ALBA
Hay una cosa que he aprendido después de conocer a Martina durante tantos años.
Si empieza una frase con «te juro que», tengo que prepararme.
Porque nunca viene nada bueno después.
-Te juro que no lo soporto.
Estoy sentada en el suelo de mi habitación, apoyada contra la cama, mientras Martina está tumbada boca abajo sobre mi alfombra.
-Lo conociste ayer.
-Precisamente.
Levanta la cabeza.
-Ha sido suficiente.
Me río.
-No puedes odiar a alguien después de conocerlo durante unas horas.
-Sí puedo.
-No.
-Sí.
-No.
-Alba.
-Martina.
Me señala con el dedo.
-No te pongas de su parte.
-No me estoy poniendo de su parte.
-Le estás defendiendo.
-Solo digo que tú también le provocaste.
-¿Yo?
Se incorpora.
-Él fue quien empezó.
-Porque dijiste que parecía aburrido.
-Porque lo parece.
Me tapo la boca para no reírme.
-No te rías.
-Lo siento.
-No lo sientes.
-Nop.
Martina se deja caer otra vez sobre la alfombra.
-Es insoportable.
-Eso ya me ha quedado claro.
-Y se cree muy gracioso.
-También.
-Y encima tiene esa cara de...
Se queda callada.
-¿De qué?
-De persona que sabe que está molestando.
Sonrío.
-Eso sí.
Martina suspira.
-No pienso volver a hablarle.
-Claro.
-Lo digo en serio.
-Vale.
-No voy a hablarle.
-Perfecto.
-Ni aunque me hable.
-Perfecto.
-Ni aunque me pregunte algo.
-Perfecto.
-Ni aunque...
Su móvil vibra.
Martina lo mira.
Después vuelve a dejarlo boca abajo.
La miro.
-¿Quién era?
-Nadie.
-Martina.
-Nadie.
-¿Era el chico de Instagram?
Silencio.
-Puede.
Me río.
-¿El famoso chico misterioso?
-No es famoso.
-Llevas hablando de él desde hace días.
-Porque es raro.
-¿Raro?
-Sí.
Se incorpora otra vez.
-Lo conocí por Instagram.
-Eso ya me lo has contado.
-Pues eso.
-¿Y qué tiene de raro?
-No sé.
Se encoge de hombros.
-Es...diferente.
-Eso no explica nada.
-Me respondió a una historia y empezamos a hablar.
-¿Y habláis mucho?
Hace una pequeña pausa.
-Bastante.
Sonrío.
-¿Te gusta?
-No.
-Has tardado demasiado en responder.
-Porque estaba pensando.
-Claro.
-No me gusta.
-Vale.
-Solo me cae bien.
-Ajá.
-Es divertido.
-Eso suena a que te gusta.
-Alba.
-¿Qué?
-No me gusta.
-Vale.
-Es solo que...
Se queda callada.
-¿Qué?
-Es agradable cuando hablamos.
Sonrío.
-Eso es bastante tierno.
-No es tierno.
-Sí lo es.
-No.
-Sí.
Martina coge un cojín y me lo lanza.
Lo esquivo.
-Cállate.
Me río.
-¿Cómo se llama?
-No te lo voy a decir.
-¿Por qué?
-Porque vas a empezar.
-Ya he empezado.
-Precisamente.
-Entonces, ¿qué sabes de él?
Martina se encoge de hombros.
-Que tiene veinticuatro años.
-¿Y?
-Estudia en la universidad.
-¿Qué estudia?
-No me acuerdo.
-Martina.
-¿Qué?
-Llevas hablando con él y no sabes qué estudia.
-No necesito saberlo todo.
-Claro.
-También sé que es bastante divertido.
-Eso ya lo has dicho.
-Y que me gusta hablar con él.
La miro.
-Ajá.
-No digas nada.
-No he dicho nada.
-Pero estás pensando.
-Muchísimas cosas.
Me lanza otro cojín.
-Te odio.
-No me odias.
-Un poco.
-Me quieres.
-Desgraciadamente.
Sonrío.
-Yo también te quiero.
&&&
Después de un rato, nos ponemos con los apuntes.
O, al menos, esa era la idea.
Llevamos veinte minutos estudiando y ya hemos hablado de cuatro profesores distintos.
-El profesor de literatura va a matarnos con el próximo trabajo -digo.
Martina levanta la mirada de sus apuntes.
-Ese hombre disfruta poniéndonos trabajos.
-Lo sé.
-¿Has visto la cantidad de páginas que ha pedido?
-Sí.
-Es una barbaridad.
-Y luego dice que tenemos que aprender a gestionar nuestro tiempo.
Martina resopla.
-Claro. Porque no tenemos más asignaturas.
-Exacto.
Paso una página.
-Aunque peor es el profesor de historia.
-No.
-Sí.
-No.
-Martina.
-El de historia explica fatal.
-Eso también.
-Ayer me pasé media hora intentando entender sus apuntes.
-Yo los tuve que rehacer.
-¿En serio?
-Sí.
-¿Me los dejas?
-Mañana.
-Te quiero.
-Lo sé.
Martina sonríe.
-¿Y tú qué tal vas con la novela?
La pregunta me hace levantar la cabeza.
-Bien.
-¿Has escrito algo?
-Sí.
-¿Mucho?
-Bastante.
-¿Y tiene nombre?
-Sí.
-¿Y me lo vas a enseñar?
-Cuando esté terminado.
-Qué mala eres.
-No quiero que nadie lo lea todavía.
-Lo entiendo.
Me mira durante unos segundos.
-¿Gael lo ha leído?
Niego con la cabeza.
-No.
-¿Pero sabe que escribes?
-Sí.
-¿Y tú sabes que él dibuja?
-Sí.
-Qué monos.
-Martina.
-¿Qué?
-No somos monos.
-No he dicho que seáis vosotros.
La miro.
Ella sonríe.
-No empieces.
-No he empezado nada.
-Te conozco.
-Y yo a ti.
Cojo un cojín y se lo lanzo.
Esta vez le da en la cara.
-¡Alba!
Me río.
-Te lo merecías.
-Eres horrible.
-Lo sé.
&&&
Mi móvil vibra sobre la cama.
Lo miro.
Gael.
No puedo evitar sonreír un poco.
Martina lo nota inmediatamente.