Entre Luna y Sangre

Cap.12 La primera impresión

El carruaje al fin se detuvo. El silencio llegó primero e, inmediatamente después, el peso del lugar.

Meghan abrió la puerta, bajó lentamente, levantó la mirada y sintió cómo el mundo cambiaba de golpe.

El enorme y precioso castillo se alzaba frente a ella como algo imposible de ignorar. No solo por su descomunal tamaño, sino por lo que imponía.

No invitaba a entrar, lo exigía.

Un sirviente se acercó de inmediato hacia ella, inclinando la cabeza con respeto.

––Permítame ayudarle con su equipaje.

Meghan reaccionó instintivamente, apretando la correa de su bolsa contra su cuerpo.

––No ––respondió, demasiado rápido y firme.

El sirviente se detuvo, confundido, mirándola fijamente sin saber qué hacer.

––No te preocupes ––dijo Mikel, interviniendo con naturalidad y haciendo una seña al sirviente, que se retiró de inmediato.

Pero Meghan no soltó la bolsa ni un segundo.

––Debemos entrar.

––Claro... yo... te sigo ––asintió dubitativa.

––No... Es importante que lo hagamos al mismo tiempo. No puedes ir detrás de mí.

––¿Cuál es el punto? Se supone que me estás guiando.

––Lo entenderás cuando entremos ––se paró antes de entrar, haciéndole un lado junto a él––. Por favor.

Meghan se colocó a su lado mirándolo y entonces ambos cruzaron el marco de la enorme puerta.

Frente a ellos se extendía la enorme recepción del castillo.

Dos filas de incontables sirvientes, una a cada lado, formaban un pasillo.

Sintió un hueco en el pecho. La escena la abrumó sin saber cómo reaccionar.

A cada paso que daba, alguien la miraba y hacía una reverencia.

––¿Qué es todo esto? ––le preguntó nerviosa a Mikel, jalando insistentemente de su brazo.

––Es toda la gente que amablemente nos ayuda en el día a día.

––¿Pero qué hacen reunidos aquí...? Haciendo... eso.

––Están viendo a sus nuevos reyes entrar por primera vez al castillo.

Meghan seguía caminando sin saber cómo reaccionar.

De pronto tropezó levemente. Se detuvo un segundo para recomponerse, como si tuviera que ver el suelo para no repetirlo; levantó los ojos, miró a todos los sirvientes que pudo y sonrió, restándole importancia al tropiezo.
Pero su incomodidad solo creció al notar que algunos se miraron entre ellos.

Al acercarse a las escaleras centrales, un hombre de vestido impecable y postura perfecta se acercó a ellos.

––Joven Mikel, es un verdadero gusto tenerlo de regreso. Lo hemos estado esperando con unas ansias que no imagina
––dijo el hombre, haciendo una reverencia y posando su mirada en Meghan.

––Vamos, no exageres. Solo fueron...

––¡Dos años, joven Mikel! ––exclamó el hombre, reprochándole.

––Lo siento... ––se excusó, aceptando el regaño-. Meghan... este hombre es Otis. Es el administrador del castillo y tiene a su cargo a todas las personas que nos ayudan.

––Señorita, estoy a su servicio ––dijo inclinándose.

––Yo... muchas gracias... ––respondió Meghan, inclinándose también.

––Oh, no, no, señorita. Usted no debe hacer eso... ya no ––corrigió, mirándola como si él diera por hecho algo que ella ni siquiera terminaba de asimilar.

––Si tienes algo de suma importancia que resolver, estoy seguro de que él podrá ayudarte ––puso su mano en el hombro de Otis––. Después de todo, fue quien se encargó de mi seguridad cuando era niño.

––Y de su educación, joven. No lo olvide.

––Ja, ja, claro, Otis... no lo olvidaría ––bromeó––. Por cierto, lo que te pedí... ¿está listo?

––Está perfecto. Pueden ir a verlo si gustan.

––Meg... vamos, hay que subir.

Meghan miró a ambos como si fuera una niña perdida en una plaza y asintió sin saber exactamente a qué.

––Nos vemos luego, señorita ––se despidió Otis, abriendo paso hacia las escaleras.

––Ahora entenderás por qué te pedían tu equipaje ––bromeó Mikel.

Ambos comenzaron a subir. Meghan se encontraba absorta en los detalles: pasamanos labrados en fina madera, enormes ventanales con cristales preciosos, hermosas pinturas colgadas de las paredes.

Sabía que un castillo era impresionante, pero jamás imaginó que tanto.

Mikel la miraba de reojo a cada paso que daban.

––¿Intimidante, verdad? Te acostumbrarás.

El tono en su voz era distinto, más suave, más cálido, más consolador; no el tono definitivo al que se había acostumbrado.

Eso la hizo voltear a mirarlo.

––¿Tú lo hiciste?

Mikel dudó unos momentos y después respondió:

––No del todo...

––Genial ––dijo con una pequeña exhalación.

Las escaleras parecían no terminar nunca. Escalón tras escalón, altura tras altura.
A Meghan comenzaba a faltarle el aire poco a poco.

Un piso, dos pisos, tres pisos...

¿Cuántos malditos pisos hemos subido ya?

Pensaba.

––Disculpa... ¿cuánto más vamos a subir? ––preguntó, visiblemente agitada.

––¿Ahora entiendes por qué no subimos cargando el equipaje?

––Eso no responde mi pregunta ––respondió, inclinándose cada vez más para seguir subiendo––. Además, solo traigo una bolsa.

––Y parece que has corrido un maratón ––exclamó burlón––. Estamos cerca. Te llevaré a tu habitación.

Después de subir durante unos minutos, al fin llegaron.

––"Cerca". Eso fue una maldita mentira. Subimos al menos dos pisos más ––exclamó molesta entre jadeos.

––Pero ya estamos aquí.

––¿Es necesario que las habitaciones estén en lo alto del castillo?

––Eso... es una buena observación...

Mikel entró primero a la habitación, abriendo la puerta de par en par y esperando que Meghan lo siguiera.

Apenas se acercó un poco, no pudo evitar abrir la boca.

La habitación era enorme, demasiado para una sola persona.

Una cama enormemente amplia, ventanales altos, telas finas y suaves a la vista, todo completamente impecable.

Se quedó en la entrada durante unos segundos, como si entrar significara aceptar algo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.