Entre líneas y planos

Capítulo 8

GAEL

Mi móvil vibra mientras estoy saliendo de la facultad.

Lo saco del bolsillo.

Nico:

"¿Estás vivo?"

Frunzo el ceño.

Gael:

"Sí"

La respuesta llega casi inmediatamente.

Nico:

"Bien"

Nico:

"Parque de siempre. En veinte minutos"

Miro la pantalla.

Gael:

"¿Por qué?"

Tarda unos segundos.

Nico:

"Porque quiero verte"

Yo:

"Mentira"

Nico:

"Vale"

"Quiero información"

Sonrío sin querer.

Gael:

"No hay información"

Nico:

"Eso lo decidiré yo"

Guardo el móvil.

Probablemente debería ignorarlo.

Pero no lo hago.

&&&

El parque está bastante tranquilo cuando llego.

Hay algunas personas paseando. Un par de niños corren detrás de una pelota y una mujer lee sentada en un banco.

Nico está donde siempre.

Sentado en el respaldo de un banco, con las piernas apoyadas en el asiento y un café en la mano.

Cuando me ve, levanta la taza a modo de saludo.

-Pensaba que no vendrías.

-Has dicho que querías información.

-Y has venido.

-Sí.

-Entonces funciona.

Me siento a su lado.

Nico me mira durante unos segundos.

-¿Qué?

-Nada.

-Me estás mirando.

-Estoy observando.

-Eso suena peor.

-Solo estoy intentando decidir por dónde empezar.

Saco el móvil.

-Puedes empezar por no hacerlo.

-Demasiado tarde.

Se queda callado.

Por una vez.

Dura unos cuatro segundos.

-¿Cómo está Alba?

Levanto la mirada.

-Bien.

-Ah.

Da un sorbo a su café.

-Me alegro.

-Gracias.

Silencio.

-¿Y?

-¿Y qué?

-Nada.

-No hay nada más.

Nico gira la cabeza hacia mí.

-Gael.

-Nico.

-Te conozco desde hace tres años.

-Lo sé.

-Y llevas desde ayer con una cara de persona que está pensando demasiado.

-Siempre pienso demasiado.

-No así.

No respondo.

Nico sonríe ligeramente.

-¿Te cayó bien?

Miro hacia los árboles.

-Sí.

-Vale.

No dice nada más.

Eso me sorprende.

-¿Ya está?

-Sí.

-¿No vas a seguir preguntando?

-No.

-¿Por qué?

-Porque si sigues queriendo hablar de ella, lo harás tú solo.

Lo miro.

-Eres insoportable.

-Y tú predecible.

Niego con la cabeza.

Saco el portaminas de la mochila y un pequeño cuaderno que llevo para hacer bocetos rápidos.

-¿Qué haces?

-Nada.

-Estás dibujando.

-Sí.

-Eso no es nada.

No respondo.

Empiezo a dibujar una línea. Después otra. Un rectángulo. Una ventana.

Nico mira de reojo.

-¿Es para el proyecto?

-No.

-Entonces, ¿qué es?

-No lo sé todavía.

Sigo dibujando.

El parque está tranquilo. La luz de la tarde entra entre las ramas de los árboles.

Dibujo una mesa. Una silla. Otra frente a ella. Una ventana grande al fondo.

Nico guarda silencio durante unos segundos.

Después:

-Ah.

Levanto la mirada.

-¿Qué?

-Nada.

-Otra vez con el "nada".

-Es que ahora sí es nada.

Vuelvo al dibujo.

-No me lo creo.

-No tienes por qué.

Continúo.

No sé por qué estoy dibujando ese espacio.

Solo sé que quiero que haya luz.

Mucho espacio junto a la ventana.

Una mesa lo bastante grande para que alguien pueda extender un portátil, un cuaderno y varios libros.

Me detengo.

Miro el dibujo.

Entonces entiendo por qué.

No pienso en un proyecto.

Pienso en la cafetería.

En Alba.

En su portátil abierto.

En los auriculares alrededor del cuello.

En su cuaderno lleno de frases.

Nico se inclina un poco.

-¿Has terminado?

-No.

-¿Puedo verlo?

Le paso el cuaderno.

Lo observa.

No dice nada durante unos segundos.

-Es bonito.

-Gracias.

-No parece un proyecto.

-No lo es.

-Ya.

Me devuelve el cuaderno.

-¿Quieres saber qué pienso?

-No.

-Perfecto.

Se queda mirando hacia delante.

-Creo que te estás acostumbrando demasiado rápido a tenerla en la cabeza.

No respondo.

Porque probablemente tiene razón.

-Solo fue una conversación.

-De cuarenta minutos.

-¿Los has contado?

-Tú me dijiste cuánto duró.

-No significa nada.

-Claro.

Miro el dibujo otra vez.

-Es interesante.

-¿El qué?

-Que normalmente sé exactamente qué estoy dibujando.

-¿Y ahora no?

Niego con la cabeza.

-Ahora no.

Nico sonríe.

-Entonces quizá deberías dejar de intentar entenderlo.

-Eso no tiene sentido.

-Para ti no.

Se levanta del banco y estira los brazos.

-¿Nos vamos?

Guardo el cuaderno.

-Sí.

Empezamos a caminar por el sendero.

-Por cierto -dice Nico.

-¿Qué?

-¿Vas a volver a verla?

Miro al frente.

-No lo sé.

-Eso no es un no.

-Tampoco es un sí.

-Pero quieres.

Lo miro.

-¿Puedes dejar de analizarme?

-No.

-¿Por qué?

-Porque alguien tiene que hacerlo.

Me río.

-Eres idiota.

-Y aun así sigues quedando conmigo.

-Eso dice más de mí que de ti.

-Exactamente.

&&&

Cuando llego a casa, Toby es el primero en recibirme.

Apenas abro la puerta, escucho sus patas corriendo por el pasillo.

-Hola, pequeño.

Se lanza contra mis piernas.

Me agacho y le acaricio la cabeza.

-¿Me has echado de menos?



#4532 en Novela romántica

En el texto hay: confusion, amor, amistad

Editado: 12.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.