Entre lo que fui y lo que elegí

Extra: El hombre que se quedó

El día que Lucero desapareció…
Darius no gritó.
No rompió nada.
No corrió a buscarla de inmediato.
Porque en el fondo…
ya lo sabía.
El silencio que dejó no era vacío.
Era ausencia.
Una ausencia que pesaba más que cualquier verdad.
Durante semanas, la buscó.
No como un hombre desesperado.
Sino como lo que era.
Un cazador.
Contactos.
Rastros.
Cuentas vacías.
Cámaras borradas.
Lucero no solo se fue…
Desapareció como si nunca hubiera existido.
—¿Crees que sigue viva? —le preguntaron una vez.
Darius no dudó.
—Sí.
Pero no dijo lo que realmente pensaba.
Ojalá no lo estuviera…
Porque eso significaría que eligió irse.
El tiempo pasó.
Pero él no siguió adelante.
Solo… avanzó.
Las noches eran las peores.
La cama demasiado grande.
El silencio demasiado fuerte.
Y su mente… demasiado llena de ella.
Su risa.
Su forma de mirar.
La manera en que siempre parecía estar lista para irse… incluso cuando se quedaba.
—¿Alguna vez fue real? —se preguntó una madrugada.
Y esa duda…
Fue la que más lo destruyó.
Se volvió más frío.
Más calculador.
Más… peligroso.
Si alguien mencionaba su nombre…
desaparecía.
Si alguien insinuaba saber algo…
no tenía una segunda oportunidad.
Darius no la olvidó.
La convirtió en misión.
Hasta que un día…
Todo cambió.
Un archivo.
Una filtración.
Un nombre.
Lucero.
Y junto a él…
Dos más.
Sus manos temblaron por primera vez en años.
No de miedo.
No de rabia.
De algo peor.
Esperanza.
—¿Qué hiciste…? —susurró al vacío.
Pero en el fondo…
Ya lo entendía.
Ella no huyó de él.
Huyó por él.
Y en ese instante…
Darius dejó de ser un hombre esperando respuestas.
Y volvió a ser lo que siempre fue.
Alguien que no pierde.
—Voy a encontrarte, Lucero.
Pausa.
Su mirada se endureció.
—Y esta vez… no te voy a dejar ir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.