Entre líneas y planos

Capítulo 7

ALBA

-No me mires así.

Martina no aparta la mirada.

Estamos sentadas en una pequeña terraza cerca de la universidad, con dos cafés delante y una mesa llena de migas que probablemente llevan ahí desde antes de que llegáramos.

-¿Así cómo?

-Como si estuvieras esperando que te cuente algo.

-Estoy esperando que me cuentes algo.

-No tengo nada que contar.

Martina entrecierra los ojos.

-Alba.

-Martina.

-Te conozco.

-Eso no significa que siempre tenga algo que contar.

-No.

Da un sorbo a su café.

-Pero sí significa que sé cuándo estás ocultando algo.

Miro hacia otro lado.

Mala idea.

Porque eso solo consigue que sonría.

-¿Qué ha pasado?

-Nada.

-¿Has visto al chico?

Me quedo quieta.

Martina deja lentamente la taza sobre la mesa.

-Lo sabía.

-No he dicho nada.

-Tu cara lo ha dicho todo.

-No sé qué cara he puesto.

-La de "hay un chico y no quiero hablar de ello".

-No hay ningún chico.

-Alba.

Suspiro.

-Sí.

Martina abre mucho los ojos.

-¿Sí qué?

-Lo he visto.

-¿HOY?

-Sí.

-¿Y?

-Y nada.

-¿Cómo que nada?

-Hemos hablado.

Martina se inclina hacia delante.

-¿Cuánto?

-No sé.

-¿Cinco minutos?

-Más.

-¿Diez?

-Más.

-¿Media hora?

La miro.

-Casi cuarenta minutos.

Martina deja escapar un sonido que no sé si es una risa o un grito.

-¡Cuarenta minutos!

Varias personas de las mesas cercanas se giran.

-Baja la voz.

-¡Has estado cuarenta minutos hablando con un desconocido!

-Ya no es un desconocido.

-¿Ah, no?

-Sé cómo se llama.

Martina sonríe lentamente.

-Cuéntamelo todo.

-No hay nada que contar.

-Eso lo decidiré yo.

Pongo los ojos en blanco.

-Se llama Gael.

-Vale.

Saca el móvil.

-¿Qué haces?

-Apuntarlo.

-¡Martina!

-¿Qué? Luego se me olvida.

-No tienes que apuntar el nombre de un chico con el que he hablado cuarenta minutos.

-Técnicamente sí.

-No.

-¿Estudia?

-Arquitectura.

-¿Edad?

-Veinticuatro.

Sus cejas se levantan.

-¿Y?

-¿Y qué?

-¿Cómo es?

-Normal.

-Alba.

-¿Qué?

-No me digas "normal".

-Pues es normal.

-¿Alto?

Dudo.

-Sí.

-¿Cuánto?

-No sé.

-¿Más alto que tú?

-Sí.

-Eso tampoco es difícil.

-Martina.

Se ríe.

-Vale, vale. Sigue.

Respiro hondo.

-Tiene el pelo castaño oscuro. Un poco despeinado.

-Ajá.

-Ojos marrones.

-¿Marrones?

-Sí.

-Te has fijado bastante.

-Estaban delante de mí.

-Claro.

Ignoro el comentario.

-Y dibuja muy bien.

-Eso ya lo sabemos.

-No. No me refiero a que sepa dibujar edificios.

-¿Entonces?

-Tiene algo.

Martina se queda callada.

-¿Algo?

Asiento.

-No sé explicarlo.

-Inténtalo.

Miro mi café.

-Es tranquilo.

-¿Aburrido?

-No.

-¿Callado?

-Bastante.

-¿Tímido?

-No exactamente.

Pienso unos segundos.

-Simplemente... no habla por hablar.

Martina sonríe.

-Te gusta.

Levanto la cabeza.

-No.

-Sí.

-No.

-Alba.

-Me cae bien.

-Eso es lo que dice todo el mundo antes de admitir que alguien le gusta.

-No me gusta.

-Todavía.

-Ni siquiera eso.

-Vale.

Da otro sorbo a su café.

-Entonces no te importará volver a verlo.

Abro la boca.

La cierro.

Martina sonríe.

-Eso pensaba.

-No he dicho que quiera volver a verlo.

-Pero quieres.

-No.

-¿No?

-Bueno...

Me quedo callada.

Ella espera.

-Quizá.

-Ajá.

-Solo porque fue agradable hablar con él.

-Claro.

-Y porque...

Me detengo.

-¿Porque qué?

-Nada.

Martina se inclina hacia mí.

-Alba.

-Porque quiero saber si siempre dibuja así.

-Eso es una excusa.

-No.

-Sí.

-No.

-Te gusta.

-¡Que no!

Me río.

Ella también.

Y durante unos segundos dejamos de hablar.

Miro la mesa.

No sé por qué sigo pensando en él.

En su forma de hablar.

En cómo se quedó sentado incluso después de recuperar su cuaderno.

En cómo dijo que quería diseñar lugares en los que la gente quisiera quedarse.

No sé por qué recuerdo exactamente esa frase.

Quizá porque me gustó.

O quizá porque fue bonita.

No es lo mismo.

¿Verdad?

-Estás pensando en él otra vez -dice Martina.

Levanto la mirada.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque tienes esa cara.

-¿Qué cara?

-La que pones cuando una escena se te ocurre.

Bajo la mirada.

Tal vez tiene razón.

Pero no quiero convertir esto en una historia.

No todavía.

&&&

Cuando llego a casa, ya está anocheciendo.

Abro la puerta y dejo la mochila junto al recibidor.

-¿Mamá?

-¡En la cocina!

Voy hacia allí.

Mi madre está preparando la cena mientras escucha música a un volumen bastante bajo.

-Hola.

Se gira y sonríe.

-Hola, cariño.

Me acerco y le doy un beso en la mejilla.

-¿Qué tal el día?

-Bien.

-¿Solo bien?

-Sí.

Mi madre me mira durante un segundo.

-Eso significa que ha sido interesante.

-No.

-Alba.

-¿Qué?

-Te conozco.

Resoplo.

-Hoy todo el mundo parece conocerme demasiado bien.

-¿Martina también?

Me quedo quieta.

-¿Cómo sabes que he estado con Martina?

-Porque te conozco.

-Eso no tiene sentido.

-Para mí sí.

Sonríe.

-¿Has escrito algo?

-Un poco.

-Entonces el día no ha sido tan malo.



#4532 en Novela romántica

En el texto hay: confusion, amor, amistad

Editado: 12.09.2026

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