Rut y Likas caminaban juntos por el pasillo, hablando animadamente. Rut reía más de lo normal.
—Oye, Rut —dijo Likas deteniéndose—, ¿te gustaría que salgamos... en una cita?
Rut se quedó en silencio unos segundos y luego sonrió.
—Sí, acepto.
Desde ese día, Rut y Likas pasaban casi todo el tiempo juntos. Eso hizo que Hanani y Damon comenzaran a convivir más sin darse cuenta.
Más cerca de lo que creen
Al salir de la prepa, Hanani ya iba arrastrando los pies.
—Oyee... cárgame, ya me cansé —dijo con voz mimosa.
—¿Por qué? Mensa, camina tú —respondió Damon siguiéndola.
De pronto, se escuchó un golpe.
—¡Oye! —Damon se giró.
Hanani estaba tirada en el piso.
—Estoy cansada... ayúdame —dijo dramáticamente.
Damon suspiró, se agachó y la levantó en brazos.
—Eres imposible...
Hanani sonrió y, sin darse cuenta, se quedó dormida en sus brazos.
Damon sintió su corazón latir con fuerza.
Me gusta...
¿Por qué me siento así con ella?
Desde lejos, Noa los miraba con atención. Dio una calada a su cigarro.
—Manuel —dijo con voz fría—, dame mi libreta. Anota a esos tipos... y luego ven conmigo atrás de la prepa. Te diré qué hacer.
—Está bien —respondió Manuel.
Cuando Damon bajó a Hanani, Rut y Likas los miraron con una sonrisa.
—Ay... ¿ya son novios? —bromeó Rut.
—¡Nooo! —gritó Damon—. Es mi mejor amiga.
Rut alzó una ceja.
—Ese chico se les queda viendo...
Likas frunció el ceño.
—Quédense aquí.
Se acercó al grupo de chicos y dijo serio:
—No miren a mi chica ni a la de mi amigo. Y ni se les ocurra acercarse.
Regresó sin decir más.
—¿Qué quería? —preguntó Hanani tiernamente.
—Nada. Vámonos —respondió Damon.
En la clase de química, Rut y Likas hicieron equipo. Mientras trabajaban, sin querer tiraron una botella que se rompió.
—¡Los dos! —gritó la maestra—. Van a limpiar después de clases.
Mientras limpiaban, se miraron a los ojos, riéndose nerviosos. Sin darse cuenta, sus manos se tocaron y ambos se sonrojaron.
Más tarde, los cuatro entraron a vóley. Damon no dejó de cuidar a Hanani ni un segundo.
Al salir, caminaron juntos.
—¿Me acompañas a un lugar? —preguntó Hanani.
—Sí —respondió Damon sin pensarlo.
En el camino, Hanani le coqueteaba y Damon intentaba ignorarla... hasta que unos chicos se acercaron.
—Miren lo que tenemos aquí —dijo uno.
Desde lejos, Noa los observaba fumando.
—Aléjense de ella, idiotas —gritó Damon.
Manuel sacó un tubo de metal.
—Cállate, imbécil.
Damon se puso frente a Hanani.
—Atrás de mí.
Los golpes comenzaron. Damon esquivaba con habilidad; había entrenado box. Derribó a varios... pero cayó al suelo, agotado.
—No puedo moverme... —murmuró.
—¡Damon! No te duermas, por favor —lloró Hanani.
—Ay... Hanani... —susurró él antes de cerrar los ojos.
Hanani lo sentó en una banca. Noa se acercó lentamente, fumando.
—Ay, Hanani... siéntate.
—Disculpa... ¿te conozco? —preguntó ella.
Noa sonrió.
—¿No te acuerdas de mí, hermosa?
—¿Noa...? ¿Estudias aquí? ¿Qué haces?
—Solo puse a prueba a tu novio —dijo—. Y pasó.
—No es mi novio...
—¿Te acuerdas cuando tenías seis y yo diez? —preguntó él—. Me cuidaste.
Hanani abrió los ojos.
—Sí...
—Yo siempre te cuido, aunque no lo notes. Sé que te gusta ese chico —dijo entregándole las llaves—. Llévalo a su casa y luego deja el carro en la mía. Recuerda segunda casa al lado de la tuya.
Antes de irse, dijo:
—Nunca olvidaré ese día... Ani.
Hanani llevó a Damon y luego fue al lugar que Mario le había dicho. El sitio olía a plantas secas. Una mujer la miró fijamente.
—Tu chico indicado... sueña lo mismo que tú.
Hanani quedó en shock.
Damon despertó sobresaltado.
—¿Me secuestraron? ¿Dónde estoy?
—¡Damon! —dijo Hanani—. Todo pasó muy rápido...
En el carro, ella le contó la verdad:
Que Noa fue su mejor amigo en primaria.
Que ella lo defendió.
Que un día la golpearon y quedó con una cicatriz en la ceja.
—Wow... eres increíble —susurró Damon.
Al llegar a su casa, Hanani lo abrazó fuerte.
—Gracias... por cuidarme.
Damon se quedó quieto... pero sonrió.
Y en el fondo, ambos supieron que ya no había vuelta atras