Entre líneas y planos

Capítulo 6

GAEL

No sé por qué he preguntado si puedo sentarme.

Podría haberme despedido.

Habría sido lo normal.

Ya tenemos nuestros cuadernos. El problema está solucionado.

Pero aquí estoy.

Sentado frente a Alba.

La misma chica con la que choqué hace unos días.

La misma persona cuyo cuaderno he leído.

Solo que ahora es mucho más difícil imaginarla como alguien que escribe las historias que encontré en aquellas páginas.

Porque la Alba que tengo delante lleva un jersey claro, los auriculares alrededor del cuello y una expresión ligeramente nerviosa que intenta disimular cada vez que nuestras miradas se encuentran.

No parece la protagonista de ninguna de sus historias.

Parece una persona real.

Y eso me resulta más interesante.

-¿Qué?

Levanto la mirada.

-¿Qué?

Alba sonríe un poco.

-Llevas un rato mirándome.

Aparto la vista inmediatamente.

-Perdón.

-No pasa nada.

Se queda callada unos segundos.

-¿Estabas pensando en algo?

-Sí.

-¿En qué?

Dudo.

No voy a decirle que estaba pensando en que no se parece a la imagen que me había hecho de ella.

-En tu cuaderno.

Ella abre mucho los ojos.

-¿Otra vez?

-No.

-Menos mal.

Sonrío.

-Solo estaba pensando que no pareces la persona que lo escribió.

Alba frunce el ceño.

-¿Eso es bueno o malo?

-No lo sé.

-Vaya.

-No quería decirlo así.

-Entonces, ¿cómo?

Me quedo pensando.

No encuentro una respuesta rápida.

-Pensaba que serías diferente.

-¿Diferente cómo?

Miro sus manos.

Está jugando con uno de sus anillos.

-No sé.

-Eso no ayuda demasiado.

-Lo siento.

Se ríe.

-Eres bastante malo explicándote.

-Lo sé.

-¿Siempre eres así?

-¿Así cómo?

-Tan...directo.

-Supongo.

-¿Y cuando no sabes qué decir?

La miro.

Ella parece estar esperando una respuesta.

-Dibujo.

Sonríe.

-Eso ya lo sé.

Bajo la mirada.

-¿Lo has visto todo?

-No.

-¿Seguro?

-Bueno...

Se muerde el labio.

-He visto bastante.

-¿Mucho?

-Un poco.

La miro.

-Eso no responde a mi pregunta.

Ella sonríe.

-Varias páginas.

Reconozco mi propia frase.

-Me estás copiando.

-Quizá.

Me río suavemente. No esperaba hacerlo. Tampoco esperaba que hablar con ella fuera tan fácil. Había imaginado que sería incómodo. Que tendríamos que buscar temas de conversación.

Que probablemente después de recuperar nuestros cuadernos no tendríamos nada más que decir.

Pero llevamos varios minutos hablando.

Y todavía no quiero irme.

-¿Estudias Filología? -pregunto.

Alba asiente.

-Sí.

-¿Te gusta?

-Mucho.

Hace una pequeña pausa.

-Aunque a veces pienso que debería haber elegido otra cosa.

-¿Por qué?

-Porque me paso la mitad del tiempo analizando textos y la otra mitad pensando que quizá no sirvo para escribir los míos.

La miro.

-Eso no tiene mucho sentido.

-Ya.

-Si no te gustara escribir, no tendrías un cuaderno así.

Ella baja la mirada hacia él.

-No sé si soy buena.

-Yo tampoco sé si mis diseños son buenos.

-Pero sigues haciéndolos.

-Sí.

-Entonces supongo que es parecido.

Asiento.

Me gusta esa respuesta.

-¿Qué quieres hacer cuando termines la carrera?

Alba tarda unos segundos en responder.

-Publicar un libro.

Lo dice tan bajo que casi parece que se arrepiente de haberlo dicho.

-¿En serio?

Asiente.

-Sí.

-¿Una novela romántica?

-Sí.

Sonríe con cierta vergüenza.

-Aunque todavía no sé si algún día lo conseguiré.

-¿Por qué no?

-Porque escribir una novela es una cosa.

Hace una pausa.

-Publicarla es otra.

-Eso no significa que no puedas hacerlo.

Me mira.

-¿Siempre eres tan optimista?

-No.

-Pues ahora mismo lo pareces.

Me encojo de hombros.

-Solo digo lo que pienso.

Alba sonríe.

-Gracias.

Nos quedamos en silencio.

Esta vez no resulta incómodo.

Miro alrededor de la cafetería.

La música sigue sonando de fondo. Alguien ríe en una mesa cercana. Isabel está hablando con una pareja junto a la barra.

Todo parece exactamente igual que siempre.

Solo que ahora hay alguien sentado frente a mí.

-¿Y tú? -pregunta Alba.

-¿Qué?

-¿Qué quieres hacer cuando termines Arquitectura?

Miro mis manos.

-Diseñar.

-Eso ya lo sé.

-No exactamente.

-Entonces, ¿qué?

Pienso unos segundos.

-Quiero diseñar lugares en los que la gente quiera quedarse.

Alba inclina ligeramente la cabeza.

-Eso suena bonito.

-No era mi intención que sonara bonito.

-Pues lo ha hecho.

Sonrío.

-Mi padre diría que es poco práctico.

-¿Y tú qué dirías?

La miro.

-Que no todo tiene que ser práctico.

Alba sonríe.

-Eso sí que no me lo esperaba de un arquitecto.

-¿Por qué?

-Porque parece que vuestra vida entera consiste en medidas, planos y normas.

-La mayor parte del tiempo, sí.

-Entonces me alegro de que tengas una excepción.

No sé qué responder.

Ella tampoco parece saber qué ha dicho exactamente.

Se queda mirando su taza.

Yo hago lo mismo con la mía.

Durante unos segundos solo se escucha el ruido de la cafetería.

-¿Puedo preguntarte algo? -dice.

-Sí.

-¿Por qué dibujaste esta cafetería?

Miro alrededor.

-Me gusta.

-¿Solo por eso?

-También me gusta cómo entra la luz por las ventanas.

Alba gira la cabeza hacia ellas.

-Nunca me había fijado.

-Yo sí.

-Claro.

Sonríe.

-Tú te fijas en esas cosas.



#4532 en Novela romántica

En el texto hay: confusion, amor, amistad

Editado: 12.09.2026

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