Entre lo que fui y lo que elegí

La última batalla

El aire vibraba.
No por el poder…
Sino por lo inevitable.
Lucero, Darius y los mellizos estaban frente a Rose.
Por primera vez…
No como piezas.
Sino como una fuerza.
Rose los observó en silencio.
Sin miedo.
Pero tampoco… con control total.
Eso ya no estaba.
—Interesante —dijo finalmente—.
La creación… superando al diseño.
Lucero dio un paso al frente.
—No somos tu experimento.
—Siempre lo serán —respondió Rose, tranquila—. Está en su sangre.
El niño apretó la mano de Lucero.
La niña miraba fijo.
Calculando.
Sintiendo.
Lucero respiró hondo.
Y por primera vez…
No habló como alguien rota.
Habló como alguien completa.
—No puedes controlarnos… porque ya no te pertenecemos.
Silencio.
Rose suspiró levemente.
—Entonces tendré que demostrarte… que aún puedo romperte.
Y atacó.
Más rápida que antes.
Más violenta.
Más desesperada.
Pero esta vez…
No estaba luchando contra Lucero.
Estaba luchando contra todos.
El niño liberó una onda de energía.
Controlada.
Precisa.
No destruía…
Empujaba.
Limitaba.
La niña habló:
—Ahora.
Lucero se movió.
Darius también.
Sincronizados.
Perfectos.
Golpes.
Evasión.
Estrategia.
Rose intentó adaptarse…
Pero algo había cambiado.
Ya no podía preverlos.
Porque no seguían ningún patrón.
No obedecían ningún diseño.
Eran libres.
—¡Imposible! —gruñó Rose, retrocediendo.
Lucero apareció frente a ella.
Directa.
Imparable.
—Eso es lo que nunca entendiste.
La golpeó.
Rose cayó.
Pero se levantó.
Sangrando.
Respirando con dificultad.
—Yo te hice —dijo Rose, con furia contenida—.
Todo lo que eres… es mío.
Lucero negó.
Lento.
Seguro.
—No.
Pausa.
Sus ojos brillaron.
—Lo que soy… lo elegí yo.
La niña susurró:
—Ahora termina.
El niño levantó la mano.
Energía concentrada.
Estable.
Lista.
Lucero dio el último paso.
Rose la miró.
Por primera vez…
sin superioridad.
Solo… reconocimiento.
—Mi mejor creación…
Lucero la interrumpió.
—Tu último error.
Se movió.
Un golpe final.
Preciso.
Decisivo.
La energía del niño impactó al mismo tiempo.
Silencio.
El cuerpo de Rose cayó.
Sin movimiento.
Sin respiración.
Esta vez…
Real.
Definitivo.
El eco desapareció.
La tensión… también.
Nadie habló.
Por varios segundos.
Hasta que la niña soltó un suspiro.
—Ya no está…
Darius bajó la guardia.
Por fin.
Lucero no se movió.
Mirando el cuerpo.
No había alivio inmediato.
No había celebración.
Solo…
Cierre.
Después de unos segundos…
Se giró.
Miró a sus hijos.
A Darius.
Y por primera vez en toda su vida…
No había cadenas.
Darius se acercó.
—Terminó.
Lucero lo miró.
Y esta vez…
No había duda.
—No.
Pausa.
Una leve sonrisa.
—Ahora empieza.
Los mellizos tomaron sus manos.
Familia.
Libre.
Completa.
Y por primera vez…
El futuro no estaba escrito.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.