Damon despertó de golpe, con el corazón latiéndole rápido.
Se quedó mirando el techo de su habitación, tratando de entender el sueño que aún sentía tan real.
Había una chica.
Era como el sol. Brillante, cálida, imposible de ignorar. Su cabello rubio dorado brillaba con la luz y su sonrisa hacía que Damon se sintiera nervioso, como si no quisiera cometer ningún error. En el sueño, ella era su novia. Estaban sentados juntos, como en una cita, hablando y riendo, y él no quería que ese momento terminara.
—¿Qué me pasa...? —murmuró, sentándose en la cama.
Sacudió la cabeza y se levantó.
—Solo fue un sueño —se dijo—. No significa nada.
En otra casa, Hanani también despertó sobresaltada.
Se quedó mirando al techo, con el corazón acelerado. Había soñado con un chico, pero no podía verle el rostro. Solo sentía su presencia, cercana y tranquilizadora, como si lo conociera desde siempre.
—Qué raro... —susurró, abrazando su almohada.
Decidió no darle importancia.
Más tarde, como casi todos los días, Hanani y Damon se encontraron camino a la escuela... y como casi siempre, terminaron discutiendo.
—Siempre eres tan frío —dijo Hanani, molesta.
—Y tú siempre exageras —respondió Damon.
—Idiota.
—Fastidiosa.
Se dieron la espalda, molestos, sin entender por qué esa discusión les había dolido más que otras veces.
En el camino se toparon con Rut, quien llegó con una gran sonrisa.
—¡Ey! —saludó—. Les tengo que contar algo.
—¿Qué pasó? —preguntó Hanani.
—Conseguí trabajo... bueno, trabajos —dijo orgulloso.
Rut les contó todo mientras caminaban hacia la preparatoria.
Durante las clases, Hanani no podía dejar de mirar a Damon.
Algo había cambiado. Su corazón latía más rápido cada vez que él estaba cerca.
Se inclinó hacia él y sonrió.
—Oye, Damon... hoy te ves lindo —dijo, coqueta.
Damon se tensó y frunció el ceño.
—No empieces —respondió frío—. Concéntrate.
Eso le dolió a Hanani más de lo que esperaba.
Al terminar las clases, Damon se fue con Rut sin mirarla.
Hanani decidió ir a la cafetería.
Mientras caminaban, Rut miró a Damon.
—¿Por qué la tratas así? —preguntó—. Se nota que le importas.
—No digas tonterías —respondió Damon—. No quiero problemas.
En la cafetería, Hanani caminaba distraída cuando tropezó y cayó al suelo, llevándose a un chico con ella.
—¡Lo siento! —dijo rápido.
El chico se quejaba de dolor, así que Hanani decidió ayudarlo y llevarlo al hospital para asegurarse de que estuviera bien.
Más tarde, Damon fue al supermercado.
Mientras caminaba por los pasillos, levantó la vista... y se quedó quieto.
Hanani estaba ahí.
Sintió algo extraño en el pecho, una sensación que no sabía explicar. Su corazón empezó a latir rápido.
—¿Qué me pasa...? —pensó.
Hanani lo vio y sonrió.
—¡Holaa! —lo saludó con entusiasmo.
—Hola... —respondió Damon, incómodo.
—Oye, hoy pasó algo —dijo ella—. Me caí en la cafetería con un chico y lo tuve que llevar al hospital.
—Ah... —respondió Damon, sin saber por qué eso le molestaba.
—Estaba guapo —añadió Hanani con naturalidad—. Por eso lo cargué para ayudarlo.
Damon sintió un golpe en el pecho.
Sin decir nada, se volteó.
—¿Qué te pasa? —preguntó Hanani, divertida—. ¿Estás celoso, eh?
—¿Qué? ¡No! —respondió rápido—. Obvio no.
Hanani sonrió más.
—Sí lo estás.
—No —dijo Damon—. Solo que... me incomodé y ya, por eso me volteé.
—Nooo —rió Hanani—. Estás celoso.
Y sin decir más, se fue corriendo.
—¡Oye! —dijo Damon—. Espera.
Sin pensarlo, salió tras ella.
—No te voy a acompañar a tu casa —dijo serio.
Hanani lo miró.
—Ajá... —respondió, cruzándose de brazos.
Damon suspiró.
—Está bien... sí te voy a acompañar.
Caminaron juntos en silencio unos segundos.
—Es muy lindo que me estés acompañando, ¿sabes? —dijo Hanani, acercándose un poco.
—Pues... —respondió Damon—. ¿Cómo te vas a ir sola?
Hanani sonrió.
Al llegar a su casa, Hanani se detuvo, se acercó a Damon y lo abrazó.
—Gracias por acompañarme —dijo suave.
Damon se quedó quieto.
—De nada —respondió, intentando sonar serio.
Se despidió y se dio la vuelta.
Apenas caminó unos pasos, dio un pequeño salto de alegría, sonriendo sin darse cuenta.
—¿Qué me pasa...? —murmuró.
Hanani abrió la puerta, lo vio desde adentro... y sonrió.