––Meghan... ¿en serio tenías que subirte hasta ahí?––gritó Demien, mirando hacia lo alto de un árbol.
––Este árbol da las mejores manzanas que hayas comido, te lo juro––respondió Meghan desde arriba.
––Podrías lastimarte... no vale la pena por unas manzanas, ¿no crees?
Meghan saltó del árbol de forma ágil, arrojando una manzana a las manos de Demien mientras mordía otra.
––No te preocupes tanto––le dijo con la boca llena mientras daba palmadas en su hombro.
––De cualquier forma, ¿qué es lo que querías decirme que era tan urgente?––preguntó Demien.
––¡Oh, sí! Tengo una sorpresa... ¿listo? ¡Me registré en el taller de herrería!––exclamó Meghan con tanta energía como alegría.
––¿Te registraste... sin decirme?––preguntó Demien, sorprendido.
––Pues es una buena forma de ganar dinero y así estaremos más tiempo juntos. ¿No es genial?––respondió Meghan mientras lo abrazaba, colgándose de su cuello.
––Bueno... si eso es lo que quieres...––murmuró Demien, resignado.
––Será divertido, ya verás.
Con el pasar de los días, Meghan demostró que había sido una buena idea.
Rápidamente aprendió a forjar herramientas, armas y armaduras.
Le encantaba la intensidad de la forja y la fuerza que representaba una pieza terminada.
La influencia del fuego sobre el acero y la capacidad de convertir una pieza de material en algo increíble le parecía encantador.
Rápidamente se ganó la atención de sus compañeros y de su propio instructor.
Mientras ella mejoraba, Demien hablaba cada vez menos.
Meghan entró a la sala de forja y se acercó rápidamente a Demien.
––Se me hizo un poco tarde, ¿me perdí de algo?––preguntó mientras lo besaba y encendía su fragua al mismo tiempo.
––Nada importante. Meg... luego tenemos que hablar, ¿sí?
––Claro, ¿qué pasa?
––Muchachos, jóvenes herreros, tengo buenas noticias para ustedes––interrumpió el maestro herrero.
––Como bien saben, el beneficio de estar aquí, además de aprender, es que vendemos sus piezas y les pagamos un porcentaje del precio.
––¿Es la parte que más nos gusta, verdad, Demien?––susurró Meghan, golpeándolo con el codo.
––Pero también, en ocasiones, ustedes tienen la oportunidad de salir de este taller y trabajar directamente con alguien reconocido. Eso significa mayor aprendizaje y mayor ganancia.
La forja se llenó de murmullos y comentarios.
––El maestro herrero de la capital está buscando un pupilo de nuevo y elegirá a uno de ustedes evaluando su trabajo. Así que quien quiera probar suerte puede inscribirse en la convocatoria.
––¿Escuchaste eso, Demien? Es una extraordinaria oportunidad, deberíamos intentarlo––exclamó Meghan, emocionada.
––Ese tipo de convocatorias... suelen ser muy pesadas, Meg. No son como aquí.
Respondió Demien sacudiendo la cabeza
––Oye, Meghan, deberías inscribirte. Tu trabajo es muy bueno, el mejor de los que estamos aquí––comentó un chico junto a ella.
––¿De verdad lo crees?––preguntó sorprendida.
––Claro, ¡adelante! Te has convertido rápidamente en la mejor del taller. Seguro puedes lograrlo.
––No lo sé... suena a que es muy difícil––dijo Meghan, pensativa.
––Seguro lo logras. Demien lo intentó hace tiempo y estuvo tan cerca. ¿Verdad, Demien?––insistió el chico.
––¿Cariño, es verdad? Woow, debió ser increíble.
––Sí... lo fue...––respondió Demien, bajando la mirada con incomodidad.
––¡Maestro! Meghan debería intentarlo, ¿no cree?
––Es verdad, Meghan has aprendido muy rápido y tú habilidad en los detalles es fantástica.
––Sería fantástico.
––¡Representa a nuestro taller, Meghan!
Las voces de todos en el taller comenzaron a animarla.
––Es cierto que Meghan ha demostrado ser una excelente herrera en tan solo meses, y también creo que debería intentarlo, pero la decisión es suya. ¿Qué dices, Meg? ––preguntó el maestro herrero.
––Yo... creo que podría... definitivamente podría... Lo haré ––exclamó, orgullosa, animada por el apoyo de sus compañeros.
––Meg, escucha, esa convocatoria solo te expondrá a mucho estrés, de verdad. Ya eres buena, no necesitas demostrarle nada a nadie––murmuró Demien, visiblemente irritado.
––Pero quiero hacerlo. Es una buena oportunidad para probar qué tan buena soy, ¿no te parece?
––Si de verdad quieres hacerlo, te voy a apoyar... solo espero que no termines decepcionada––respondió con desgano.
Meghan lo miró y frunció el ceño, extrañada. Algo en su tono y actitud le pareció extraño.
––¿Está todo bien?
––Sí, no hay problema.
––¿De qué querías hablar?
Demien no contestó inmediatamente; la miró durante unos segundos.
––Y... ¿bien?––insistió.
––¿Sabes? Estaba pensando que ahora que nos va bien a los dos en la herrería,quizá sería buena idea si... diéramos el siguiente paso y te mudaras a vivir conmigo. ¿Qué te parece?
La cara de Meghan se iluminó inmediatamente.
––Lo... ¿lo dices en serio?
––Sí. Además, sería más fácil; podríamos compartir gastos y pasaríamos todo el tiempo juntos, como siempre has querido.
––¡Sí, sí, sí... claro que sí, Demien!––gritó, lanzándose a abrazarlo.
––Meg... tranquila... llamas la atención.
––No importa, es algo que me hace muy feliz... oye, sabes que el siguiente paso es una boda, ¿verdad?––dijo en tono de broma.
––Entonces, ¿qué tal si te mudas hoy mismo? Puedes usar la fragua que tengo en casa y así avanzarás más rápido. Te ayudaría mucho para presentar tu proyecto en las mejores condiciones.
––Es verdad, eso sería de mucha ayuda. Gracias por apoyarme siempre, cariño––suspiró aliviada.
El resto de la tarde ambos lo pasaron juntos preparando el lugar para las cosas de Meghan.
Se divertían, bromeaban y disfrutaban la conexión que se fortalecía entre ellos.
Demien le mostró su fragua y dónde se encontraban todas las herramientas necesarias.