- Kreacher. – Llamé inmediatamente al llegar al limite del bosque en donde nadie pudiera verme. – Kreacher. – Volví a gritar esta vez con voz quebrada. Al instante el pequeño elfo se apareció frente a mí.
- Mi pequeña ama esta asustada. – Dijo el elfo mirando a los alrededores. – Que desgracia, que diría mi preciada ama al verla viniendo en un lugar que apesta a perros. – Dijo con desprecio el lugar
- Kreacher. – Llamé sosteniendo mi cuello que parecía no dejar de quemar. – Llévame a casa.
El elfo ya no dijo nada, simplemente tomo mi mano y en unos segundos ya estábamos en Grimmauld Place frente a mi padre que se sobresaltó levantando la varita y bajándola al verme.
- Lyra. – Dijo asustado. – Por poco te lanzo un hechizo, ¿Qué haces aquí? - Dijo caminando hacía mí, mas no respondí solo hice a un lado mi cabello enseñado ese tatuaje que siempre pensé que solo era una ridícula marca de nacimiento.
- Solo tocó mi mano. – Dije llorosa. – Toco mi mano y todo el dolor por Cedric se desvaneció, me hablaste una vez de la leyenda de los Black.
- No es una leyenda cariño. – Dijo mi padre tomando mis manos. – Y sinceramente esperaba que nunca te llegara a pasar. Los Black no amamos, Lyra, nos obsesionamos. – Dijo enseñándome una marca opaca en brazo. – Cuando la marca se activa es que has encontrado… - Dijo haciendo una pausa. – Es mejor que te lo enseñe. – Tomando mi mano me guio rumbo al cuarto en donde estaban el árbol genealógico de los Black. – Mi madre de seguro ya te debe de haber enseñado el tapiz. – Dijo tocando su nombre y rostro borrado del tapiz familiar.
- No. - Dije sorprendiéndolo. – Ella no entraba aquí, y no dejaba que yo lo hiciera, pero Kreacher me habló sobre él, sobre nuestro legado. – Guarde silencio con una sonrisa. – Y sobre como tú y la tía Andromeda son unos…-
- Despreciables traidores a la sangre. – Dijimos al unisonó riendo. – Aunque hablaba mas de la tía Andromeda con nostalgia. –
Al mirar el cuadro y ver el nombre de mi padre y tía borrados me llenó de una tristeza inmensa, no entendía como la abuela podía despreciar así a su propia sangre, me fije en un nombre al lado del nombre de mi padre Elara Abbott unidos por un hilo dorado, al tocar el nombre de mi madre, el tatuaje emitió un brillo blanco.
- Mi preciosa Elara. – Dijo mi padre con nostalgia. – Ella era hermosa, Lyra, no solo físicamente, tenía el corazón mas bondadoso que he conocido. – Me miró. – A pesar de ser una sangre pura nunca fue prejuiciosa, trataba a todos por igual, al igual que yo, eso me encantó de ella. – Terminó de decir con los ojos llorosos. – Ella sintió la marca mucho antes de incluso cruzar miradas, decía que no era una maldición como muchos de la familia lo llamaban, sino la unión mas hermosa que pudiera existir, decía que ya la magia ya no era solo tuya, sino era nuestra, compartir todo más allá solo de lo físico. – Dijo negando con la cabeza. – Como en muchas cosas Lyra, ella sabría como contarte todo esto, a veces lo animal no me deja expresarme correctamente.
- Lo entendí. – Dije un poco asustada por la información. – Creo, pero papá… - Dije intentando continuar, pero alguien me interrumpió.
- Lyra. – Gritaron desde la puerta, solo vi un cabello violeta acercarse corriendo hacía mí. – Cuanta alegría por fin conocerte, Remus me ha hablado tanto de ti. – Dijo casi gritando de la alegría. -Soy Tonks, soy tu prima y bueno madrina también supongo. – Dijo riendo, Nymphadora Tonks, hija de la tía Andromeda. – Mi madre te manda muchos saludos, dijo que le apena mucho no haber podido conocerte, ni tenerte con ella después de todo lo que paso con Sirius. – Habló super rápido
- Hola. – Dije sonriendo devolviendo el abrazo. – También es un gusto conocerte, y también me alegraría conocer a la tía Andromeda.
Todos bajamos hacía la sala en donde ya estaban los Weasley reunidos discutiendo algo con Harry que también ya había llegado.
- Harry Potter. – Llamó mi padre
- Sirius. – Dijo Harry corriendo a abrazarlo.
Todos nos sentamos en la mesa a comer, a los lejos veía a Kreacher murmurando Merlin sabía que, sabía perfectamente que odiaba a todos los que estaban aquí, la abuela se volvería a morir si viera que una “sangre sucia” como ella los llamaba.
- Ya basta. – Dijo la Sra. Weasley. – Es solo un muchacho, si le dices algo más, más vale que lo unas a la orden de una vez. – Espeto
- Sí, quiero unirme. – Dijo el tarado ese. -Si Voldemort tiene un ejército, peleare. – Termino recibiendo una respuesta afirmativa de mi padre, gire los ojos, Grynffindor tenían que ser. – El mató a Cedric, no podemos no hacer nada. – Dijo mirándome, no respondí solo me levanté disculpándome con los demás y me retiré.
- Traidores a la sangre, la casa Black esta repleta de traidores a la sangre que ensucian los sagrados pisos de la prestigiosa mansión. – Dijo Kreacher en cuanto me vio, limpiando el cuadro de la abuela. – Si la ama lo viera… Oh mi pobre ama. – Volvió a decir.
De pie frente a ese gigantesco cuadro de Walburga Black, la abuela siempre fue una mujer muy peculiar, siempre despotricando de mi padre, de los traidores a la sangre, de los muggles, sin embargo, no puedo encontrar un recuerdo en mi memoria de ella hablando mal de mi madre… No conozco mucho de ella, la abuela no me hablaba mucho conmigo y mi padre desde su salida de Askaban tampoco hablaba mucho y menos de ella, así que mi madre es un completo misterio para mí.
- Es un deshonor que permitas que estas cosas pasen en mi casa Lyra. – Dijo la abuela. – Estoy decepcionada de ti, pero que podía esperar si tienes como padre a un traidor de la sangre, de un …. – Dejé de escucharla y entre a la que era mi habitación en esta casa, ya no sentía que me pertenecía nada de aquí, no desde que la abuela murió y yo me fui.
- Lo siento, no quería decirlo así. – Dijo Harry entrando por la puerta.