-Buenos días, chicos. Por indicaciones de la autoridad, hay un tema que debemos tratar antes de comenzar -la maestra entró con paso firme y una expresión mezcla de seriedad y preocupación.
El aula, que se encontraba llena de bullicio y sonidos de arcilla siendo preparada, quedó en completo silencio.
-Como algunos ya sabrán, el día de ayer hubo un... desafortunado incidente en una ciudad cerca de aquí. Un grupo de cazadores... No es fácil decirlo... Un grupo de cazadores asesinó a uno de los nuestros.
El aula se llenó de murmullos y expresiones de sorpresa.
-"Desafortunado incidente", dice... -murmuró Lily entre dientes-. Claro. Como si cazarnos fuera solo un accidente. Ya teníamos suficiente con los vampiros y ahora esto.
La indignación de Lily se podía notar en sus palabras y su respiración.
-Sí, es verdaderamente trágico y aterrador -respondió Meghan, suspirando.
-La única recomendación que puedo hacerles es que tengan cuidado y, ante cualquier sospecha de un cazador, avisen inmediatamente a la guardia de la ciudad.
La maestra dio por terminado el tema y retomó su plan de clase.
-¿Es todo? Parece que a la autoridad no le importa nuestra seguridad. Todo lo que dicen es "si ven algo sospechoso, avisen", como si eso nos hiciera caminar tranquilos. ¿No te parece indignante, Meg? -bufó Lily.
-Es solo que no pueden hacer más. Ya sabes, la situación actualmente en el reino es... complicada -respondió Meghan, desanimada.
-Odio la política. Por cierto... alguien se arregló mucho hoy.
Lily tenía razón.
Meghan había puesto especial empeño en su imagen ese día. Su hermoso cabello castaño, con un pequeño flequillo y un pasador en forma de mariposa; su blusa aguamarina hacía juego con su falda azul y unas medias color turquesa que acompañaban un par de zapatos blancos.
-Demien y yo cumplimos dos años de relación. Por supuesto que debe ser una ocasión especial -exclamó Meghan, triunfante, con una sonrisa en su rostro.
-Ah... claro... Demien -suspiró Lily, tratando de ocultar su desánimo.
-Tengo todo listo. Después de la clase iré directamente a casa y prepararé la cena más especial que haya visto. Ingredientes frescos, su comida favorita. Hoy definitivamente nada puede salir mal; no dejaré que nada salga mal.
Su emoción crecía con cada palabra.
-¿A casa? Pero si es su aniversario, ¿acaso no irán a algún sitio especial? -preguntó Lily, sorprendida.
-Bueno... tú sabes... A Demien no le gusta mucho salir. Además, en vista del incidente con los cazadores, lo mejor será que nos quedemos en casa. No importa, será especial.
-Amiga... espero que así sea...
-Lo será. Nada arruinará este gran momento -sentenció Meghan mientras preparaba la arcilla para la práctica del día.
Afuera, el cielo gris cubría la ciudad. El aire era pesado, húmedo.
-¡Madre mía! ¿Cómo puede hacer tanto calor en un día nublado? -se quejaba Mikel mientras abría su camisa lo más que podía sin parecer un depravado exhibicionista.
-El calor debería ser la menor de tus preocupaciones -una misteriosa voz lo increpó.
Mikel volteó hacia todos lados buscando el origen de la voz, pero no lograba identificar al dueño.
-Estoy aquí... ¡sobre tu hombro!
Al mirar, se encontró con una pequeña mariposa de alas negras y rojas.
-¿Qué carajo? ¡Una mariposa me está hablando! ¿Es acaso un presagio de muerte?
-¡Estúpido! Deja de comportarte como un niño, sabes perfectamente quién soy.
Hasta ese momento, Mikel no había escuchado nunca a una mariposa gritar.
-Tranquila, Yara, no tienes por qué enojarte, jaja. Solo estaba bromeando. El drama tiene su lado divertido, ¿no crees?
-¿Tienes algún avance?
-Bastantes, según quien lo vea... -respondió, rascándose la cabeza.
-Mikel... son ya dos años de búsqueda. Pediste su rastro y hace dos semanas dijiste que por fin la habías ubicado, pero aún no tienes un informe sólido. No hay tiempo que perder; tú mejor que nadie lo sabes.
-No he perdido el tiempo de ninguna manera. Estos dos años me han abierto los ojos y he aprendido muchas cosas. ¿Tienes idea de lo lejos que están los gobernantes de su gente? Los habitantes de muchas ciudades, incluyendo esta, se encuentran prácticamente desamparados.
El tono de Mikel se volvió serio y triste.
-Lo sé, lo sabemos. Es por eso que estás en esta misión. Además de eso, está la constante presión de los vampiros y su rey.
Por si fuera poco, los casos de víctimas a manos de los cazadores han aumentado. No puedes seguir vagando sin rumbo. El consejo no te esperará por siempre -expresó Yara con notoria preocupación.
-No estoy vagando sin rumbo... y jamás le perdí el rastro.
Se detuvo, guiando su atención a una casa de puertas blancas con una banca de piedra fuera.
-Solo estaba esperando que estuviera lista... y creo que ese momento por fin llegó.
Una esperanzadora, aunque tenue, sonrisa se dibujó en su rostro y continuó su camino.
Mucho más lejos de allí, en un lugar donde la luz apenas se atrevía a entrar.
Las paredes de un enorme castillo construido con piedra tallada se levantaban hasta donde se extendía la vista. Los grabados en las ventanas y los adornos ostentosos en la puerta magnificaban la imponencia de la majestuosa construcción.
La austeridad y la humildad eran dos virtudes que jamás habían estado presentes en la existencia de los vampiros.
-Maestro, su mensajero ha llegado.
Al final del pasillo se encontraba un trono de oro, alumbrado apenas por dos antorchas que se encontraban más cerca de apagarse que de brindar visibilidad.
Allí se encontraba sentada una figura que, aun en la débil luz, se hacía notar imponente.
-Hazle pasar -respondió la silueta con una autoridad que llenó el recinto.
Un hombre joven y pálido entró caminando directamente hacia el trono y se inclinó ante él.