El estacionamiento de la preparatoria estaba lleno desde temprano. Maletas, risas y gritos se mezclaban con la emoción del viaje. El autobús esperaba con el motor encendido.
Hanani bajó del coche de Rut con su mochila colgada al hombro.
—Estoy nerviosa —confesó.
—Normal —dijo Rut sonriendo—. Vas a sentarte junto a Damon todo el camino.
Hanani tragó saliva.
Damon estaba de pie junto al autobús, ayudando a subir maletas. Cuando la vio, su corazón dio un salto.
—Hola —dijo, un poco nervioso.
—Hola —respondió ella, sonrojándose.
Sin decir mucho más, subieron al autobús.
Tal como Rut había planeado, Damon y Hanani terminaron en el mismo asiento. La cercanía era inevitable. Sus hombros se rozaban cada vez que el autobús se movía.
—Si te incomoda... puedo cambiarme —dijo Damon.
—No —respondió Hanani rápido—. Estoy bien.
Demasiado bien, pensó.
Rut, sentada atrás con Lukas, los observ覅aba con una sonrisa traviesa.
—Míralos —susurró—. Ya parecen novios.
—Solo les falta aceptarlo —respondió Lukas.
El autobús arrancó. La música comenzó a sonar y algunos alumnos se quedaron dormidos.
Hanani apoyó la cabeza contra la ventana, pero cada bache la hacía moverse hacia Damon.
—Oye... —dijo él en voz baja—. Puedes recargarte en mí si quieres.
Hanani dudó... y luego apoyó lentamente la cabeza en su hombro.
Damon se quedó rígido al principio, pero luego se relajó. Su corazón latía con fuerza.
—Gracias —susurró ella.
—Gracias a ti —pensó él.
Desde algunos asientos adelante, Rosa los observaba con enojo.
—No es justo —murmuró.
Sacó su celular y tomó una foto sin que nadie lo notara.
A mitad del camino, hicieron una parada. Todos bajaron a estirarse.
Damon y Hanani caminaron juntos hacia una tienda.
—¿Te acuerdas cuando apenas hablábamos? —dijo Hanani.
—Sí —sonrió él—. Y ahora no sé qué haría sin ti.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Eso fue una confesión?
Damon se sonrojó.
—Tal vez.
Ambos rieron... pero el momento se rompió cuando Rosa pasó empujando a Hanani "sin querer".
—Cuidado —dijo Rosa con falsa dulzura.
Damon frunció el ceño.
—¿Te pasa algo?
—Nada —respondió Rosa—. Solo... compitiendo por el asiento.
Hanani bajó la mirada, incómoda.
Al llegar al hotel, todos gritaron emocionados.
—¡AL FIN!
Las habitaciones se asignaron rápido. Rut y Hanani quedaron juntas. Damon con Lukas.
—Esta noche hay fogata en la playa —anunció un maestro—. No falten.
Hanani sintió el estómago revolverse.
Al atardecer, la playa se llenó de risas. El fuego iluminaba los rostros.
Hanani estaba sentada mirando el mar cuando Damon se acercó con dos malvaviscos.
—¿Te gusta el fuego? —preguntó.
—Me calma —respondió ella—. Me recuerda a mis sueños.
Damon se sentó a su lado.
—A mí también.
Se miraron. El mundo parecía desaparecer.
Desde lejos, Rut los vio y empujó a Lukas.
—Esta noche pasa algo. Lo siento.
Lukas sonrió.
—Ojalá.
Pero Rosa no pensaba rendirse.
Se acercó al grupo y se sentó demasiado cerca de Damon.
—¿Me ayudas con esto? —dijo, tomando su mano.
Damon la soltó de inmediato.
—No hagas eso.
Hanani se levantó, incómoda.
—Voy a caminar.
Damon la siguió.
—Hanani, espera.
Ella se detuvo.
—No quiero ser un problema.
Damon dio un paso al frente.
—Nunca lo serás.
Sus miradas se encontraron, intensas, sinceras. Estaban a punto de acercarse más cuando una voz los interrumpió.
—¡Damon!
Una mujer se acercaba por la orilla de la playa.
—¿Mamá? —dijo él, sorprendido.
Hanani abrió los ojos.
—¿Tu mamá?
La mujer sonrió.
—Así que tú eres Hanani.
Hanani sintió que el corazón se le salía del pecho.
El viaje acababa de cambiar por completo.