Entre líneas y planos

Capítulo 17

ALBA

Hay una cosa que he aprendido después de conocer a Martina durante tantos años.

Si empieza una frase con «te juro que», tengo que prepararme.

Porque nunca viene nada bueno después.

-Te juro que no lo soporto.

Estoy sentada en el suelo de mi habitación, apoyada contra la cama, mientras Martina está tumbada boca abajo sobre mi alfombra.

-Lo conociste ayer.

-Precisamente.

Levanta la cabeza.

-Ha sido suficiente.

Me río.

-No puedes odiar a alguien después de conocerlo durante unas horas.

-Sí puedo.

-No.

-Sí.

-No.

-Alba.

-Martina.

Me señala con el dedo.

-No te pongas de su parte.

-No me estoy poniendo de su parte.

-Le estás defendiendo.

-Solo digo que tú también le provocaste.

-¿Yo?

Se incorpora.

-Él fue quien empezó.

-Porque dijiste que parecía aburrido.

-Porque lo parece.

Me tapo la boca para no reírme.

-No te rías.

-Lo siento.

-No lo sientes.

-Nop.

Martina se deja caer otra vez sobre la alfombra.

-Es insoportable.

-Eso ya me ha quedado claro.

-Y se cree muy gracioso.

-También.

-Y encima tiene esa cara de...

Se queda callada.

-¿De qué?

-De persona que sabe que está molestando.

Sonrío.

-Eso sí.

Martina suspira.

-No pienso volver a hablarle.

-Claro.

-Lo digo en serio.

-Vale.

-No voy a hablarle.

-Perfecto.

-Ni aunque me hable.

-Perfecto.

-Ni aunque me pregunte algo.

-Perfecto.

-Ni aunque...

Su móvil vibra.

Martina lo mira.

Después vuelve a dejarlo boca abajo.

La miro.

-¿Quién era?

-Nadie.

-Martina.

-Nadie.

-¿Era el chico de Instagram?

Silencio.

-Puede.

Me río.

-¿El famoso chico misterioso?

-No es famoso.

-Llevas hablando de él desde hace días.

-Porque es raro.

-¿Raro?

-Sí.

Se incorpora otra vez.

-Lo conocí por Instagram.

-Eso ya me lo has contado.

-Pues eso.

-¿Y qué tiene de raro?

-No sé.

Se encoge de hombros.

-Es...diferente.

-Eso no explica nada.

-Me respondió a una historia y empezamos a hablar.

-¿Y habláis mucho?

Hace una pequeña pausa.

-Bastante.

Sonrío.

-¿Te gusta?

-No.

-Has tardado demasiado en responder.

-Porque estaba pensando.

-Claro.

-No me gusta.

-Vale.

-Solo me cae bien.

-Ajá.

-Es divertido.

-Eso suena a que te gusta.

-Alba.

-¿Qué?

-No me gusta.

-Vale.

-Es solo que...

Se queda callada.

-¿Qué?

-Es agradable cuando hablamos.

Sonrío.

-Eso es bastante tierno.

-No es tierno.

-Sí lo es.

-No.

-Sí.

Martina coge un cojín y me lo lanza.

Lo esquivo.

-Cállate.

Me río.

-¿Cómo se llama?

-No te lo voy a decir.

-¿Por qué?

-Porque vas a empezar.

-Ya he empezado.

-Precisamente.

-Entonces, ¿qué sabes de él?

Martina se encoge de hombros.

-Que tiene veinticuatro años.

-¿Y?

-Estudia en la universidad.

-¿Qué estudia?

-No me acuerdo.

-Martina.

-¿Qué?

-Llevas hablando con él y no sabes qué estudia.

-No necesito saberlo todo.

-Claro.

-También sé que es bastante divertido.

-Eso ya lo has dicho.

-Y que me gusta hablar con él.

La miro.

-Ajá.

-No digas nada.

-No he dicho nada.

-Pero estás pensando.

-Muchísimas cosas.

Me lanza otro cojín.

-Te odio.

-No me odias.

-Un poco.

-Me quieres.

-Desgraciadamente.

Sonrío.

-Yo también te quiero.

&&&

Después de un rato, nos ponemos con los apuntes.

O, al menos, esa era la idea.

Llevamos veinte minutos estudiando y ya hemos hablado de cuatro profesores distintos.

-El profesor de literatura va a matarnos con el próximo trabajo -digo.

Martina levanta la mirada de sus apuntes.

-Ese hombre disfruta poniéndonos trabajos.

-Lo sé.

-¿Has visto la cantidad de páginas que ha pedido?

-Sí.

-Es una barbaridad.

-Y luego dice que tenemos que aprender a gestionar nuestro tiempo.

Martina resopla.

-Claro. Porque no tenemos más asignaturas.

-Exacto.

Paso una página.

-Aunque peor es el profesor de historia.

-No.

-Sí.

-No.

-Martina.

-El de historia explica fatal.

-Eso también.

-Ayer me pasé media hora intentando entender sus apuntes.

-Yo los tuve que rehacer.

-¿En serio?

-Sí.

-¿Me los dejas?

-Mañana.

-Te quiero.

-Lo sé.

Martina sonríe.

-¿Y tú qué tal vas con la novela?

La pregunta me hace levantar la cabeza.

-Bien.

-¿Has escrito algo?

-Sí.

-¿Mucho?

-Bastante.

-¿Y tiene nombre?

-Sí.

-¿Y me lo vas a enseñar?

-Cuando esté terminado.

-Qué mala eres.

-No quiero que nadie lo lea todavía.

-Lo entiendo.

Me mira durante unos segundos.

-¿Gael lo ha leído?

Niego con la cabeza.

-No.

-¿Pero sabe que escribes?

-Sí.

-¿Y tú sabes que él dibuja?

-Sí.

-Qué monos.

-Martina.

-¿Qué?

-No somos monos.

-No he dicho que seáis vosotros.

La miro.

Ella sonríe.

-No empieces.

-No he empezado nada.

-Te conozco.

-Y yo a ti.

Cojo un cojín y se lo lanzo.

Esta vez le da en la cara.

-¡Alba!

Me río.

-Te lo merecías.

-Eres horrible.

-Lo sé.

&&&

Mi móvil vibra sobre la cama.

Lo miro.

Gael.

No puedo evitar sonreír un poco.

Martina lo nota inmediatamente.



#4532 en Novela romántica

En el texto hay: confusion, amor, amistad

Editado: 12.09.2026

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