El gimnasio de la preparatoria estaba lleno. Los gritos, las risas y el sonido del balón rebotando contra el piso hacían vibrar el lugar. Ese día comenzaba el torneo interescolar, y todos estaban emocionados.
Hanani estaba sentada en las gradas junto a Rut y Lukas.
—Damon se ve muy concentrado —dijo Rut, mirándolo fijamente.
—Siempre se pone así cuando compite —respondió Lukas—. Pero hoy... está diferente.
Hanani no respondió. Tenía las manos apretadas sobre las piernas. Desde lo ocurrido días atrás, no podía dejar de pensar en Damon... ni en Noa.
En la cancha, Damon estiraba los brazos. Sentía la mirada de Hanani y eso lo ponía nervioso.
—Concéntrate —se dijo a sí mismo.
El silbato sonó.
El partido comenzó intenso. Damon se movía rápido, esquivaba, saltaba y golpeaba el balón con fuerza. Cada punto levantaba aplausos.
—¡Vamos, Damon! —gritó Hanani sin darse cuenta.
Damon la escuchó... y sonrió.
En ese momento, una chica del club de jardinería apareció entre el público: Rosa. Llevaba una flor en el cabello y los ojos brillantes.
—Ahí está... —susurró—. Damon...
Rosa no dejaba de mirarlo. Cada vez que él anotaba, ella aplaudía exageradamente.
Hanani lo notó y frunció el ceño.
—¿Quién es ella?
—Rosa —respondió Rut—. Le gusta Damon desde hace tiempo.
Hanani sintió un pinchazo en el pecho.
—Ah...
El partido final fue el más duro. Damon recibió un golpe fuerte en el hombro, pero no se rindió.
—¡No te detengas! —gritó el entrenador.
Con el último saque, Damon anotó el punto ganador.
El gimnasio explotó en aplausos.
—¡GANAMOS! —gritó Lukas abrazando a Rut.
Hanani se levantó de un salto, emocionada.
Damon buscó su mirada entre la multitud... y la encontró.
Después del partido, Damon se sentó agotado. Hanani se acercó con una botella de agua.
—Toma —dijo, sonriendo—. Estuviste increíble.
—Gracias... —respondió él, nervioso—. ¿Estabas... preocupada?
—Un poco —admitió ella.
Antes de que pudieran decir algo más, Rosa apareció.
—Damon... —dijo tímidamente—. Felicidades por ganar.
Hanani se tensó.
—Gracias —respondió él, seco.
Rosa le ofreció la flor.
—Para ti...
Damon la miró unos segundos y negó con la cabeza.
—Lo siento, no puedo aceptarla.
Rosa bajó la mirada, dolida, y se fue corriendo.
Hanani no pudo evitar sonreír un poco.
—Fuiste duro.
—No quiero confundir a nadie —dijo Damon—. Especialmente a ti.
Hanani se sonrojó.
—¿A mí?
Damon iba a responder, pero Noa apareció apoyado en la pared, fumando.
—Buen juego —dijo con voz fría—. Pero recuerda algo, Damon... ella siempre ha sido mía para cuidar.
Damon se levantó de golpe.
—Ella no es un objeto.
Noa sonrió de lado.
—Lo sé. Por eso esto se va a poner interesante.
Hanani miró a ambos, nerviosa.
—Noa, por favor...
Noa apagó el cigarro.
—Cuídate, Ani.
Se fue con su grupo, dejando un silencio incómodo.
Al salir de la prepa, Damon caminaba junto a Hanani.
—No me gusta ese tipo —dijo él.
—Noa no es malo... solo complicado —respondió ella—. Pero tú me protegiste hoy.
Damon se detuvo.
—Siempre lo haré.
Hanani lo miró fijamente. Sus corazones latían rápido.
Por un momento, parecían estar a punto de tomarse de la mano... pero Damon se apartó.
—Vamos —dijo—. Te acompaño a casa.
Mientras caminaban, ninguno habló, pero ambos sabían algo:
ya no había vuelta atrás.
Desde lejos, Rut los observaba con una sonrisa.
—Esto... ya empezó.