.
Quizá verla.
Quizá reconocerla.
Quizá simplemente tener suerte.
Aunque no suelo creer demasiado en la suerte.
Cuando llegamos, empujo la puerta.
El sonido de una pequeña campanilla anuncia nuestra entrada.
Miro alrededor.
Mesas ocupadas. Gente estudiando. Un par de personas hablando junto a la ventana. La barra. Y detrás de ella, una mujer de unos cincuenta años que levanta la cabeza.
-Buenas tardes, Isi Bisy.
-Buenas tardes, Nicoleta.
Nos sonríe y nosotros hacemos lo mismo.
-¿Os puedo ayudar en algo, chicos?
-Sí. Buscamos a alguien.
Isabel nos observa.
-¿A quién?
Abro la boca.
Pero antes de que pueda responder, ella dice:
-¿A Alba?
Me quedo completamente quieto.
Nico también.
-¿La conoce? -pregunto.
Isabel sonríe.
-La pregunta sería cuánto tardabais en venir.
-¿Qué?
Ella deja el paño sobre la barra.
-Alba estuvo aquí esta mañana.
Mi corazón da un pequeño vuelco.
-¿Esta mañana?
-Sí.
-¿Dijo algo?
-Sí.
Nico me mira.
Yo no aparto la vista de Isabel.
-¿Qué dijo?
Isabel sonríe de una manera que no termino de entender.
-Preguntó por ti.
Me quedo en silencio.
-¿Por mí?
-Por el chico del cuaderno.
Nico se gira hacia mí.
Tiene una expresión de absoluto triunfo.
-Te lo dije.
-Cállate.
Isabel se ríe.
-Supongo que quieres recuperar tu cuaderno.
Asiento.
-Sí.
-Ella también quiere recuperar el suyo.
-¿Dónde está?
-No lo sé.
La decepción dura apenas un segundo.
Porque Isabel añade:
-Pero probablemente vuelva mañana.
Miro hacia la puerta.
Después el reloj.
-¿Mañana?
-Suele venir bastante.
Nico sonríe.
-Entonces mañana.
Asiento.
-Mañana.
Isabel me observa durante unos segundos.
-Aunque, si me permites un consejo...
La miro.
-¿Sí?
-No vengas solo por el cuaderno.
Frunzo el ceño.
-¿Por qué?
Isabel sonríe.
-Porque creo que ella tampoco viene solo por el suyo.
No sé qué responder.
Nico, por supuesto, parece encantado.
-Me cae bien esta chica.
-A mí también -dice Isabel.
-No le des conversación -murmuro.
Ella se ríe.
Salimos de la cafetería.
Durante unos segundos ninguno dice nada.
Hasta que Nico rompe el silencio.
-Bueno.
-¿Qué?
-Mañana vas a conocer a Alba.
Miro hacia la calle.
No sé por qué esa idea me produce una sensación extraña.