Meghan caminaba sin rumbo, pensando en todo lo que había pasado el día anterior.
Lo revivía una y otra vez en su cabeza sin poder asimilarlo del todo.
De pronto se detuvo y miró hacia arriba.
Las manzanas colgaban del árbol que ella juraba daba las más ricas del pueblo.
Por un momento pensó en subir; quizá una de esas deliciosas manzanas levantaría su ánimo.
Aunque le resultaría imposible hacerlo sosteniendo su espada.
Cuando estaba a punto de encontrar la manera, una voz la detuvo.
––¡Hey, Meghan!
Demien la llamaba a la distancia.
––Hola, cariño... ¿Cómo fue el día en el taller?––preguntó con voz baja.
––Lo normal, ya sabes... Fue raro no verte. Creí que llegarías, aunque fuera tarde.
––Sí... no me sentía con ánimos... quizá me tomé un tiempo.
––Te entiendo perfectamente y, de hecho, ya me anticipé a eso. Te tengo una gran noticia.
––¿Qué noticia?
––Te inscribí en el taller de alfarería––exclamó Demien con una emoción que no contagió a Meghan.
––¿Qué? ¿Por qué?
––Después de... lo que pasó, supuse que estarías desanimada y querrías alejarte un poco de la herrería. Te conozco muy bien y acerté.
––Bueno, en realidad pensaba en descansar solo un tiempo, yo...
––No, no––interrumpió Demien––. Créeme, esto es lo mejor. Además, también puedes ganar dinero con la alfarería; sigue la misma dinámica que el taller de herrería y es más apropiado para ti. Menos presión se traduce en menos estrés.
––Pero yo...
––Además, es ahí donde está tu amiga Lily, ¿no? ¡Podrás pasar más tiempo con ella!––insistió Demien, interrumpiendo de nuevo.
––Sí... supongo que sí... quizá tengas razón. Definitivamente lo intentaré––respondió sonriendo resignada.
––Perfecto. Empezarás mañana. Vamos a casa, tengo hambre.
Demien la tomó del brazo y la llevó con él.
A la mañana siguiente, Meghan se encontraba de pie frente a la sala de alfarería.
No había sonidos de martillos ni de metal.
Ningún calor emanaba de dentro.
Suspiró profundamente y entró.
Recorrió el salón con la mirada y divisó a Lily sentada al fondo.
Caminó entre las mesas hasta llegar a ella.
––Hola––saludó casi susurrando.
––¿Hola? ¿Cómo que hola? ¿Qué demonios haces aquí?––preguntó Lily confundida.
––Pues... Demien creyó que... ––se detuvo un momento––. Creo que es hora de intentar cosas nuevas, y heme aquí.
––Creí que la herrería era tu verdadera pasión. Esto es muy diferente; tal vez no lo encuentres emocionante, no sé si vaya contigo.
––Deberías estar feliz, podremos estar juntas más tiempo.
––Claro, no me quejo, jaja. Supongo que ahora yo seré tu maestra––respondió Lily bromeando.
Los días pasaron en un abrir y cerrar de ojos.
A Meghan le costaba un poco, pero mejoraba con el tiempo; poco a poco, lento, a su ritmo, pero mejoraba.
Lily volvía a sentirse conectada con ella, le enseñaba lo que sabía, salían juntas después del taller y retomaban su amistad.
Un día, Meghan llegó a casa después de pasar la tarde con su amiga.
Buscó a Demien, pero no lo encontró, así que revisó en el patio trasero, dentro del taller, y lo encontró ahí, trabajando en la fragua.
––Hooolaa. ¿Qué haces?––preguntó abrazándolo.
––Hola, Meg. Am... estoy trabajando en algo.
––Claro, tontito, puedo verlo... debe ser algo importante, últimamente has pasado mucho tiempo aquí.
––Sí... es algo importante... ¿A ti cómo te ha ido en el taller de alfarería? Ya estás acostumbrada, ¿cierto?
––Sí, la verdad es que las primeras semanas me costaron un poco, pero ahora me siento confiada gracias a Lily. Y parece que se me da mejor de lo que pensaba––respondió orgullosa.
––Claro... tienes talento para muchas cosas, ¿no? Debe ser genial––respondió Demien con un tono sarcástico.
Meghan frunció el ceño y se apartó de él.
––¿Está todo bien?
––Sí, yo solo... la verdad es que estoy agotado... no te lo había dicho, pero... entré a la convocatoria para ser pupilo del herrero real. Justo ahora estoy trabajando en mi presentación.
––¡¿En serio?!––exclamó emocionada Meghan.
––Eso es genial, cariño. Sé que puedes lograrlo.
––No quería decirte aún por... por lo que te pasó.
––No pienses en eso. Estoy muy feliz de que lo intentes. Dime, ¿qué estás preparando? ¿Puedo ver tu pieza?
Meghan comenzaba a dar saltitos emocionada.
––Estoy... forjando una espada––respondió Demien, mostrándole los planos.
––Woow... es hermosa... es... de hecho... muy parecida a la mía...
––¿Tú crees? No le encuentro mucho parecido.
––Puedo ayudarte si quieres. Me especialicé en espadas, ¿recuerdas? Quizá pueda...
––No, Meg.––la interrumpió––. Puedo hacerlo.
Hubo un silencio breve.
––No es molestia, mira... si modificas un poco el mango podría tener más balance.
Demien movió ligeramente los planos, bloqueando su vista.
––Meg... en serio, no.
Ella se inclinó un poco más, intentando ver.
––Bueno, el mango no, pero tal vez si...
––Meg...––su voz salió más tensa.
––Un leve relieve aquí sería mejor.
Demien apretó la mandíbula.
Sus dedos se cerraron lentamente en puños.
––Meghan...
Ella no lo notó.
––Esto definitivamente funcionaría si...
––Meghan––.Dijo con un tono pesado,denso.
Ahora no fue una advertencia.
Fue un límite.
Pero ella ya estaba demasiado metida en la idea.
––Si quieres, podemos hacerlo juntos y...
––¡Te dije que pares!
El grito rompió el aire.
Antes de que Meghan pudiera reaccionar, la empujó.
No fue un golpe limpio.
Fue brusco. Descontrolado.
Su cuerpo perdió el equilibrio y cayó.
Su mano impactó contra el suelo...
directo sobre una pieza de metal.
Un ardor inmediato.
Por un segundo... todo quedó en blanco.
Demien la miró.