Entre Luna y Sangre

Cap. 5 Dónde la libertad comienza (Parte 2)

Al escuchar su respuesta, Mikel la miró con atención. Meghan le devolvió la mirada con una sonrisa casi melancólica.

Comenzó a moverse de nuevo y empujó aquella puerta que tantas veces había cruzado.

De frente se encontró el comedor, la mesa, las sillas; todo estaba en su lugar.

Miró las pequeñas macetas con flores que decoraban una mesita en medio de la sala.

La casa, en general, le parecía más pequeña, incluso más oscura, como si la luz no alcanzara a entrar por completo.

Continuó caminando hacia el fondo, donde se encontraban su habitación y sus cosas.

Antes de abrir la puerta, lo escuchó.

—Así que decidiste volver…

Al voltear el rostro, lo vio parado junto a la mesa, mirándola fijamente.

—Vine por mis cosas.

—¿Tus cosas? —rió con desdén—. ¿Desde cuándo hay algo realmente tuyo aquí?

—Solo tomaré mi ropa. No necesito nada más.

Meghan entró a su cuarto y comenzó a guardar sus prendas en una mochila.

No pensaba llevarse todo, pero sí lo necesario.

Tomó algunas de sus blusas, sobre todo aquellas que le encantaban, pero a Demien le disgustaban.

Cuando terminó de empacar, salió de la habitación y se lo encontró ahora sentado junto a la mesa.

—¿Este berrinche durará mucho más?

—No voy a discutir —respondió con la mirada baja.

—Claro que no. Sería una estupidez hacerlo cuando sabes que estás cometiendo un error.

—No volveré, Demien.

Sus palabras lo desconcertaron, no porque sonaran a amenaza, sino a hecho.

—¿Y ahora qué? ¿Vas a irte con ese idiota que te defendió ayer?

—Ya no estoy obligada a darte explicaciones.

Meghan estaba a una palabra de quebrarse, pero no quería volver a llorar.

No quería que Demien viera eso una vez más.

—Sabes perfectamente que nadie te va a tolerar como yo. ¿Qué serías tú sin mí? ¿De verdad quieres sufrirlo?

Sus palabras se sentían como cuchillos, cada una más afilada que la anterior.

Por un microsegundo se detuvo a pensar si estaba haciendo lo correcto o si solo estaba embriagada por la sensación de paz que había sentido el día anterior.

De un momento a otro, un impulso la invadió: todo eso era un error.

Aún estaba a tiempo de disculparse, de arreglarlo todo, de volver a intentarlo.

—Demien, lo siento. Me sentía herida. No quise hacerte pasar este mal momento. Te prometo que intentaré hacer que funcione.

Las palabras estaban por salir de su boca, pero, casi de forma involuntaria, su cuerpo comenzó a moverse.

Pasó junto a Demien y, sin voltear a verlo, abrió la puerta.

El viento y la luz del sol impactaron su cara de golpe. Frente a ella, Lily y Mikel la esperaban.

Un paso, dos pasos, tres pasos… y, de pronto, lo sintió detrás de ella.

—¿A dónde crees que vas? —gritó, jalándola bruscamente del brazo.

—Oye, estúpido, quítale las manos…

Lily estaba a punto de intervenir, pero sintió cómo Mikel la sujetaba del hombro.

—¿Qué demonios te pasa? ¿No piensas ayudarla? ¿No ves que está en peligro?

Mikel hizo un gesto negativo con la cabeza y le indicó que siguiera mirando.

Lily no podía creer que se quedara sin hacer nada.

Entonces lo vio: la mano de Mikel detrás de su espalda.

Las garras, afiladas y completamente extendidas, listas para arrebatar una vida con solo un movimiento si era necesario.

Volvió a mirar su rostro, sereno pero atento a todo lo que pasaba, y entonces decidió hacer lo mismo.

Meghan sintió el tacto en su piel de nuevo y algo se disparó en su cuerpo. Los hombros, otra vez.

Dolían como si hubiera estado cargando algo muy pesado todo el día.

—Ah, pero mira, ahora trajiste público para que vean tu drama —gritó Demien burlonamente, viendo a Lily y Mikel parados frente a ellos.

—¿Esto es lo que quieres? Al principio parece dulce, pero después deberás soportar estupideces como esta cada vez que se molesta —dijo, mirando fijamente a Mikel.

—Suéltame —susurró Meghan, liberándose del agarre.

—¡No puedes irte! Hemos vivido dos años juntos. No puedes dejar todo así como así.

—Estás equivocado. No vivimos dos años juntos; viví dos años para ti y me olvidé de vivir para mí.

Dio un paso hacia él. Demien retrocedió medio paso, apenas medio, pero fue suficiente.

No era miedo; era la sensación de estar frente a ella sintiendo, por primera vez, que no era capaz de controlarla, que no reaccionaba a él.

Mikel observaba la escena con atención.

Demien se veía nervioso, sutilmente.

Su respiración era más rápida, agitada, de forma casi imperceptible, pero ahí estaba.

Parecía como si le costara un poco respirar.

De pronto, los pájaros ya no cantaban.

—Sin mí… sin mí no eres nada —exclamó furioso Demien, pero sin poder gritar.

El aire se volvió más pesado, como si incluso el entorno rechazara esas palabras.

—Eso es lo que tú necesitas creer.

Meghan lo miró por última vez, le dio la espalda y caminó hacia sus amigos.

—Meg… ¿estás bien? —preguntó Lily, desconcertada.

—Ya tengo lo que necesitaba. Vámonos —dijo, sonriendo levemente.

Lily volteó a ver a Mikel y se percató de que sus garras ya no estaban.

Por unos segundos caminaron en silencio, sin decir nada, hasta que Lily decidió romper el hielo.

—Uff, eso fue demasiado intenso, Meg. Incluso comenzó a hacer más calor. Fue… emocionante. ¿Soy la única a la que le costaba respirar? —dijo, abanicándose el rostro con la mano.

—Eres una exagerada —respondió Meghan con una sonrisa casi triste, aferrándose a su brazo.

Mikel la observó un segundo antes de guiar su atención a las hojas de los árboles bajo los cuales caminaban. No había viento y, aun así, se agitaban.

—Interesante… —dijo, apenas sonriendo.

—Lil… Solo para confirmar… ¿puedo quedarme en tu casa esta noche? —preguntó Meghan sin dejar de aferrarse a su brazo.

—Claro que sí, Meg, ya te lo había dicho —respondió, acariciando su cabeza.




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