Entre lo que fui y lo que elegí

Mi maestro

El primer disparo atravesó la ventana.
Cristales en el aire.
Caos.
Pero esta vez…
Lucero no se movió para huir.
Se movió para atacar.
—¡Posición! —ordenó.
Darius tomó a la niña, cubriéndola.
El niño se quedó junto a Lucero.
No por miedo.
Por decisión.
—Recuerda lo que te enseñé —le dijo ella sin mirarlo.
—Control… no destrucción —respondió él, firme.
Lucero asintió apenas.
—Bien.
La puerta explotó.
Hombres armados entraron en formación perfecta.
Silenciosos.
Entrenados.
No eran cualquiera.
Eran de ella.
Y entonces…
Entró él.
Lento.
Seguro.
Imponente.
—Lucero —dijo, con una leve inclinación de cabeza—. Cuánto tiempo.
Ella lo reconoció al instante.
Su pulso no cambió.
Pero su mirada…
Se volvió letal.
—Comandante Vega.
Darius frunció el ceño.
—¿Lo conoces?
—Me entrenó —respondió Lucero.
Pausa.
—Para matar.
El comandante sonrió levemente.
—Y lo hice bien.
Silencio.
Tensión.
Historia compartida.
—Entrégame a los niños —dijo Vega—. Y podrás irte.
Lucero dio un paso al frente.
—Sabes que eso no va a pasar.
—Entonces esto termina mal.
El aire se volvió pesado.
Los hombres apuntaron.
Pero Vega levantó una mano.
—Nadie interviene.
Miró a Lucero.
—Esto es entre tú y yo.
Darius se tensó.
—Lucero…
—Confía en mí —dijo ella.
Esta vez…
Sin duda.
Vega avanzó primero.
Rápido.
Preciso.
Un golpe directo.
Lucero lo bloqueó.
El impacto resonó.
Fuerza contra técnica.
Pasado contra presente.
Intercambio brutal.
Golpes.
Bloqueos.
Velocidad imposible.
—Sigues conteniéndote —dijo Vega mientras esquivaba—. Eso te debilita.
Lucero giró, atacando bajo.
—Y tú sigues creyendo que eso es fuerza.
Vega sonrió.
Y entonces…
Aceleró.
Lucero apenas logró cubrirse.
Retrocedió.
Un paso.
Dos.
Darius dio un paso adelante—
Pero el niño lo detuvo.
—No.
Darius lo miró.
—¿Qué?
—Confía en ella.
Vega aprovechó.
Golpe directo.
Lucero cayó contra la pared.
El aire salió de sus pulmones.
—Esto termina aquí —dijo él, acercándose—. Siempre fuiste buena…
Pausa.
—Pero nunca suficiente.
Silencio.
Lucero levantó la mirada.
Y sonrió.
Pero no era una sonrisa humana.
Era peligrosa.
Oscura.
—Eso creías tú.
Se levantó.
Más rápido de lo que él esperaba.
Más fuerte.
Más precisa.
El siguiente movimiento…
No fue entrenamiento.
No fue técnica.
Fue instinto puro.
Lucero esquivó, giró y golpeó en puntos exactos.
Uno.
Dos.
Tres.
Vega se detuvo.
Su cuerpo… fallando.
—Aprendí de ti —susurró Lucero cerca de su oído—.
Pero también aprendí a superarte.
Un último golpe.
Seco.
Decisivo.
Vega cayó.
Silencio.
Los hombres dudaron.
Un segundo.
Suficiente.
—¡Ahora! —ordenó Lucero.
El niño levantó la mano.
Esta vez…
Controlado.
Una onda invisible lanzó a los atacantes contra las paredes.
Sin caos.
Sin descontrol.
La niña habló.
—Puerta trasera… 5 segundos.
Darius no dudó.
—¡Vamos!
Corrieron.
Precisión.
Coordinación.
Familia.
Antes de salir…
Lucero miró atrás.
Vega… aún consciente.
Sonriendo.
—Ya vienen otros —susurró.
Lucero sostuvo su mirada.
—Entonces que vengan.
Y se fue.
Afuera.
Noche.
Motor encendido.
Escape limpio.
Perfecto.
Pero mientras se alejaban…
Lucero no sentía victoria.
Sentía algo peor.
Esto apenas estaba escalando.
Y Rose…
Aún no había movido su mejor pieza.




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