Esa noche, Hanani volvió a soñar.
Estaba de pie frente al mar. El cielo era dorado, como si el sol nunca quisiera ocultarse. Sentía una presencia a su lado. No podía ver su rostro, pero sabía quién era.
—Siempre te encuentro —dijo una voz conocida.
Hanani sonrió en el sueño.
—Nunca me dejas sola.
Una mano buscó la suya... y justo cuando sus dedos estaban a punto de tocarse—
Hanani despertó agitada, con el corazón acelerado.
—Otra vez... —susurró.
En otra casa, Damon se incorporó en la cama al mismo tiempo.
—No puede ser...
Había soñado con ella. Con su risa, con su voz, con esa sensación de paz que solo sentía cuando Hanani estaba cerca.
—¿Por qué siempre tú? —murmuró, llevándose la mano al pecho.
En la preparatoria, Hanani caminaba con Rut hacia el salón.
—Tienes cara de no haber dormido —dijo Rut.
—Soñé... lo mismo —confesó Hanani.
Rut se detuvo.
—¿Otra vez con él?
Hanani asintió.
Al entrar al salón, Damon ya estaba sentado. Cuando sus miradas se cruzaron, ambos se quedaron quietos.
—Buenos días —dijo Hanani, nerviosa.
—Buenos... —respondió él.
Había algo diferente. Ambos lo sentían.
En el receso, Rosa observaba desde lejos. Apretó los puños al ver a Hanani sentarse junto a Damon.
—No es justo... —murmuró.
Se acercó decidida.
—Damon, ¿puedo hablar contigo?
Hanani se levantó.
—Voy por algo de comer.
Damon la miró irse... con un poco de culpa.
—¿Qué quieres, Rosa?
—Quiero que me des una oportunidad —dijo ella, directa—. No soy como crees.
Damon negó.
—No siento eso por ti.
Rosa apretó los labios.
—¿Es por ella?
—Sí —respondió sin pensarlo.
Rosa se quedó en silencio... y luego sonrió, pero no era una sonrisa amable.
Mientras tanto, Noa estaba apoyado contra la reja, fumando.
—¿Sigues mirándola así? —preguntó su amigo.
—Siempre —respondió Noa—. Pero ahora... alguien más se interpone.
—¿Y qué vas a hacer?
Noa apagó el cigarro con el pie.
—Esperar. El amor también se cansa.
En clase de educación física, los eligieron para parejas. Damon y Hanani quedaron juntos.
—Parece que el destino insiste —dijo ella, nerviosa.
—O nos está probando —respondió él.
Durante los ejercicios, sus manos se tocaron varias veces. Cada roce era una descarga eléctrica.
—Oye... —dijo Hanani en voz baja—. ¿Tú... soñaste anoche?
Damon se quedó quieto.
—Sí.
Ambos se miraron, sorprendidos.
—Era el mar —dijo ella.
—Y el cielo dorado —completó él.
El silencio se llenó de verdad.
—Esto no es normal —susurró Hanani.
—Pero se siente real —respondió Damon.
Al salir de la escuela, Rut y Lukas caminaban delante.
—Déjalos solos —susurró Rut—. Ya es hora.
Damon y Hanani se quedaron atrás.
—Tengo miedo —confesó Hanani—. De sentir tanto.
Damon respiró hondo.
—Yo también... pero no quiero huir.
Se detuvieron frente a su casa.
Hanani levantó la vista.
—Gracias por quedarte.
Damon dudó... y por primera vez, le tomó la mano.
—Siempre lo haré.
Desde la esquina, Noa los observaba en silencio.
—Si el destino los une... —murmuró—. Entonces tendré que decidir si luchar... o soltar.
Hanani entró a su casa con el corazón latiendo fuerte.
Esa noche, ambos se durmieron con la misma sensación:
algo grande estaba a punto de pasar.