ALBA
La biblioteca de la universidad tiene una habilidad especial para hacerme sentir culpable.
No importa cuánto tiempo lleve aquí.
Siempre parece que debería estar haciendo algo más.
Llevo casi una hora sentada frente al portátil. Tengo abierto un documento de apuntes. Otro con un trabajo. Y una pestaña con el documento de mi novela que, en teoría, no debería estar mirando.
La miro.
Después miro los apuntes.
Vuelvo a mirar la novela.
-Cinco minutos -murmuro.
Solo cinco.
Abro el documento.
El cursor parpadea.
No he escrito nada nuevo desde ayer.
Y eso me molesta más de lo que debería.
Me apoyo contra el respaldo de la silla.
Quizá necesito una idea.
O quizá necesito dejar de intentar encontrarla.
Cojo mi cuaderno y lo abro por una página en blanco.
Escribo:
"Él quería diseñar lugares en los que la gente quisiera quedarse."
Me quedo quieta.
Miro la frase.
La tacho.
No.
Demasiado evidente.
Paso la página.
Escribo otra cosa.
"Hay personas que hacen que un lugar parezca diferente."
Me detengo.
Eso tampoco.
Tacho la frase.
Resoplo.
-Esto es ridículo.
-¿Qué es ridículo?
Levanto la cabeza.
Una chica de la mesa de al lado me está mirando.
-Nada.
Señala mi cuaderno.
-Llevas diez minutos tachando cosas.
Miro el papel.
-¿Tanto?
-Más o menos.
Sonríe.
Es Irene, una chica de mi clase con la que he coincidido varias veces, aunque nunca hemos hablado demasiado.
-¿Es para el trabajo?
-No.
Cierro un poco el cuaderno.
-Es para una novela.
Sus ojos se iluminan.
-¿Escribes?
Asiento.
-Intento.
-¿Has publicado algo?
-Todavía no.
-¿Quieres hacerlo?
La pregunta me pilla desprevenida.
-Sí.
Lo digo más rápido de lo que esperaba.
Irene sonríe.
-Entonces no digas "intento".
Frunzo el ceño.
-¿Qué?
-Has dicho "intento escribir".
Señala el cuaderno.
-Si escribes, eres escritora. Otra cosa es que todavía no hayas publicado.
Me quedo mirándola.
No sé por qué esas palabras me afectan tanto.
-Supongo.
-No lo supongas.
Sonríe.
-Créetelo un poco.
Se levanta y recoge sus cosas.
-Tengo clase ahora. Nos vemos.
-Adiós.
La veo alejarse.
Después vuelvo a mirar mi cuaderno.
No sé si soy una escritora.
Pero vuelvo a abrir el documento.
Y esta vez escribo.
No pienso demasiado.
Solo dejo que las palabras salgan.
Una frase.
Después otra.
Y otra.
Cuando vuelvo a levantar la mirada, han pasado casi cuarenta minutos.
Leo lo que he escrito.
No está perfecto.
Hay frases que seguramente cambiaré.
Pero no está mal.
Sonrío.
Por fin.
Guardo el documento y cierro el portátil.
&&&
Cuando salgo de la biblioteca, ya es media tarde.
El campus está bastante más tranquilo.
Guardo los auriculares en el bolsillo y saco el móvil.
Tengo un mensaje de Clara.
Clara:
"¿Sigues en la uni?"
Alba:
"Sí"
Clara:
"¿A qué hora terminas?"
Alba:
"Ya he terminado"
Tarda unos segundos.
Clara:
"Perfecto"
"Te recojo en veinte minutos"
Frunzo el ceño.
Alba:
"¿Para qué?"
Clara:
"Dar una vuelta"
"Necesito salir de casa"
Sonrío.
Alba:
"Vale"
Guardo el móvil.
Decido esperar fuera de la universidad.
Me siento en uno de los bancos de la entrada y saco el cuaderno.
Lo abro.
Vuelvo a mirar lo que he escrito antes.
La frase que había tachado sigue visible debajo.
"Él quería diseñar lugares en los que la gente quisiera quedarse."
Me río bajito.
Definitivamente voy a tener que dejar de pensar tanto en esa frase.
&&&
Veinte minutos después, veo a Clara acercarse.
Lleva una chaqueta sobre los hombros y las manos metidas en los bolsillos.
-Hola -saluda con una sonrisa.
-Hola.
Me levanto.
-¿Dónde vamos?
-No lo sé.
-¿Cómo que no lo sabes?
-He dicho que necesito salir, no que tenga un plan.
-Perfecto.
-Podemos ir al parque.
-Vale.
Empezamos a caminar.
Clara me cuenta algunas cosas de su día mientras yo le hablo de un trabajo que tengo que entregar la semana siguiente.
Durante unos minutos no hablamos de nada especialmente importante.
Y me gusta.
No todo tiene que ser una conversación profunda.
A veces simplemente caminar con alguien es suficiente.
Llegamos al parque y seguimos por uno de los senderos.
-¿Has comido? -pregunta Clara.
-Sí.
-¿Seguro?
-Sí.
-¿El qué?
-Un bocadillo.
-¿Solo?
-Clara.
-Pregunto.
-Y yo respondo.
Se ríe.
-Vale.
Seguimos caminando.
Entonces la veo.
Dos personas vienen caminando en nuestra dirección. Uno de ellos lleva una mochila negra colgada de un hombro. El otro está hablando mientras mueve las manos.
Al primero lo reconozco antes de pensar siquiera en su nombre.
Un chico.
Y él.
Gael.
Me quedo quieta durante un segundo.
Clara da un par de pasos antes de darse cuenta de que ya no estoy a su lado.
-¿Qué pasa?
No respondo inmediatamente.
Gael también nos ha visto.
Su mirada se encuentra con la mía.
Y, durante un instante, ninguno de los dos dice nada.
El chico mira de él a mí.
Después sonríe.