Entre lo que fui y lo que elegí

El despertar 1

El silencio en la habitación era engañoso.
Demasiado tranquilo… para todo lo que estaba pasando.
Lucero estaba sentada al borde de la cama, observando a sus hijos dormir.
Darius, de pie junto a la ventana, no dejaba de pensar.
En su familia.
En Rose.
En la verdad.
Pero sobre todo…
En ellos.
—No quiero que crezcan en esto —dijo él finalmente, sin girarse.
Lucero bajó la mirada.
—Yo tampoco.
Pero ambos sabían algo…
Ya era tarde.
Un sonido suave rompió el momento.
Un susurro.
Un quejido leve.
El niño.
Lucero se acercó de inmediato.
—Tranquilo… estoy aquí.
Pero algo no estaba bien.
Su respiración era irregular.
Su cuerpo… tenso.
Como si estuviera luchando contra algo invisible.
—Darius —dijo ella, esta vez con urgencia.
Él se acercó rápido.
—¿Qué pasa?
—No lo sé…
Y entonces ocurrió.
Los objetos en la habitación…
Temblaron.
Primero leve.
Luego más fuerte.
La lámpara vibró.
El vaso sobre la mesa se deslizó… y cayó.
Se rompió.
El aire se volvió denso.
Pesado.
Cargado.
Darius retrocedió instintivamente.
—¿Qué demonios…?
Lucero no se movió.
Sus ojos estaban fijos en su hijo.
—Es él…
El niño abrió los ojos de golpe.
Pero no eran los mismos.
Había algo diferente.
Algo… que no debía estar ahí.
—Mamá… —susurró, pero su voz no sonaba como la suya—. Duele…
Y entonces…
La pared detrás de él se agrietó.
Sin que nadie la tocara.
Darius reaccionó.
—¡Aléjate!
Pero Lucero no obedeció.
Se acercó más.
Lento.
Sin miedo.
Aunque por dentro… estaba temblando.
—Mírame —le dijo suave—. Solo mírame a mí.
El niño respiraba con dificultad.
El caos a su alrededor aumentaba.
Los muebles vibraban.
El espejo… estalló.
La niña comenzó a llorar.
—¡Haz que pare!
Darius la tomó, protegiéndola.
Pero su mirada no se despegaba del niño.
—Esto no es normal…
Lucero lo interrumpió.
—No… esto es exactamente lo que Rose quería.
El niño gritó.
Y todo explotó.
Un pulso invisible recorrió la habitación.
Como una onda de choque.
Darius fue empujado hacia atrás.
Los objetos salieron disparados.
Las luces se apagaron.
Oscuridad total.
Silencio.
Repentino.
Absoluto.
Cuando todo se detuvo…
Lucero seguía ahí.
Frente a él.
De rodillas.
Sosteniendo su rostro entre sus manos.
—Ya pasó… ya pasó…
El niño temblaba.
Agotado.
Asustado.
Normal.
Otra vez.
Darius se levantó lentamente.
Mirando alrededor.
La habitación… destruida.
Como si hubiera pasado una explosión.
Pero no había fuego.
No había armas.
Solo…
Él.
—¿Qué fue eso…? —preguntó, aún en shock.
Lucero lo miró.
Y esta vez…
No suavizó la verdad.
—Poder.
Silencio.
—Inestable. Peligroso. Y apenas despertando.
Darius negó.
—Es un niño…
—No —dijo ella, firme—. Es lo que Rose creó.
La niña se aferró a él.
—¿A él también le va a pasar?
Lucero dudó.
Un segundo.
Pero no mintió.
—No lo sé.
Darius pasó la mano por su cabello.
Intentando procesar.
—Esto cambia todo.
Lucero asintió lentamente.
—No.
Pausa.
Sus ojos se endurecieron.
—Esto confirma todo.
Porque ahora ya no era una amenaza futura.
No era un plan.
No era teoría.
Era real.
Y en algún lugar…
Rose observaba.
Sonriendo.
—Hermoso… —susurró—. La fase final ha comenzado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.