Pequeños fragmentos de concreto y briznas de polvo perturbaron su sueño.
Poco a poco se levantó del suelo donde se había quedado dormida.
Al incorporarse completamente, notó que había comenzado a sudar.
––¿Por qué mierda hace tanto calor de repente? ––se quejó, abanicándose con la mano.
La temperatura del cuarto había subido súbitamente; era como haber entrado a un horno de la nada.
Las paredes y el techo comenzaban a vibrar, primero sutilmente y luego de forma abrupta y rítmica, como si la habitación estuviera respirando.
"¡No quiero ir con él!"
Un grito entró a través de la ventana.
––Son ellos otra vez... ––bufó, fastidiada por la molesta pareja y el infernal calor que estaba sintiendo.
"Sabe perfectamente que nadie te va a tolerar como yo. ¿Qué serías tú sin mí?"
Las voces seguían entrando a aquel cuarto blanco, pero a ella no le interesaba; era lo mismo de siempre.
––Mierda... Aquí viene de nuevo ––dijo, tomándose el brazo al sentir una presión-. Otro moretón...
Se quedó un momento mirando su brazo... pero el moretón no apareció; al contrario, la presión desapareció.
"Suéltame."
Eso sí llamó su atención. Una expresión así de severa, viniendo de aquella chica insoportable, era una novedad.
"No puedes irte, vivimos dos años juntos. No puedes dejar todo así como así."
––¿Irse? ¿Cómo irse? ––exclamó, levantando la mirada hacia la pequeña ventana.
"Viví dos años para ti y me olvidé de vivir para mí."
Eso ahora sí captó por completo su atención: palabras con valor y coraje... pronunciadas por aquella chica que tanto fastidio le provocaba por su debilidad.
"Sin mí no eres nada."
––Uy, esto tengo que verlo ––dijo, acercándose a la silla para subir y mirar a través de la ventana.
"Eso es lo que tú necesitas creer."
Aquellas palabras hicieron que la habitación se cimbrara.
Antes de poder llegar a la silla, grandes pedazos de concreto comenzaron a caer del techo y las paredes.
Uno de los muros comenzó a colapsar parcialmente, dejando un hueco.
Sus ojos se posaron en aquel orificio provocado por el violento temblor.
––¿Qué demonios es eso? ––dijo, frunciendo el ceño y acercándose a la pared.
––Es una... ¿una puerta? ––se preguntó a sí misma, pasando su mano a través de la enorme grieta.
Ante ella, tras la parte derrumbada del muro, se asomaba una puerta.
Jamás la había visto antes. Estaba acostumbrada a esa reducida habitación blanca, a la misma silla de siempre, a la misma ventana y a las mismas voces molestas y asquerosas que se filtraban a través de ella.
Pero ahora era diferente. Algo se sentía muy distinto.
Las voces dejaron de escucharse, la habitación se tranquilizó y el calor infernal comenzó a disminuir.
Poco a poco, el lugar fue recuperando su clima habitual, pero ya no era lo mismo.
El techo tenía grietas.
La ventana tenía grietas.
Los muros tenían grietas.
Ella, de pie frente a la nueva puerta, la miraba con atención.
Dirigió su mirada hacia la ventana y de nuevo a la puerta.
––Esto... esto es muy interesante ––exclamo y no pudo evitar sonreír.