Entre Llantos y Sonrisas

Hasta dónde hemos llegado

CAPÍTULO I

-!Damas y caballeros! El día de hoy me enorgullece y me complace enormemente darle la bienvenida a alguien que ustedes conocen bien…

El juego de luces purpuras, verdes y azules se movían sobre el enorme escenario de entrevistas que el señor Roderick había preparado para su Talking Show de esta noche.

Con un público gritando y aplaudiendo en las gradas del estudio y un panorama de la ciudad nocturna pintando las ventanas; el presentador de tan aclamado show me invitó a pasar.

-Se volvió muy conocido por su dirección en numerosas películas y espléndidos narrativos en sus guiones. Aquel toque sádico y elegante que lo caracteriza ahora está en boca de todos, y nosotros lo hemos traído para conocer más de su misteriosa imaginación. ¡Con ustedes, el grande, el maestro, el único Jean-Charles Hosseini!

Un empleado del staff me dio la señal para que saliera a la escena. Fui recibido con una lluvia de aplausos, ovaciones y sonrisas. No recuerdo haber sentido una acogida tan calurosa…

No soy una persona que está acostumbrada a esta clase de afecto. Y para ser sincero conmigo mismo, no estoy acostumbrado a ninguna clase de afecto.

Cuando recibí la llamada de que el señor Roderick tenía pensado hacerme una entrevista en vivo para su programa, me emocioné mucho. Parecía un niño pequeño al que le dijeron que le regalarían un nuevo juguete.

Ensayé frente al espejo mis expresiones, mi postura y las respuestas que debería dar a cada pregunta que se me ocurriese. Pasé toda una semana preparándome para hacer de esa entrevista algo memorable; algo que quedara marcado, no solo en mi memoria, sino en la memoria de todos aquellos que me conocen y de cierta forma, me admiran.

Unas gotas de sudor corrían por mi frente y sin darme cuenta, ya estaba entrando en pánico antes de siquiera estrechar la mano con el señor Roderick.

Él se veía de lo más natural y seguro de sí mismo. ¿Cómo puede estar tan sereno con tanta gente mirándolo? Nada más acomodó su leva azul mate y se levantó para darme la bienvenida como si fuera lo más normal de la vida. Supongo que ya tiene experiencia y por eso no siente la misma presión que yo siento.

Nos dimos la mano y me señaló mi asiento junto a su escritorio para poder reposar ahí.

Yo trataba de no parecer tan alterado, y me pregunto si la gente se habrá dado cuenta de que no me encontraba bien.

En fin, ambos nos sentamos y los aplausos cesaron para dar paso a un silencio sepulcral, mismo que sería interrumpido por la primera pregunta del señor:

-Y bien, señor Hosseini, ¿cómo debería dirigirme a usted?

-Ammm… Jean, Charles, como prefiera. -aunque no estaba seguro de si el público lo hubiera notado, me temblaban las manos y mi voz se quebraba.

-Correcto, señor Charles, me gustaría comenzar este show con unas preguntas para que tus fans te conozcan un poco más.

Para ese punto, yo ya estaba paralizado. Cuando caí en cuenta de que todas las miradas estaban dirigidas a mí, mi cuerpo dejó de responder. No podía hablar ni moverme. Debieron ser los dos segundos más incómodos y largos de mi vida. Yo le conté de mi problema al señor Roderick antes de venir y me dijo que no había problema, que sería tan normal como pueda. ¿Por qué le creí?

Podía sentir que las miradas de admiración cambiaban a un profundo odio y repugnancia. Sentía muy dentro de mí que todos comenzaban a detestarme. Su enojo se hacía más fuerte a cada palabra que decía. Incluso el señor Roderick se veía diferente. No tenía su expresión serena que lo distinguía y los productores asistentes y staff le gritaban que debía terminar el show antes de que sucediera algo malo.

Todos se alteraron más y comenzaron a correr hacia las salidas de emergencia. No lograba entender por qué reaccionaron así. Dijeron que querían conocerme más y yo les di una probada de lo que era mi verdadero ser. ¿Por qué se asustan? ¡Este soy yo! ¿Es que acaso no me reconocen o no soy lo que esperaban? Odio cuando las personas se fijan más en las superficialidades y no piensan en el interior…

Levanté la vista, con un sentimiento cálido que recorría mi tráquea hasta manchar mi camisa. Frente a mí, nada…

• • •

Cuando era niño, mi madre me abandonó en un orfanato. Tengo vagas memorias de cómo era ella y de lo mucho que disfrutamos juntos. También recuerdo un poco a mi papá. Un día, precisamente, me dijo que jugáramos a las escondidas. Yo me escondí primero y él tenía que encontrarme. El departamento en el que vivíamos era pequeño, ahora que lo pienso, pero para un niño debió ser el lugar más grande que había visto. En fin, mi papá tardó poco en encontrarme. Aún recuerdo su sonrisa cuando me atrapó… Creí que en serio disfrutaba jugar conmigo y que nos esperaban muchos juegos más; hasta que llegó mi turno de buscarlo.

Al principio pensé que debía ser muy bueno jugando, porque terminé buscándolo durante cuatro años y nunca lo encontré.

Mi mamá era diferente. A ella no le gustaba jugar conmigo. Siempre gritaba que era mi culpa por hacer que papá jugara a las escondidas. ¿Y cómo iba a saber que era tan bueno? ¡Nunca lo dijo!

Aunque me culpara por todo, yo siempre trataba de animarla y pedirle perdón de cualquier forma para que dejara de odiarme. Recuerdo que el día antes de que me dejara, le regalé un dibujo de ella y yo escalando una montaña, y en la cima, estaba papá esperándonos. Le dije que podíamos alcanzarlo si nos quedamos juntos para siempre…



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En el texto hay: superacion, abandono, dolor moral

Editado: 19.01.2021

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